El Mundo es más Pobre; Falleció Mahmud Darwish

Por Pablo Mendieta Paz



El diez de agosto la poesía se vistió de luto: murió Mahmud Darwish, el poeta palestino de mayor renombre en su tierra y personalidad emblemática de la literatura de resistencia. Su nombre, asociado a las grandes mentes creadoras del verso universal, fue, entre los suyos, el más galardonado (medalla de Caballero de las Artes y las Letras de Francia, en 1997, y el premio Lotus, en 1969, entre otros), y el más traducido (22 idiomas).


Comprometido incondicional e incesantemente con la causa palestina, y hombre dotado de altos valores humanos, su obra, expuesta a la luz de una eminente calidad lírica, deja un profundo mensaje con palabras de añoranza por la tierra perdida, pero también de esperanza para las generaciones presentes y venideras por un destino más justo para su pueblo; legado que Darwish se propuso, desde siempre, trasmitir para su gente a la hora de su muerte. No sorprenden, por ello, las sentidas palabras del primer ministro, Salam Fayad, que llenó de honra póstuma al rapsoda, calificándolo como "el poeta de la tierra y la vida, símbolo de la identidad nacional palestina y de la cultura humana".


Nacido en 1941 en Al-Birwa, un asentamiento en Galilea de la que su familia tuvo que huir cuando contaba tan sólo siete años, fue testigo en el extranjero de la destrucción de su pueblo natal en la guerra que siguió a la creación del Estado de Israel. A partir de entonces, Darwish fue tejiendo la que más adelante sería su encumbrada obra, siempre marcada por el dolor del exilio y el irrenunciable compromiso político que tomó forma dramáticamente al comienzo de la diáspora que hoy padecen cuatro millones de palestinos. De regreso a su tierra, fue el autor, en 1988, de la Declaración de la Independencia Palestina, gesto patriótico y valiente que le valió el calificativo de "poeta de la resistencia", más allá de su vena literaria consagrada asimismo a la vida y al amor. Sus más destacados poemas, entre tantos, como "Documento de identidad", "Vengo de allí", los "Salmos" y "Estado de sitio", son verdaderos himnos literarios palestinos. Su obra general, muy difundida en Israel, pero naturalmente rechazada por la mayoría, es, no obstante, admirada por muchos, al punto de que en el año 2000 el entonces primer ministro Ehud Barak desestimó una propuesta de su progresista ministro de Educación, Yossi Sarid, para incluir el estudio de Darwish en el currículo de secundaria.
Paz para el héroe de la resistencia literaria.




Yasser Arafat, Mahmud Darwish y George Habas 1970



SEGUIDO: FRAGMENTO DE UN POEMA



Documento de identidad  


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Soy árabe

El número de mi cédula es cincuenta mil

Tengo ocho hijos

Y el noveno?

vendrá tras el verano

¿Te enojarás acaso?

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Soy árabe

Trabajo con mis compañeros de lucha En una cantera

Tengo ocho hijos

Arranco de las piedras El pan, las ropas, los cuadernos

Y no vengo a mendigar a tu puerta

Y no me pliego Ante las losas de tu umbral  

¿te enojarás acaso?  

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Soy árabe

Mi nombre es muy común

Y soy paciente

En un país que hierve la cólera ...




El poema de Beirut


¡Bendita sea la vida!

¡Y benditos los vivos sobre la tierra!

¡No bajo los tiranos!

¡Viva! ¡Viva la vida!

Hay luna sobre Baalbek.

Y sangre sobre Beirut.





Seguido: fragmentos de la entrevista con la poeta israelí Helit Yeshurun,

Hadarim, primavera de 1996



—En Memoria para el olvido usted dice: “Tampoco me han alegrado las manifestaciones de Tel Aviv. Nos roban todos los papeles. De ellos el asesino y de ellos la víctima. (...) Gritaban en nuestro nombre. Lloraban en nuestro nombre (...). ¿Por qué esa rabia de los manifestantes israelíes contra la guerra del Líbano? ¿Le es indispensable el cliché verdugo-víctima?


—Yo hablaba del mundo árabe durante el asedio. Fue durante el Mundial de 1982. En los países árabes la calle estaba pendiente del fútbol. Miles de personas se echaron a la calle para abuchear a un árbitro. ¿Quién era el agresor? Israel. ¿Quiénes se manifestaban? Los israelíes. Todo era un asunto israelí. Raful y Sharon eran los agresores. ¿Y quiénes se oponían a ellos? Israel. Los israelíes atacan: son héroes; los israelíes se manifiestan: son los buenos. (...) Y yo, ¿dónde estoy yo? Fuera de escena. En el texto que usted cita mi propósito era denunciar la situación en el mundo árabe. (...) Los árabes se contentaron con las imágenes de la manifestación israelí de Paz Ahora, como si los israelíes hablaran en su nombre. Todo está muerto en el mundo árabe. El libro no es un análisis de la situación política. Es un libro panorámico sobre el papel de víctima y el de sacrificador. Temía que aquellas manifestaciones, buenas y positivas en sí mismas, no dirigieran las cámaras hacia el territorio israelí y nos dejaran en la sombra. (...) No quería molestar a nadie, pero necesitaba mostrar la paradoja. (...) Quería decir que la víctima no tenía dónde manifestarse, pues otros lo hacían por ella. Todo lo bueno venía de allí, borrando el mal que también venía de allí».


—¿Esos israelíes perturbaban su estereotipo de israelí?


—Yo no tengo un estereotipo del israelí. Me fastidiaba librarles de su problema de conciencia. Quería decir que yo no existía, ni como víctima, ni como rebelde, ni como voz. El mundo árabe jugaba al fútbol, y la salvación moral venía de Israel. (...)


—Un número no desdeñable de israelíes hablan de una oposición trágica entre una justicia y otra.


—No acepto esa idea de que las dos partes tienen razón. La justicia no lucha contra la justicia. Solo hay una justicia. Prefiero: una vivencia contra otra vivencia. Una versión frente a otra versión. Argumento contra argumento, ausencia contra presencia, o al contrario. Pero no un derecho contra otro. Es el mayor bluff que he oído, como ese otro bluff: “Palestina una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Dos mentiras. (...)


—La historia de las relaciones entre los intelectuales y el poder ha sido siempre la de una sana hostilidad. ¿No cree que hay momentos históricos en que la valentía se demuestra más apoyando y animando, como cuando los intelectuales apoyaron a Rabin y Peres?


—Nuestro papel es criticar el proceso. Yo no me opuse a los acuerdos de Oslo. Manifesté mis reservas. No estoy en contra de la paz. Querría que el país lo compartieran dos pueblos, no un pedazo por aquí y otro por allá, es decir, encerrarse en guetos. Solo la cultura garantiza una paz estable. Sostuve a la dirección en los momentos de debilidad. Ahora que son fuertes, tengo derecho a no aplaudir. Si ve la luz un Estado palestino, yo estaré en la oposición. Es mi lugar natural. (...)

»¿Sabe usted por qué somos tan conocidos los palestinos? Porque nuestros enemigos son ustedes. El interés por la cuestión palestina se deriva del interés por la cuestión judía. Sí. Quienes interesan son ustedes, no yo. Si estuviéramos en guerra con Paquistán, nadie hubiera oído hablar de mí. Así que tenemos la mala suerte de que nuestro enemigo sea Israel, que tiene tantos simpatizantes en el mundo, y tenemos la suerte de que nuestro enemigo sea Israel, pues los judíos son el ombligo del mundo. Ustedes nos han procurado la derrota, la debilidad y la fama. (...)


—Le recuerdo las Lamentaciones de Jeremías, nada más.


—Yo también le recuerdo que no puede gozar de todos los mundos. Usted quiere ser la víctima. Se muere de ganas de ser la víctima. Tiene celos de que el mundo reconozca a otro como víctimas. Ese es un monopolio israelí. ¿Podría usted explicarme por qué todo lo que les sucede a los palestinos –por ejemplo cuando les rompen los huesos–, si aparece durante un minuto en la televisión francesa, nos cuesta una semana completa de películas sobre la Shoah? En aras del equilibrio. Existe entre nosotros una rivalidad sobre el estatus de víctima. Yo estoy dispuesto a invertir los papeles. Ser idiota y vencedor, y dejar de ser la víctima. ¿Está usted dispuesta al cambio?


—Yo ya he sido víctima.


—¿Y qué quiere ser ahora? Concédame el derecho de gritar como víctima. Y no me recuerde las Lamentaciones de Jeremías.













Publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterraneo



 

21 al 27 de agosto, 2008, no.7

14 al 20 de agosto, 2008, no.6

semanario  cultural  de  caracas

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