¿QUIÉN HARÁ LA REVOLUCIÓN?
por Luis Brito

Revolución es transformación radical del régimen de propiedad sobre los medios de producción y de las relaciones de producción mediante los cuales los hombres se organizan para crear los bienes necesarios para la existencia.
¿REVOLUCIÓN SOCIALISTA?
La Revolución socialista coloca los medios de producción bajo propiedad social y sustituye las relaciones de explotación y subordinación por las de solidaridad e igualdad de oportunidades.
¿QUIÉN LA HACE?
Hace la Revolución una clase social o fracción de clase o alianza de clases que se rebela contra la explotación que le impone un modo de producción, transforma las fuerzas productivas y la propiedad sobre ellas, construye nuevas relaciones de producción y las expresa mediante novedosas superestructuras políticas y representaciones ideológicas.
¿HAY CLASES EXPLOTADAS EN VENEZUELA?

¿HARÁN LA REVOLUCIÓN LOS EMPRESARIOS?
¿Será cierto que, según proclama el ministro del Trabajo Roberto Hernández Wohnzieler en abril de 2008 “En Venezuela presenciamos el hecho de que buen número de empresarios han asumido el proyecto socialista y no hay razón legítima para que los obreros, unidos, encaren su propio proyecto”? En el film soviético Aelita, de Protazanov, un obrero exclama: “¿Una princesa dirigiendo una revolución proletaria? ¡No lo creo!” Yo tampoco. Unos 356.970 patronos proveen insuficiente empleo para nuestros 19 millones de trabajadores y se apropian del fruto de su trabajo: en 2007 el 20% más rico de la población confisca el 47,7% del ingreso, y el 60% más pobre apenas se reparte el 29,7% de él. Ninguna clase dominante renuncia sin lucha a sus privilegios.

Las clases sociales no hacen la Revolución en forma homogénea y simultánea. Una fracción o grupo de clase explotada puede asumir dinámicamente la propulsión de las transformaciones, y actuar como vanguardia. Pueden ser vanguardias fracciones de clase o de clases explotadas, movimientos sociales, partidos, fracciones del Estado, un ejército revolucionario, una intelectualidad, una alianza entre tales grupos. Para que una vanguardia asuma su condición de tal, debe contar con el consenso o la confianza de un amplio sector de una clase o de varias clases explotadas; para que la Revolución avance, debe existir identificación plena entre la vanguardia y los explotados; para que culmine, la vanguardia debe postular e imponer una ideología revolucionaria.
¿TENEMOS VANGUARDIAS REVOLUCIONARIAS?
Tenemos, si vamos a ver, lo que tenemos que tener. ¿Tendremos movimientos sociales determinantes de la vida política mediante movilizaciones como la del 27 de febrero de 1989 y la del 13 de abril de 2002? ¡Presentes! 2) ¿Tendremos partidos revolucionarios? ¡Presentes! 3) ¿Tendremos fracciones del Estado comprometidas con un cambio revolucionario? ¡Presentes! 4) ¿Hay sectores revolucionarios en nuestro ejército? ¡Presentes!
¿TENEMOS UNA INTELECTUALIDAD REVOLUCIONARIA?


Todavía busco cifras actualizadas sobre nuestro número de estudiantes, de profesionales, técnicos y afines, de investigadores. Para 1987 teníamos unos 748.825 profesionales, técnicos y afines, un 15% de la fuerza de trabajo, de los cuales 8% estaban desempleados, y contábamos con 509.802 egresados de Educación superior, de los cuales estaban desocupados 23%. Quizá estas proporciones influyeron en las turbulentas décadas que siguieron. Para 2007, unos 2.557.393 trabajadores intelectuales laboran en comercio, restoranes y hotelería; 557.237 en financiamiento, seguros e inmuebles; los servicios comunales y sociales ocupan 3.412.180 personas. ¿Cuántos profesionales y técnicos tenemos? ¿Cuántos se integran cada año al mercado de trabajo? ¿Cuántos ha absorbido y puede absorber nuestro sistema productivo? ¿Cuántos están desempleados o en situación que los sociólogos llamarían de “disonancia de status”? ¿Influye esta exclusión social en la derechización de algunos de ellos? ¿Qué ha salido a lo largo de cinco décadas de un sistema educativo y unos medios de comunicación progresivamente copados por la contrarrevolución? ¿Cómo revertir el proceso? ¿Cómo utilizar esa capacidad científica y técnica para construir un país soberano e impedir que sea una rémora? Cada noche centenares de miles de trabajadores intelectuales remachan las cadenas de la servidumbre; cada amanecer miles de intelectuales las disuelven con el fulgor de la idea.
¿TENEMOS, O SOMOS?
Los intelectuales producen el instrumento primordial de sometimiento o de liberación, que es la ideología. Las cadenas que oprimen al proletariado son mentales, pero para romperlas debe poder verlas a la luz de la idea. Así como los obreros se afanan o se extinguen en sembradíos, minas, talleres, los intelectuales se enlodan o se liberan en los aparatos ideológicos: academias, laboratorios, medios. Cuando todo les es negado crean o conquistan sus propios aparatos y combaten como guerrilleros. En Venezuela y en el mundo esta batalla ha seguido siempre, sin cesar un segundo, sin dejarse vencer por reflujos, desorientaciones ni retiradas escandalosas. Contra la idea de la riqueza oponen los intelectuales la riqueza de la idea: la única que sólo tiene sentido si es compartida. No es un trabajo: es un destino.
Publicado en http://luisbrittogarcia.blogspot.com/
