El sonido negro que conquistó el mundo
La Motown concentra cincuenta dinámicos años de música soul

Creada en enero de 1959 en Detroit, la discográfica Motown muestra con orgullo un prolijo catálogo de música soul que le ha situado, a lo largo del tiempo, como una de las «factorías» más decisivas e influyentes de la historia de la música actual. Cinco décadas después, y absorbida desde hace años por la Universal, Motown celebra con diferentes actos, reediciones y recopilatorios la fiesta del soul, el sonido negro que conquistó el alma de numerosos blancos.
La historia de Motown va irremediablemente unida a la de un hombre llamado Berry Gordy Jr. y, por extensión, al éxito que todos los artistas del sello de Detroit cosecharon. Carreras unidas, en algunos casos, a la explotación a la que les sometió ese hombre.
Berry Gordy nació en 1929 en Detroit en una familia numerosa y humilde. Después de haber trabajado de casi todo, incluido un periodo en el que fue boxeador, su afición por la música le llevó a abrir una tienda de discos de jazz en 1953. Cuando año y medio después el pequeño negocio se hundió, se vio obligado a trabajar en una fábrica de Ford. El trabajo en cadena dejaba mucho tiempo para que su cerebro trabajara y Berry lo usó para componer y escribir numerosas canciones que presentaba a todo tipo de concursos y discográficas. Finalmente algunas de sus canciones llamaron la atención de Jackie Wilson (una de las mayores estrellas del rhtym and blues, R&B, del momento) y los dueños del sello Brunswick. Fue sobre todo «Reet Petite» el tema que dio éxito y reconocimiento a la labor de Berry como compositor. Sin embargo no le recompensó económicamente como él hubiera deseado. Jackie Wilson y Brunswick se hacían continuamente los remolones para pagarle los derechos por la canción y esta injusta y tensa situación le llevó a tomar una determinación que daría un giro a su vida. Comenzaría a producir sus propios discos.

Tras un tiempo produciendo discos de R&B, dejando que diversos sellos los distribuyeran, Berry Gordy no se encontraba nada satisfecho ya que pensaba que era timado continuamente. Entonces un joven llamado Smokey Robinson que era el vocalista de los Miracles (uno de los grupos con los que Berry solía trabajar), le hizo una propuesta que rozaba la locura: «Si perdemos dinero porque otros sellos hacen que lo perdamos, ¿por qué no empezamos a perderlo con nuestro propio sello?». Así vio la luz el primer sello discográfico de Berry Gordy: Tamla (nombre inspirado en la película «Tammy»). En Tamla se «fabricarían» los primeros singles que aportaron suculentos beneficios a Berry Gordy. Discos como el archiconocido «Money», de Barrett Strong, que acabaron barriendo en las listas de R&B y dieron la posibilidad de que el pequeño sello de Detroit creciera al mismo tiempo que cambiaba su nombre por el de Motown (motor-town, término por el que se conoce a la ciudad de Detroit).
Detroit motor

La visión empresarial de Berry Gordy era tan brutalmente efectiva que se podía permitir obligar a sus trabajadores a fichar cada día para componer sus canciones o para interpretarlas y no dejar que semejante esquema repercutiera en la calidad del trabajo final. El método de trabajo de Motown estaba directamente basado en el de las fábricas de montaje de automóviles de Detroit, que Berry conocía de primera mano. Como si se tratara de una auténtica fábrica en cadena de éxitos contaba con una composición musical estandarizada, un grupo de estudio (los maravillosos y frecuente e injustamente olvidados Funk Brothers), unos productores de la casa que daban el toque y sonido tan característico a las grabaciones, un proceso de control de calidad llevado a cabo en la mayoría de los casos por el mismo Berry Gordy, y, finalmente, una promoción adecuada para el siguiente éxito fabricado. Todo ello bañado con una atmósfera familiar y paternalista (que mantenía contentos en mayor o menor medida a los trabajadores) daba como resultado lo que acabó conociéndose como «sonido Motown» , al que en más de una ocasión se hace referencia como un estilo identificable dentro del soul. La manera de trabajar de Motown era tan reminiscente del trabajo en cadena que en muchas ocasiones diferentes artistas de la casa grababan la misma canción, que acababa viendo la luz en dos o tres singles de diferentes grupos o solistas.
El sonido de América

Del disco al cine

Negros y blancos unidos por la fuerza del soul y sus pegajosas melodías
Es imposible expresar con palabras la revolución musical y cultural que llegó a suponer el hecho de que un afroamericano que había fundado un sello independiente con 800 miserables dólares acabara en pocos años comprando multitud de empresas de todo tipo, contando con más de 45 sellos subsidiarios y facturando cientos de millones de dólares. Hacía tiempo que la conservadora sociedad americana merecía ver que algo así ocurría delante de sus narices, y por fin sucedió. El éxito de Motown no solo ayudó a hacer rico a un hombre con pocos escrúpulos que supo llevar a cabo su sueño; también dio un soplo de aire a millones de afroamericanos. Cuando los americanos vieron que un sello negro podía llegarles al corazón y llenarles de emociones al encender sus radios, se abrió un poquito más esa puerta a la integración que nunca debió haberse mantenido cerrada. Está claro que no se puede achacar solamente a sellos como Motown o Stax los triunfos de los luchadores por los derechos civiles, pero salta a la vista que ayudaron y mucho. Una vez Chuck Berry dijo a Carl Perkins que los artistas afroamericanos estaban haciendo más por la lucha por la igualdad que los políticos y probablemente no le faltaba razón. Motown marcó la pauta a seguir a los sellos más importantes, sin importar el tipo de música que se quisiera hacer. Todo el mundo quería copiar algo de la fábrica de éxitos de Detroit y todavía hoy día son innumerables los músicos y estudios de grabación que se ven influenciados por su sonido. Motown enseñó a muchos que la música no entiende de colores, algo que unos pocos ya sabían. Sencillamente mostró el camino para hacer las cosas mejor y no complicar este mundo con separaciones y barreras absurdas. Berry Gordy resumió a las mil maravillas la fórmula del éxito de Motown en un sensacional acrónimo que repetía constantemente: «KISS: Keep it Simple, Stupid» (Hazlo fácil, estúpido).
Medio centenar de canciones recorren las venas del sello en un triple cd

Repasar «Motown 50» resulta inalcanzable, pues cada canción es un largo párrafo de la historia de la música. Aquí están, entre otros, The Jackson 5, aquellos inocentes pequeños cantando desgañitados «I'll be there» o «I want you back», convertidos hoy en personajes para Tim Burton. Los Four Tops dejaron de rodillas a miles de aficionados con «Reach out, I'll be there». Edwin Starr arrancaba corazones de cuajo cada vez que gritaba tribalmente «War», una de las canciones más intensas del soul. The Supremes azucaraban los cafés con «Stop! in the name of love» y Supremes y Four Tops subían la tensión con la frenética «River deep, mountain high». The Marvelettes aligeraron la vida a muchos con «Please, Mr. Postman». Marvin Gaye demostraba una capa más de talento que los demás con «I heard it through the grapevine» o «What's going on». Smokey Robinson conmovió a todos con la hermosa «Las lágrimas de un payaso». Steve Wonder logró que medio universo bailara «Superstition». The Templations licuaron a los oyentes con «My girl» y lamentamos que no sean Rare Earth quienes aporten «Get ready», cuya versión superó el original de los propios Templations.
P. C.
