GARY HILL
Conformada por dos video instalaciones,
“Anotaciones sobre el color” (1994) y “Recordando Paralinguay” (2000), esta muestra permite al espectador aproximarse a la obra de uno de los pioneros del video arte, quien desde 1973 viene trabajando en ese campo, influenciado por la orientación intelectual del arte conceptual, y produciendo importantes piezas en las que explora la relación entre el lenguaje y la imagen. Asimismo, el trabajo de Hill refleja su interés por la poesía sonora, y por filósofos o escritores como Ludwig Wittgenstein, Martin Heidegger, Jacques Derrida, Maurice Blanchot y Gregory Bateson, cuyos textos se encuentran presentes en muchas de sus producciones.
La obra “Anotaciones sobre el color”, que fue realizada por primera vez en 1994, será elaborada de nuevo en Caracas por el artista, en una versión especialmente para esta exposición, para la cual invitará a un niño (a) a leer las “Anotaciones sobre el color de Wittgenstein, Parte I”, modificadas por Hill con versiones escritas fonéticamente. Al ser pronunciada cada palabra lo mejor posible, el significado y las inflexiones de la voz “entran y salen de sincronía” con variaciones inesperadas, según explica el propio autor.
“A veces ciertas palabras específicas se trasponen como ‘ángulos de cinco lados’, sustituyendo ‘saber’ por ‘sabor, por ejemplo. El set, el color de la ropa, el pelo de la niña y el libro rojo, se convierten en sí en referencias visuales a través de una lectura donde el lector/espectador viven el ‘color’, el lenguaje y el juego, en una multiplicidad de formas”.
Completa la muestra, la pieza “Recordando Paralinguay” en la que se exhibe a una mujer que desde un punto lejano se acerca al espectador, mientras emite sonidos en falsetto extremo. “Esto parece recordar a la naturaleza primaria de un sistema antiguo de señales… La delgada línea entre el lenguaje, la música, el llamado y los gritos animales, subraya la naturaleza impenetrable del sonido, y tal vez deja al espectador con la sensación de haber llegado a un tiempo y un lugar donde no debería estar (o no está): una realidad paralela”, concluye Hill.
A la ocasion de esta muestra en Caracas, Carmen Méndez realizó unas preguntas al artista:
–En sus obras la imagen parece estar supeditada al sonido. ¿Lo visual dejó de ser la razón de ser del arte contemporáneo?
–Por mucho tiempo mi trabajo ha intentado ponerle coto a la imagen. He tratado de descentralizarla y deconstruirla. Me llama la atención nuestra tendencia a caminar en un laberinto sin fin de imágenes. Le damos tanta importancia a lo que vemos que el diálogo de nuestra mente se apaga porque hay demasiadas imágenes cambiando muy rápido y nos olvidamos de pensar. Entonces, trato de encerrar la imagen en nuestra mente, de congelarla un rato, ponerla en off.
–¿Qué significa ser pionero del videoarte en una era en la que cada vez se introducen más medios y tecnología a la vida cotidiana? –He trabajado con medios electrónicos durante años, así que no tengo la sensación de estar ante un material extraño, lo cual es positivo y negativo al mismo tiempo. Cuando trabajas con algo nuevo estás abierto a la experimentación porque hay una confrontación entre tú y el material que algunas veces te sorprende. Con la familiaridad que da el tiempo, algunas de esas sorpresas se pierden porque das demasiadas cosas por sentadas. De todas formas, el videoarte dejó de ser algo nuevo hace tiempo y no soy realmente un videoartista. Soy escultor. Uso el video al igual que otros medios como sonido, textos e imágenes como parte de una propuesta conceptual.
–¿El videoarte es una forma de explorar el pensamiento filosófico en pocos minutos?
–No lo sé. Pienso que a veces el video es una gran herramienta porque genera feedback, un aspecto muy poderoso de los medios electrónicos. Estos medios pueden conducir naturalmente a ciertas preguntas filosóficas que uno quiere plantearse. Pero a la postre todas las grandes preguntas siguen sin ser respondidas. No es que mi obra aporte algo a la comprensión de esas cuestiones, pero quizás haga de la exploración en los misterios de la vida una cosa más colorida.
–¿Cómo aprecian su obra las personas que piensan que arte es sinónimo de decoración?
–Espero que ya hayan decorado. Quienes busquen decoración en el arte no disfrutarán esta propuesta. Me gusta combinar la filosofía, las referencias al tiempo, el video y otros elementos, pero trato de ponerlo todo junto, no me interesan per se estas cosas por separado. Inclusive el trabajo Anotaciones sobre el color consiste en la lectura de un texto de Ludwig Wittgenstein. Es un filósofo que ha escrito acerca de los colores, la naturaleza, los juegos de palabras y la ambigüedad entre lo que se ve y el arte. Pero creo que la gente no necesita saber que lo que escucha es de Ludwig Wittgenstein.
Los espectadores tienen la posibilidad de evitar enfrentarse a asuntos que quizás están un tanto más allá de su propia comprensión, porque el tema de la obra es la propia materialidad del texto. Es una especie de paisaje de la comprensión que cualquiera puede experimentar, independientemente de si sabe o no de arte. Está allí para ser visto.
–Una de las obras que presentará fue grabada en español ¿Está familiarizado con este idioma?
–No hablo español, pero aprendí algunas palabras mientras estábamos grabando con Joaquín, el niño de diez años que lee el ensayo en Anotaciones sobre el color. Lo seguí durante todo el texto. Es interesante hacer eso durante una hora y quince minutos sin parar.