La Culpable

Espacio cultural en Lima, Perú


La Culpable es una iniciativa independiente que en seis años de actividades logró nuclear y convertirse en referente importante de la escena del arte contemporáneo en Perú. Trabajando desde una casa ubicada en el distrito de Barranco en Lima, La Culpable albergó desde eventuales exposiciones, talleres y conciertos, presentaciones de portafolio de artistas locales e internacionales, sesiones públicas de radio, y proyectos editoriales como la revista Juanacha.


María Fernanda Cartagena de latinart entrevista a los integrantes de este espacio, quienes nos revelan la singularidad y pertinencia de este trabajo colectivo.




¿Cómo trabajan y cómo se organizan como colectivo?


Gilda Mantilla: Tenemos un sistema asambleísta. Comenzamos siendo un grupo mayor, más grande y más interdisciplinario y luego se fue decantando y nos hemos quedamos las personas más vinculadas propiamente a lo artístico. Funcionamos básicamente en reuniones en las que programamos actividades, discutimos, las evaluamos. No tenemos una organización de tareas muy repartidas sino que trabajamos en base a decisiones consensuadas y básicamente hacia dentro de la casa. El espacio no es que sea público 100% abierto todo el tiempo, sino que se abre al público en actividades específicas.


¿Cuál es la relación entre su práctica individual y su trabajo como colectivo en La Culpable?


Luz María Bedoya: Lo que pasa es que se podría decir que hay dos etapas en La Culpable. Los primeros años había mas producción de “obra”, hacíamos trabajos de video, se participó en algunas exhibiciones fuera de Lima, y ahí posiblemente había ciertas influencias de algunos de nosotros en el trabajo creativo del colectivo. Se hicieron algunas muestras. Luego decidimos que ese no era nuestro interés y comenzamos a hacer trabajos experimentando con distintos medios y situaciones. Tuvimos una época donde hacíamos lo que llamamos Emisiones La Culpable que eran como contenedores en formato de video, donde cada uno aportaba algún trabajo hecho en ese medio, luego se ensamblaba y se convertía en un “paquete” de video que era proyectado en el bar Juanito, acá en Barranco. La idea era que se proyectara en un lugar donde usualmente no se presentaba este tipo de registro.


En el 2005 pasamos por un momento de revisión, decidimos no producir obra y más bien evaluar lo que habíamos hecho hasta ese momento. Decidimos comenzar a trabajar ya no con la producción visual sino ser más intermediarios con el público en general. Tratar de que el espacio tuviera una dimensión de análisis crítico, en lo posible, del entorno artístico, y así comenzamos a organizar las presentaciones de portafolios abiertas al público. Invitamos a diferentes artistas o que viven en Lima o que están de paso, que nos interesan, a que presenten su trabajo en la casa y que nos lo muestren de la manera en que ellos quieren. La idea es poder acceder no sólo a su obra ya lista para consumir –como suele ocurrir en las exhibiciones más formateadas en galerías- sino comprender sus procesos, sus intereses, ese tipo de narración de los desvíos del propio artista que de otro modo no se conocerían. Y todo hecho de una manera muy suelta, sin invitados “autorizados”, sin protocolos, luces ni micrófonos. Esto es lo que hemos venido haciendo el último año.


Gilda Mantilla: Tenemos reuniones semanales en las que la idea es usar la oportunidad de estar juntos para vehicular las capacidades e información de cada uno. Todos mantenemos nuestra producción personal salvo algunas experiencias iniciales que contaba Luz María de haber producido obra juntos, pero mas que nada la participación en La Culpable para nosotros funciona como una manera de complementar la experiencia individual de creación.


Philippe Gruenberg: Nos da la oportunidad, de alguna manera, en trabajos tipo la radio, e inclusive hoy en ediciones de la revista, de complementar el trabajo que hacemos individualmente con cosas que nos gustarían hacer pero que se salen un poco de lo que normalmente hacemos. Nos permite meternos en cosas que nos interesan hacer pero que no tendrían un lugar muy claro dentro del trabajo personal de cada uno.


¿La Culpable les ayuda a promover prácticas interdisciplinarias?


Raimond Chaves: No tanto por ser interdisciplinarias sino porque tienen que ver más con una incidencia frente al contexto. El trabajo individual tiene una incidencia más pequeña, de pronto porque esta más concentrado en la obra. En cambio el colectivo se sacó la cuestión de la obra de encima y puede incidir más claramente en aspectos del contexto que requieren de una intervención. Asuntos de la difusión de trabajos de colegas… la cuestión de generar discusiones públicas… la cuestión a futuro del centro de documentación. Son cosas que el trabajo de uno no llega. Al trabajar en colectivo y enfocarnos en esos puntos tenemos mayor capacidad de reacción, imagino podemos llegar más lejos.


¿Qué es lo que no es La Culpable? ¿Qué vacío sienten que llenan en el medio con relación a otros espacios independientes?

Miguel López: Tu pregunta funciona bien porque varias de las cosas que hemos hecho han operado casi por negación de otras. Pensaría que varias de las actividades que se han desarrollado en La Culpable han surgido como una manera de ir hacia eso que no hay, y tratar de generarlo. Por ejemplo, armar discusiones a modo de revisión de obra de diferentes artistas era una manera de incidir en la ausencia flagrante de discusión crítica en espacios más convencionales, o a plataformas artísticas como el MALI [Museo de Arte de Lima] que tiene exhibiciones periódicas pero que no está fomentando un espacio específico para la reflexión y el debate.


¿Qué lugar ocupa la teoría en La Culpable?


Miguel López: Yo creo que no trabajamos en un plano teórico estricto. Lo
que nos parece importante es no concebir la producción artística local como el solo acto de ver obras y contemplarlas, sino forzar la posibilidad de pensar y discutir en torno a ellas. Las sesiones de portafolio que organizamos tienen mucho de eso, no se trata de exhibir obras sino de traer ideas, ponerlas en juego y ver qué sucede.


Luz María Bedoya: Los puntales teóricos son Miguel, Rodrigo y Raimond. La incorporación de ellos más activamente en los últimos meses ha definido esa forma en la que estamos trabajando ahora. El poder tener una relación tan cercana con el otro lado, los artistas con los curadores que a su vez son artistas. Miguel es fotógrafo y Rodrigo es poeta. Eso nos da una especie de organicidad y soporte que antes carecíamos.


Raimond Chaves: De todas maneras hay un punto débil ahí, y es que la teoría no es algo que esta afuera. Todavía no somos muy capaces de sacarle más punta a la parte de teoría que esta implícita en nuestras prácticas. Para mi es uno de los retos a futuro. No tanto de empaparse de teoría sino de ver todas estas cosas que estamos haciendo, qué están construyendo teóricamente. Esto me parece es algo que pasamos demasiando por encima.


Miguel López: Eso remite a lo que pasaba en la escena en los últimos veinte años, una reducción de espacios de discusión crítica. Es impresionante ver la producción teórica especulativa que había en los años 80 y como ha ido decreciendo de una manera atroz al punto en que ahora ya casi no hay espacios de discusión.


¿Este recorte por qué se dio?


Rodrigo Quijano: Se dio por muchas razones. Durante los noventa se
redujeron los espacios críticos por el cambio de formato de la prensa que enfatizó mucho más su vinculación con el entretenimiento y eso coincidió con el auge de la dictadura a la que, por su puesto, no le interesaba ningún espacio crítico en sí mismo. Eso coincidió además con una crisis de implosión y desordenamiento de la escena en la cual los artistas no tenían muy claro hacia donde iban. Había un espacio crítico muy vinculado a la teoría social del arte que a su vez estaba muy vinculado a ciertos sectores de la izquierda, que de alguna manera entraron en crisis a fines de los 80 por aspectos internacionales y locales. Uno de los críticos marxistas más interesantes Roberto Miro Quezada murió de SIDA a fines de los 80. Mirko Lauer que estaba vinculado a la teoría social del arte post Juan Acha se retiró
de la escena crítica y se dedicó más al discurso político. Eso sumando a la desaparición de espacios críticos físico del tipo periodístico o revistas especializadas.


La crisis de galerías a fines de los 90 se convirtió rápidamente en un factor que fue nucleando a artistas entre sí y que hizo que reaccionaran de manera colectiva e independiente. Uno de los puntos fuertes que detonan el inicio de La Culpable es la experiencia de Phillipe [Gruenberg] y Pablo Hare con la Galería del Escusado que era un baño de la librería donde trabajaba Philippe en donde se empezaron a hacer muestras. Ese baño de 2 m. estaba a un paso de dos galerías relativamente importantes. Hubo una crisis de esos espacios y se comenzaron a nuclear espacios independientes, colectivos, no siempre
con las ideas muy claras. Se fue articulando entre fines de los 90 y el 2005 una pequeña escena muy heterogénea de la cual hoy bebe el MALI o la idea del Museo de Arte Contemporáneo de Barranco, etc. Esto da cierto sentido a la idea de que hay una especie de renacimiento o emergencia de cierta cosa contemporánea ahora, que es real, que es importante, y que esta vinculada no solo al activismo de espacios como La Culpable. Lo que hace La Culpable es reunir y nuclear una serie de artistas independientes, es un punto de referencia. Es increíble como nos hemos convertido en un referente para gente que no conocemos sin haber hecho realmente mucho.


Miguel López: Esto también te habla de las carencias que tiene el medio, de falencias y necesidades muy grandes.


Luz María Bedoya: Somos como consultores…del MALI vienen a consultarnos cosas, esperan ideas…


Philippe Gruenberg: Lo que pasa es que La Culpable, con todas las carencias, sí es una antena de muchas cosas.


No hay una relación antagónica con la institución…

Luz María Bedoya: No. Todo lo contrario. Un ejemplo son ellos… [refiriéndose a Miguel y Rodrigo] son parte de La Culpable y han trabajado en el MALI.


Rodrigo Quijano: Es muy puntual el trabajo que hacemos. No solo no hay confrontación porque en realidad la institucionalización es tan precaria que enfrentarse a eso sería un gesto absolutamente snob. No hay institución museal real en el Perú, no hay institución artística real. El mercado es básicamente social, más que el hecho de que haya un interés del mercado real por crecer o especular, eso hay muy poco. No es que ideológicamente estemos de acuerdo como La Culpable o individualmente con eso, sino que francamente no hay ningún motivo para enfrentarse a algo que ni siquiera ha empezado a caminar y por otro lado de algo tenemos que vivir. Yo no trabajo en el Museo mismo, soy parte de un comité curatorial que selecciona obras de artistas jóvenes para que el Museo compre. Eso ha ayudado a que se reactive un pequeño interés de cierto tipo de coleccionista y hacia cierto tipo de artistas que antes el Museo era básicamente un lugar sin ojos y sin oídos que no quería mirar hacia afuera.


Volvamos sobre las condiciones de emergencia de esta nueva movida, precaria, pequeña…


Rodrigo Quijano: Hay varios factores ahí. La crisis económica, que no es sorpresa, pero también la ausencia institucional, la ausencia sostenida del Estado. La crisis ha empujado a arreglárselas de manera independiente y una manera de arreglárselas es un éxodo bastante sostenido de artistas. Es bastante palpable como hay dos tipos de artistas peruanos, los que viven en Perú y los que viven afuera. La diferencia de vinculación que hay con el mercado es absolutamente extrema. Eso ha permitido, globalización y tecnología mediante, que todos estos intercambios sean mas rápidos entre la gente que se va y la que se queda. Eso ha despertado cierto tipo de interés entre los locales y entre la gente que esta afuera por trabajar con lo local. A tal punto que el MALI creo que esta interesado como institución en agitar ese avispero del arte contemporáneo peruano como una especie de constructo para darle una forma internacional. Eso era imposible de pensarlo hace unos 4 o 5 años. Es una nueva situación con la cual todos estamos empezando a lidiar. El hecho de tener media docena de artistas importantes en colecciones importantes en Europa y los EEUU empieza a ser un elemento decisivo de toma de decisiones adentro.


Con esta nueva atención o mirada internacional hacia la escena peruana ¿dónde ven ustedes riegos o limitaciones?


Raimond Chaves: Bueno hay un riesgo que creo Miguel lo puede desarrollar más. Dada lo frágil que es la formación de los artistas está el riesgo de que la cosa se resuelva más en cuestiones de mercado o éxito...


Miguel López: El hecho de que los artistas se hayan ido responde a un condicionamiento muy claro. En muchos sentidos no había forma en que se arreglen la vida en términos artísticos en Perú, la ausencia de mercado, la ausencia de un aparato critico, no permitieron durante mucho tiempo que exista una vida artística por desarrollar acá, eso era una fantasía. En ese sentido, incluso hoy las expectativas que hay sobre el supuesto boom del arte contemporáneo peruano son súper limitadas. Esto es algo que no tiene mucha durabilidad, y tiene fecha de caducidad inmediata si es que las formas en las que se operan en la escena no cambian. Lo que no se llega a comprender es que si no se fomenta un armazón crítico auténtico, si no se impulsa esa capacidad de disentir en las generaciones jóvenes e incluso en los propios estudiantes de arte seguimos construyendo arquitecturas en el aire. Pero en muchos sentidos, creo que a este boom del mercado no le interesan precisamente las miradas críticas, si es que éstas no son para generar réditos simbólicos que luego ellos puedan canjear por beneficios económicos. Antes había un tipo de galerías, ahora hay otras pero básicamente se siguen moviendo de la misma manera. Siguen siendo galerías llevadas adelante por gente improvisada que tiene dinero y cero discurso, y es que aunque resulta evidente que el arte es efectivamente un negocio, pues cabe decir también que es un negocio pero no solamente. Uno de los intereses de La Culpable es fomentar una mirada crítica sobre esto.


¿Cuáles son sus proyectos en marcha?


Miguel López: La revista Juanacha que sale en una semana. Es una manera de poner discursos y generar un espacio visible para seguir discutiendo. Queríamos que la revista sea un catalizador de lo que estaba pasando este año.


Philippe Gruenberg: La columna vertebral de la revista iba a ser la transcripción de los portafolios. A partir de ahí armar una especie de contendor de inquietudes, aquí hay mucha gente que escribe...


Gilda Mantilla: Es también como decía Miguel, decantar los intereses e ideas que han estado circulando este año. Un punto fuerte fue el caso de censura por parte del Estado de la exposición de Piero Quijano. Hicimos una exposición cuando se retiró la obra. También la revista quería involucrar los viajes. Fuimos invitados colectivamente al encuentro de Medellín.


¿Cómo se financian?


Rodrigo Quijano: Una operación cooperativa y
autogestionaria, y eso da un montón de libertades y deudas. Pero básicamente ese es el espacio de libertad creativa que tenemos. No tenemos ninguna atadura ni institucional que le pasa a otros espacios. En consecuencia es una bendición pero también es una trampa. En la medida que nadie le puede dedicar 100% de su tiempo a La Culpable eso tiene sus limitaciones.


Philippe Gruenberg: Hay una cuota mensual que pagamos para luz, agua. Para cada evento vendemos cerveza y ahí sale un poco de plata y ahora hemos incursionado en un modelo que esta de moda en Lima, el modelo subasta. Hacemos nuestra pequeña subasta y hemos sacado bastante plata como para el próximo año sacar la revista.





Link: Espacio La Culpable    http://www.laculpable.org/




Fuente: latinart


 

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semanario  cultural  de  caracas

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27 de nov. al 3 de diciembre, 2008, no.21