ALFREDO JAAR:

EL SECUESTRO DE LAS IMAGENES
FILOSOFÍA DE LA DESAPARICIÓN
Por Adolfo Vásquez Rocca
1.- Aproximación político–estética al fenómeno de la guerra.

El paradigma de la guerra mediática fue la noche del 17 de enero de 1991 cuando las imágenes enviadas por la CNN dieron la vuelta al mundo, una guerra donde no se veían las víctimas, donde no había sangre ni quejidos de los heridos... La imagen reemplaza a las palabras escritas, con su aplastante fuerza visual.

2.- El Proyecto Ruanda o cuando el horror no tiene rostro.

A esta lógica, esto es al aprendizaje de la lección de Vietnam, corresponde el así denominado efecto CNN, donde por medio de una gran operación mediática de maquillaje se presento una ––aparente–– guerra aséptica e indolora.

La Guerra del Golfo, con sus mentiras y falsa creencia de que podía retransmitirse una guerra “limpia” e indolora, sin sufrimiento y en directo, inauguró una nueva época en cuanto al tratamiento de los conflictos por parte de los medios de comunicación, preparando el terreno de lo que luego sería otra operación mediática maquillada: Somalia. Desde entonces se habla del llamado “efecto CNN”, para describir la existencia de un tremendo poder de influencia de la televisión para desencadenar respuestas políticas ante determinados escenarios conflictivos, en los que el sufrimiento de las personas es retransmitido en directo.

En una primera etapa el concepto de globalización se usó en los sistemas financieros y luego se expandió a partir del uso de la red de internet. Y esto sucedió en un contexto triunfalista del modelo de desarrollo neoliberal.
3.- Alfredo Jaar: El lamento de las imágenes.

Para ciertos analistas convencidos del “efecto CNN” en Ruanda no se actuó durante los dos meses de apogeo genocida por la ausencia de imágenes, mientras que el desembarco mediático sí se produce cuando surge el éxodo de millones de personas y se extiende el cólera y la muerte, con escenas que el gran público no puede soportar-consumir4.
4.- El espectáculo humanitario.

Periodistas y humanitarios se vieron obligados a compartir mesas en hoteles y restaurantes, pero acompañados a veces de unos recién exiliados: militares y políticos del defenestrado gobierno ruandés, los planificadores del genocidio y los escuadrones de la muerte, sin que fueran realmente interpelados por nadie, porque la atención mediática no pasaba por adentrarse en las causas de cuanto sucedía, ni en señalar los causantes de tanta muerte, sino únicamente en mostrar el espectáculo de las consecuencias. Y así durante semanas y meses, consumiendo imágenes de muerte y desolación, sin atinar en que si hay víctimas es que también, forzosamente, ha de haber culpables. De esta forma, el espectáculo humanitario basado en operaciones para su consumo mediático se convierte en el peor enemigo de la misma acción humanitaria, porque dicho espectáculo “no significa el retorno al altruismo, sino el confort moral, nueva modalidad de la satisfacción hedonista”6.
NOTAS:
1 - JÚNGER, Ernst, Tempestades de Acero, Ed. Tusquets, Barcelona, 2005
2 - SLOTERDIJK, Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos, Valencia 2003
3 - VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Sloterdijk; Entre rostros, Esferas y Espacio interfacial. Ensayo de una historia natural de la afabilidad”, En EIKASIA, Revista de Filosofía, Nº 17 - 2008, ISSN 1885-5679 - Oviedo, España, pp. 221-235
http://www.revistadefilosofia.com/17-05.pdf
4 - FISAS, Vicenc, Cultura de paz y gestión de conflictos. Ediciones UNESCO, Barcelona, 1998, p. 69
5 - ROSKIS, Edgard, “Fotografía y Verdad”, Le Monde Diplomatique, diciembre 1996, pp. 26 – 29 .
6BRAUMAN, Rony, L'action humanitaire, Flammarion, 1995, p. 89.
Fuente: Arte y Filosofía
Alfredo Jaar nació en Chile y a los cinco años partió con su familia a la Isla Martinica. Volvió a Santiago a terminar la secundaria. Tras estudiar arquitectura y cine creó el proyecto Estudios sobre la felicidad (1979-1981). Al terminar éste, a los 25 años, se fue del país en 1981 rumbo a Nueva York.
Su trayectoria incluye hitos como ser el primer latinoamericano invitado al Aperto de la Bienal de Venecia en 1986, y a Documenta 8, en 1987, en Kassel; la presentación de su obra El lamento de las imágenes, en Documenta 11 (2002); y la participación en las bienales de Sao Paulo, Johannesburg, Sydney, Estambul y Kwangju. Durante este año 2006, estará en las bienales de Brighton y de Sevilla. Sus exposiciones individuales se han realizado en lugares como el New Museum of Contemporary Art en Nueva York, en el Whitechapel de Londres, en el Museum of Contemporary Art en Chicago, en el Pergamon Museum de Berlín, en el Moderna Museet de Estocolmo, y, más recientemente, en MACRO, Museo Arte Contemporáneo de Roma.
Hasta el momento tiene más de 40 intervenciones públicas (la primera fue en Chile, Estudios sobre la Felicidad, 1979-1981) realizadas en lugares como Nueva York (Times Square y en el subway, estación de Spring Street), Washington, San Diego, Seattle, en los Estados Unidos; Toronto y Montreal, en Canadá; Tijuana, en México; Catia, en Caracas, Venezuela; Rio de Janeiro, en Brasil; Berlín, Frankfurt, Stuttgart y Leipzig, en Alemania; Estocolmo, Mälmo, Umea y Sköghall, en Suecia; Amberes, Bélgica; Lyons, Francia; Barcelona y Cádiz, España; Fukuroi y Niigata, en Japón; Kwangju, en Corea del Sur, Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y varias en Internet, abiertas al público del mundo. Actualmente, Jaar es profesor invitado en el Center for Public Practice del San Francisco Art Institute. Su trayectoria ha sido buscar extender su impacto a través de las intervenciones de arte público y de seminarios intensivos de enseñanza en distintas instituciones, tanto académicas como comunitarias.
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