LAURIE ANDERSON


Jasper Johns
La gira de Anderson en America del Sur coincide con uno de los períodos más importantes de su vida personal: en abril pasado, y en una secreta ceremonia celebrada en Colorado, contrajo matrimonio con Lou Reed, tras 13 años juntos y una influencia mutua plasmada en discos, canciones y entrevistas.
Ya en sus 61 años, pasó por Chile y otros paises de América del Sur, a presentar su último disco “Homeland” (“Patria”) que, como anuncia su título, está dedicado a los Estados Unidos. Anderson expresó una dura crítica hacia su gobierno y la sociedad consumista; el exitismo apresurado y el racismo fueron los principales blancos de una performance que contó con variadas imágenes de la actual sociedad norteamericana.
El Concierto:
Muchas velas por el suelo del escenario, como si supiera de animitas en la Ciudad Empresarial. Un tecladista alerta a las señas efímeras de la creadora y un violín para dialogar o reforzar los trazos sutiles que tocaba. Y un bajo de latido simple. Y una guitarra para su compañero Lou Reed. Para el diálogo fuerte de la guitarra eléctrica y el tema de nombre... El perdido arte de la conversación.
Justamente el arte que perdimos con la dictadura y la eterna transición hasta dejar fuera a nuestros hijos de entre 18 y 24. Sobre este paisaje sonoro nos fue narrando poéticamente lo que para ella es LA NOCHE NORTEAMERICANA. A veces su voz se transformaba en la de un hombre. Un hombre que era ella hablando de McCain, el senador neonazi que quiere continuar la locura de Bush. De la venganza soterrada de los nórdicos contra la locura de los musulmanes. En rigor y a tablero vuelto, las cuatro mil almas del recinto con mala acústica nos dejamos llevar por esta chica replicante.

Y nos contaba historias para no dormirnos Érase una vez pájaros que sobrevolaban en redondo sin saber donde posarse pues quizás los mares se tragaron la tierra. Que una alondra encontró a su padre en el fondo de sí misma. Esta creadora va monologando estas historias políticas. Oh, tantos chicos reclutados hacia la guerra con promesas de universidad gratis. Oh, y los expertos en problemas. Hay un problema de 200 mil chicos fuera de sus casas romanas. El experto parpadea y dice que no hablan afgano ni iraquí. Maldita guerra de mi país. Es la noche norteamericana. Es la caída del Imperio Romano. Sus portaaviones custodian nuestros mares repletos de abejas asesinas. Nada de estrellita del rock. Viaje al centro de tu cerebro con corazón. ¡Reacciona!, parece decir cuando se pone un aparato en la cabeza y percute su cerebro con lentes atómicos.
El Espacio Rasca irrumpía en aplausos luego de las dos horas de entrega continua. Zapateando su vuelta y sin hacerse mucho de rogar vuelve sola y nos toca una melodía con su violín. Vayan a dormir tranquilos, mis queridos sudacas. Las dos pantallas estaban en ruido blanco. Ya sus textos traducidos simultáneamente al castellano no aparecían en pantalla.
Era hora de marcharnos en silencio. Rito espiritual, poético y político. Replicante inmortal de 70. Laurie Anderson a la vena
El concierto escrito por Jordi Lloret
Fuente: Clarin, Chile





