Entrevista a José Antonio Varela
Producida en la Villa del Cine "Comando X" es una comedia de aproximadamente 90 minutos, está dirigida por José Antonio Varela y escrita por el reconocido guionista Henry Herrera. Estrenó en Caracas el viernes pasado, 22 de agosto, 2008.
— ¿Cómo llegó a dirigir Comando X?
—Fue muy accidentado. Después de que hice La clase se planteó la idea de hacer Zamora, un guión de Luis Britto García, y se buscó a Román Chalbaud. La idea de la Villa en ese momento era apoyar al maestro Chalbaud y me pidieron que fuera su primer asistente de dirección. A mí me parecía una oportunidad extraordinaria. Yo fui asistente de César Bolívar y ser asistente de Chalbaud, algo que él me había pedido en una oportunidad y yo no había podido, era sensacional. Era ser asistente de los dos directores con más películas del patio. Pero pasó que Pablo de la Barra, que era la persona que tenía Comando X asignada en llave con un amigo de él, que habían trabajado juntos, que es Henry Herrera, el escritor, tuvo un problema personal y no pudo hacer la película faltando media hora: 30 días, 20 días. Trataron de buscar a otros directores, y al final me lo pidieron, porque soy un director de la casa. Fue agarrar una película que ya estaba más o menos montada. Yo respeté parte del equipo de trabajo, casi todo. Sí cambié el casting que tenía por razones de cómo trabajo. Yo venía trabajando con un grupo de actores que vienen de otros lados, que tienen otra experiencia, por mi propio proceso. Sigo encaminado en ese proceso del trabajo de dirección de actores.
—¿Cuáles son las características de los actores con quienes prefiere trabajar?
—Estoy trabajando mucho con gente que venga del teatro. Si no vienen del teatro, que tengan la disposición de asumir un proceso que tiene otras características. Yo ensayo, me gusta ese trabajo. Me gusta usar personas que no estén muy expuestas. He hecho excepciones las dos veces con Laureano Olivares porque para mí el es casi un símbolo del cine nacional, aparte de que es un extraordinario actor de cine. Yo creo que nuestro trabajo tiene mucho de artesanía, de trabajo diario, de esfuerzo. Mi propia experiencia lo dice: uno escribe 30 guiones y a lo mejor se filman 2, o 3, o 4 o 5. Pero es en esos 5, cuando los ves ahí, hechos, es que sabes si lo que escribiste funcionaba o no servía. A los actores hay que trabajarlos, hay que estar ahí. No es simplemente coincidir, es mucho más complejo.
—En La clase usted trabajó también la política, pero lo hizo desde otra perspectiva. Allí se va detrás del espectáculo político para considerar los problemas de clase, las cuestiones sociales de fondo. En Comando X se va a la superficie visible. ¿Cómo ha manejado la diferencia? ¿Cuáles son las dificultades de una cosa y de la otra?
—En esta película se trabajó la política en el tono. Trata sobre un momento histórico reciente, que es la guarimba. Yo siento que en todo el circo de nuestra historia contemporánea reciente hay pocos lugares en los que toda la sociedad más o menos está de acuerdo, aunque, por supuesto que en ciertos sectores siempre hay posiciones radicales. Uno es esa cosa de la violencia sin razón. Si tú te enfrascas en una cosa violenta, es porque esa es una vía para conseguir algo. Pero si te das cuenta de que es sin razón, la cosa casi da risa, es un absurdo. Yo creo que la guarimba fue un absurdo, tanto para los que estamos con el proceso como para los que no lo están, que se quedaron encerrados en sus urbanizaciones, padeciendo eso más que nadie, porque en realidad la padecieron los sectores que de verdad querían un cambio en el gobierno. Creo que una sociedad que se puede reír de la violencia sin razón, de cualquiera de los lados, es una sociedad más madura. Nos haría bien reírnos de nuestras metidas de pata. Ese momento histórico fue una gran metida de pata, quizás de todos los lados.
— ¿Haría una película para reírse de las metidas de pata de los chavistas?
—Yo creo que en Comando X me estoy riendo un poco de las metidas de pata de los chavistas. Ahí están, porque es un circo. Me encantaría hacer una película de nuestras metidas de pata, porque yo soy de izquierda y estoy más de ese lado, obviamente.
— ¿Qué le ha llevado a incursionar en el cine político? ¿Ha sido voluntario o accidental?
—Creo que todo es político. No hay película que no sea política. Por eso, incursionar en el cine político es incursionar en el cine. Una de las cosas hermosas del cine es que te metes en la carrerita hacia la obra de arte. Quizás no llega a serlo, pero por lo menos estás en la apuesta. Es distinto de cuando haces televisión, otras cosas. Toda creación humana es un decir: “Yo estoy aquí, en este momento. Pienso esto, veo las cosas más o menos de esta manera”. Eso es política, esa es tu posición ideológica.
—Aun así, hay un cine político, que se ocupa explícitamente de esos conflictos. ¿Qué le ha llamado la atención de eso?
—En el caso de La clase, fue una experiencia totalmente particular porque yo creo que el 27 de febrero partió nuestra historia contemporánea en dos lugares. Yo racionalicé eso 10 años después, cuando me tocó hacer un documental en el 23 de Enero, y vi todavía las balas y hablé con los familiares de las víctimas. Me dije: “Pana, ¿cómo la sociedad puede estar tan picada que una tragedia de tal magnitud no sea una tragedia global y no se pare uno a reflexionar sobre eso?”. Mi mejor amigo me contó que hacían unos toques de queda bailables. Decían: “Vamos a reunirnos porque no hay nada que hacer por el toque de queda”. Eso es un símbolo espantoso de nuestra sociedad. Pueden matar 4.000 personas en un lado, y nosotros estamos tan aislados que hacemos un toque de queda bailable. Ese fue el motivo por el que hice La clase, por esa cosa de que hay momentos en la vida donde uno tiene que tomar forzosamente una posición, porque si no lo haces estás pelando bolas. En el caso de Comando X no sabré decirte. Toqué ese tema porque fue un accidente. Lo que traté de aportar es eso que te decía del tono. Tratar de burlarme un poco de toda la situación. Me la vacilé así, asumiéndola como una comedia. Hay experimentos con la música, con los efectos especiales. El tono actoral es rarísimo.
—¿En qué consiste esa cosa rara del tono actoral?
—Es descocado. Es una comedia sobreactuada a propósito.
Texto publicado en las sección Noticias del sitio web de la Fundación Villa del Cine, 25 de agosto, 2008
fuente: http://www.villadelcine.gob.ve/noticias.php?dir=0808&n=Entrevista%20Jose%20Antonio%20Varela.html






