Algunas consideraciones en torno a la Filosofía y el Arte
Edgar Giovanni Rodríguez Cuberos
“Si fuéramos capaces de asumir las experiencias del arte, los ideales que en él se expresan, hace tiempo que, gracias a ellos seríamos mejores. Pero el arte, desgraciadamente, sólo a través de la conmoción, de la catarsis, está en condiciones de capacitar al hombre para lo bueno. ” Andrei Tarkovski.
Resumen

Preliminares
Poder hablar acerca de la relación entre arte y filosofía resulta difícil e incluso arriesgado por lo que de innovador resulte aquello que se diga, pues la verdad, frente al tema, ya grandes cosas han surgido a lo largo de la historia del pensamiento. Cualquier discusión al respecto siempre genera acalorados debates que por su carácter, generalmente terminan siendo irresolubles. De tal suerte, las consideraciones que realizo a continuación, no son, ni pretenden alguna posición absoluta, como tampoco derivan de una rigurosa investigación. Son únicamente, palabras encajadas sobre la base de una experiencia que reconoce lo problemático y contradictorio del ámbito. En este sentido, se busca con este texto contribuir a ampliar el horizonte de indagación frente al tema y aportar algunas reflexiones personales que puedan dar origen a algunos puntos de anclaje para futuras críticas y discusiones, ya que la realidad así nos lo exige.

Bajo qué condiciones es posible hablar de la relación filosofía - arte.
Hoy en día y de manera lamentable, la idea de arte atraviesa por una situación difícil dentro del imaginario de las personas. Para la gente del común, lo artístico se relaciona con una serie de actividades, hábitos y/o producciones que determinan incluso una posición social[i]. El terrible resultado de ello se perpetúa gracias a la posibilidad que tienen algunos pocos de sobreponerse a la realidad, asumiendo cierto tipo de solipsismo extravagante que en algunos casos sólo busca la justificación a una soledad vacía y excéntrica que, creo yo, nada tienen que ver con la esencia del arte.

Sin que se trate de todas formas de rodear la cuestión, podemos aceptar para nuestros fines que el arte es intuición, tal como lo explica Groce[ii]. No es un fenómeno físico (no responde a cánones de precisión o de medida) por que lo físico es producto de una sería de fenómenos que escapan a nuestra experiencia (los átomos, moléculas etc.). El arte se realiza y tenemos fe de su existencia pero no podemos cuantificarlo físicamente. Lo percibimos, tenemos conciencia de él a través de otros mecanismos y de otro nivel de operación de nuestros sentidos. La percepción del arte requiere de una demanda profunda en nuestro pensamiento que indaga no sólo por nuestra cultura sino por nuestra sensibilidad hacia la obra misma, de lo que nos identifica como seres humanos. En este sentido, el nivel de percepción no involucra al arte con el sentido del placer en sentido estricto, pues la intuición nos lleva a sobreponernos frente a la obra y validarla como resultado de alguien que se atrevió a tener una vivencia artística, sin que tenga ésta que procurarnos o no placer. Por otro lado, la obra nos puede suscitar toda una serie de sensaciones (odio, pasión, repulsión etc) y ubicarnos en un plano donde sólo lo humano es posible.

Hasta aquí, podemos distinguir que en el arte como en cualquier comunicación existen dos caras de la moneda, dos formas de tener una experiencia artística: creador y receptor. Para el creador la experiencia del arte, puede tener unas significaciones subjetivas, plagadas generalmente de legitimidades y beneficios personales (místico). Para quien recibe la obra sus niveles de significancia lo llevan a encontrarse con el autor de la obra en ciertos aspectos o incluso a tomar posición frente a la producción por la falta de esta conexión, de esta intuición compartida sobre la realidad (Caso Botero).
Implicaciones culturales y demandas sociales del fenómeno artístico
La “elitización” del arte, nos remite a discutir el papel protagónico de lo artístico en nuestra sociedad actual, ya que si bien los movimientos de vanguardia han dejado de ser figurativos hace mucho tiempo y la representación de lo real trata de ser más coherente con la sensibilidad del artista, aún se concede cierta clase de impronta al genio. Es decir solo algunos “elegidos” son capaces de hacer arte y de que lo reconozcamos como tal.
Ahora bien, partiendo del supuesto de la sensibilidad como “motor” de lo artístico, es pertinente sugerir la siguiente cuestión ¿ Por qué tememos a la re - producción de esa sensibilidad en la expresión?. La respuesta puede surgir del análisis del problema generado desde lo formativo, en donde a través de la educación tradicional, lo artístico se nos ha vetado como herramienta porque: - “lo que nosotros hacíamos de niños no eran obras de arte”-
El reconocimiento de una obra de arte obedece según los teóricos y críticos, a la puesta en evidencia por parte del observador de la esencia y el sentimiento que tuvo el artista al plasmar su concepto de realidad bajo alguna técnica. Ahora bien, de ahí que lo artístico sea muy diferente a lo bello ya que de hecho nuestros movimientos internos tienden a ser más bien caóticos. Los estudios de psicología con base en los dibujos tienen amplias y reconocidas aplicaciones diagnósticas, lo que ratifica el papel del arte como forma de expresividad del sentimiento humano, como una semiosis de nuestro que – hacer en el mundo.

“Que el hombre se descubra como escritura equivalente a decir, ser hombre significa des-encubrir-se como signo ya él mismo, pues a través de ella des – cifra su ser y se descifra a sí mismo como acto: el de su propio develamiento como signo, es decir, como ser-venido-a-la-presencia y sólo de tal forma en mostración; la que, de suyo, parte así lo de-escribe”...
El Arte entonces, se dirige a todos. El arte es parte de todos. Y todos podemos de alguna manera trabajar por una poética personal de existencia. Una vida hecha y sentida como obra de arte. El primer paso es entonces tratar de recorrer en sentido pleno las obras. Tarkovski[iv] advierte en este sentido:
“El arte no quiere proponer inexorables argumentos racionales a las personas, sino trasmitirles una energía espiritual. Y en vez de una base de formación, lo que exige es una experiencia espiritual”.
Dos ejemplos concretos de creación y recepción filosófica del arte
A. En la plástica: Caso Magritte [v]
La obra de Rene Magritte por ejemplo, plantea de forma permanente e intencionada problemas de diferente orden en su trabajo. Estos problemas no sólo son la expresión de las diversas emociones del artista, sino también una invitación “abiertamente perversa” al espectador. De ahí que un trabajo de Magritte no sea por ninguna razón desatendido (incluso por el observador más distraído), ya que su trabajo busca desafiar el mundo y sus leyes naturales, provoca sensaciones extrañas, es irreverente frente a nuestra razón y que por encima de todo, como bien lo diría el artista “- lo importante es el pánico que provoca -”. Así, la mutua convertibilidad entre lo exterior y lo interior, entre los opuestos o los extremos, es una constante que domina los temas de Magritte.
En efecto, la observación de la obra (Elogio a la dialéctica, 1936) nos concede la experiencia necesaria para que podamos en cierto sentido, superar la idea que la intuición no es exclusivamente un conocimiento inmediato y que no puede operarse un método concreto sobre ella, sino que por el contrario es factible utilizar mediaciones que puedan bajo ciertas condiciones subjetivas asignarle a lo intuitivo su estatuto como método y que por lo tanto el conocimiento que alcancemos a través de él, sea complementario a otras formas más convencionales de obtenerlo[vi].

En este sentido, el cuadro no podría explicarse bajo las categorías con las que nos aproximamos tradicionalmente a la realidad, incluso bajo las formas en que consideramos el arte, ya que,
Es relativo el conocimiento simbólico que por medio de conceptos preexistentes va de lo fijo a lo móvil, pero no el conocimiento intuitivo que se sitúa en lo móvil y adopta la vida misma de las cosas [vii].
Situarse en la movilidad e ir de alguna manera a su ritmo, sobrepasar, en palabras del filósofo, el estado de la experiencia para ir hasta las condiciones de la misma, suponen no sólo un esfuerzo, sino también una preparación, una especie de bautismo, de unción, de cambio de perspectiva y de esquemas mentales, en otras palabras, un nivel más complejo de sensibilidad que permita un retorno del hombre a las raíces mismas de sus formas de aprehensión y referencia, un modo maravilloso de habitar el universo. Estas condiciones de la experiencia no son generales ni abstractas; son las condiciones de la fuente y para ello es preciso multiplicar nuestros actos de intuición (Aprovechar al máximo la capacidad total de nuestros sentidos). Multiplicar estos actos de intuición, puede conducirnos a una comprensión absoluta de nuestras propios límites, a una comunión concreta entre nuestra historia y la forma como asumimos la vida misma.

La historia de los hombres, dice Bergson, es la historia de la constitución de los problemas, por lo tanto la toma de conciencia de esta actividad, es como la conquista de la misma, un paso grande a su resolución y el deseo humano por seguir resolviendo incógnitas. De ahí que la obra de Magritte, vele también por establecer un nivel de comunicación distinto entre el espectador y la realidad que se muestra, para llevarlo a la confrontación, para sugerirle aspectos problematizantes que implante nuevas posibilidades y no garantías.
B. En el cine: Héroe y la Casa de las dagas voladoras. Dir. Zhang Yimui

El ejemplo citado por comodidad didáctica, establece de manera clara como una película puede reunir varios elementos artísticos y una gran capacidad de afectación en quienes la perciben. Sin embargo e incluso en el cine, los mensajes encriptados, codificados en la amalgama fulgurante de colores, pueden perderse para un ojo que, como órgano mediático no ha logrado acostumbrarse a lo múltiple. Un diálogo cargado de símbolos literarios puede ahogarse en la tensión de una situación inmediata o anterior. Llegando a la conclusión frustrante como espectadores de “Tengo que verla otra vez” ó “Me perdí esa escena”.
La riqueza visual de filmes como los citados, colocan a nuestros sentidos a debatirse en la percepción de lo puramente fulgurante, la danza, el color, las formas, la música etc con la percepción de la historia, el resultado es una agradable sensación de complejidad, una invitación a hacer uso de nuestras capacidades perceptivas en orden a estimular todo nuestro ser en función de la comprensión.

4. Conclusiones
La creación artística y la recepción de la obra implican desde la perspectiva que abordamos una entrega de sí mismo. El núcleo de la condición “sí mismo” esta definida en gran parte por la llamada capacidad de atestación. Es decir, en la capacidad expresada en la confianza y la creencia con la que el sujeto se autoafirma: yo soy (doy cuenta de mis acciones). En términos de la relación arte-filosofía, esto se traduce en la capacidad que podemos desarrollar en tanto seamos capaces de crear/percibir la obra responsablemente y derivado de ello, de estar en capacidad de argumentar desde la acción que cognitivamente estas acciones nos dictan (se dice algo sobre la obra; se narra algo sobre la obra; se hace algo desde la obra).
Esta decisión demarca para el sujeto el paso reiterativo de la potencia al acto, es decir, condiciona y posibilita un efecto, una multiplicidad de consecuencias. Así, el “sí mismo” decide arriesgarse en el fenómeno artístico y se debate entonces entre el movimiento que le sugieren las obras e incluso también el reposo al que lo pueden llevar.

Edgar Giovanni Rodríguez Cuberos es Profesor Ocasional Departamento Ciencias Sociales Universidad Pedagógica Nacional - Estudiante de Nivelación, Maestría en Filosofía. Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá.
Literatura Consultada
Badiou Alain. El cine como experimentación filosófica. Revista Lote. Diciembre 2003 - Año VII - Número 77. www.revistalote.com.ar
[i] Según Barbero (1995), inscribir el arte en la cultura significa, por paradójico que parezca, romper con aquella concepción largamente dominante que identificó la cultura con el arte, pues esa identificación redujo la cultura a un determinado y exclusivo tipo de prácticas de elite y productos valorados únicamente por su calidad, juzgada por algunas minorías “entendidas”. Inscribir el arte en la cultura implicará para Barbero cambiar el eje de la mirada para enfocar el arte no desde su capacidad de diferenciar las clases sociales sino desde su capacidad de significar: Esto es, de permitirnos auscultar los signos que iluminan el opaco y contradictorio vivir de una sociedad, de descifrar las secretas corrientes que la irrigan y la dinamizan.
[ii] CROCE Benedetto. ¿Qué es el arte? Lección primera del Breviario de Estética, editado en la Colección Austral, primera edición 1938.
[iii] TARKOVSKI Andrei. El arte como ansia de lo ideal. Señal que cabalgamos. 2003. Año 2. No. 30. 32 p.
[iv] Ibidem p. 13.
[v] El estudio completo puede encontrarse en: Rodríguez Edgar G. 2004. FilosofArte. Un ejemplo de interpretación coadayuvada desde Bergson y Magritte. Artículo publicado en la Revista Arte, Individuo y Sociedad. MUPAI. Universidad Complutense de Madrid. Vol 16: 197 – 208. 2004 - revistas.sim.ucm.es: pdf
[vi] Precisamente seria éste uno de los grandes problemas que Bergson tendría que resolver al proponer su método intuitivo. Cfr.Bergson H. Memoria y Vida. Ediciones Altaya. Barcelona. 1995. Pag.23.
[vii] Bergson H. 1995. Memoria y Vida. Ediciones Altaya. Barcelona. Pág.45.
[viii] Las cosas no duran como nosotros, al menos debe haber en ellas alguna razón incomprensible que hace que los fenómenos parezcan sucederse unos a otros y no desarrollarse todos a la vez, el movimiento que se plantea implica una condición psicológica en donde el sujeto también sea conciente de su propia duración, esto se hace evidente cuando la obra de arte se aprecia en toda su extensión y significado y no como una pura exterioridad, en otras palabras, se le asigna un sentido en un todo luego de atravesar el asombro en la misma experiencia.
Fuente: konvergencias
