Artista del Año
GUSTAVO DUDAMEL

El artísta venezolano con mayor impacto en el mundo
y en su mejor año de carrera.
"Una superestrella de la música", "un prodigio", "un conductor electrizante y un talento único". Los superlativos abundan cuando se habla del venezolano Gustavo Dudamel, de 27 años, quien a su edad ya ha estremecido diversos escenarios internacionales.
La crítica también lo ha aclamado por su habilidad para comunicarse con sus músicos hasta el punto de crear una atmósfera descrita como electrizante e inspiradora.
"Él y la orquesta forman una sola unidad", señaló el diario The Times, según el cual la batuta de Dudamel "lleva tanto a músicos como a público a un viaje sin igual".
Su talento fue percibido desde un principio por reconocidos nombres en el mundo de la música clásica como Simon Rattle y Claudio Abbado.

Rattle, director de la Orquesta Filarmónica de Berlín y uno de los más importantes a nivel mundial, lo ha definido como "el más fantástico y talentoso conductor que haya conocido".
Inspirador
Aunque sigue pasando buena parte de su tiempo en Venezuela, Dudamel es hoy en día el conductor de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo.
En abril pasado fue nombrado director musical de la Filarmónica de Los Ángeles -el músico más joven que jamás haya ocupado ese puesto.
Después de un concierto que dio en la ciudad inglesa de Birmingham, la cadena inglesa BBC destacó que Dudamel "había producido suficiente electricidad como para iluminar a toda la ciudad", y lo definió como "un hombre con un talento sin fronteras, un gran enamorado de la música con el mundo a sus pies".
Muchos piensan que su éxito se basa en que ha trasplantado la filosofía del sistema de orquestas sinfónicas juveniles de Venezuela al escenario internacional.
"El Sistema", como se conoce a este conjunto de orquestas, ofrece la oportunidad de involucrar en la música a jóvenes de escasos recursos, muchos de los cuales han sido rescatados de la delincuencia y la drogadicción.
Renombrados músicos han señalado que este sistema de orquestas está haciendo hoy por hoy el trabajo más interesante e innovador que se conozca en el mundo de la música sinfónica.
En China

La Orquesta Sinfónica Venezolana, conducida por el célebre director Gustavo Dudamel, triunfó en su debut en Asia con un concierto en el Centro Nacional de las Artes Escénicas de Pekín en el que se mostró que la "Dudamanía" también ha llegado al gigante asiático.

Enérgico y siempre con la sonrisa en la cara, Dudamel dirigió con su batuta a estos jóvenes músicos venezolanos que ejecutaron un recital tras el cual recibieron una calurosa ovación de los melómanos asistentes.
Desde el inicio del concierto, la orquesta Simón Bolívar sorprendió al tocar fuera del programa previsto la "Marcha de los Voluntarios"-el himno nacional de China- lo que hizo que el público se pusiera de pie y aplaudiera, un gesto poco habitual en los recitales pequineses.
En el primer acto, la orquesta interpretó la Segunda Suite Sinfónica del ballet "Daphnis y Chloe", de Maurice Ravel, y la pieza "Santa Cruz de Pacairigua", de Evencio Castellanos, obras con las que Dudamel prácticamente bailó sobre el estrado, con sus movimientos sincopados y apasionados que lo han hecho famoso.
Tras el descanso, la Sinfonía Número 5 de Tchaikovsky progresivamente embriagó a un público que se puso de pie al final de la pieza y pidió más, a lo que los jóvenes venezolanos respondieron con el soberbio y alegre "Mambo", de Leonard Bernstein.
Estuvieron presente en el recital, dignatarios chinos, numerosos embajadores de países latinoamericanos y una nutrida presencia de jóvenes estudiantes chinos de música clásica. Con esta presentación se da inico a la gira asiatica, que continua hacia Corea y Japón.
En Corea
La segunda parada de esta gira asiática fue en Corea del Sur, inaugurandose en la sala de conciertos del Centro de Artes de Seúl. Aquí el público respondió con entusiasmo, con una euforia que nada tiene que envidiarle a un concierto de rock.
Los coreanos no escatimaron aplausos desde el principio, cuando entró al escenario Gustavo Dudamel con su batuta. Las danzas de West Side Story, de Bernstein, iniciaron la tarde musical, sin el preámbulo de los himnos.
La sincronización, el ritmo, la intensidad de Gustavo y la Sinfónica en los movimientos de baile de la primera parte, mantuvieron atentas a las 2 mil 500 personas que llenaron el patio y los balcones. Al finalizar las notas de Bernstein, se desencadenó una lluvia de aplausos y sonrisas entre el público.

La velada continuó con la Sinfonía Nº 1 de Gustav Mahler. El joven director saltó, se agachó y sonrió durante dos horas, para conmoverse en los picos de felicidad de la partitura y sufrir los acordes de tristeza. En los cuatro movimientos fue subiendo en la fuerza hasta el final, que erizó la piel a los presentes.
Casi al final las jóvenes de protocolo comenzaron a pedir al público que se sentaran, al no estar acostumbradas a esta reacción por una orquesta y mucho menos clásica. El final fue un estruendo de aplauzos, Gustavo entró y salió del escenario cinco veces.
Luego llegó el bis: el Mambo de Bernstein, con el habitual movimiento coreográfico de los instrumentos sobre la tarima. El público no se cansaba de aplaudir y pidió otra. El auditorio se puso a oscuras por varios segundos y, al prender las luces, los músicos aparecieron con las chaquetas tricolor.
Se tocó el Malambo de Ginastera, y al final, como harían las estrellas con su fanaticada, se quitaron las chaquetas para dárselas al público. Un gentío se abalanzó al borde de la tarima al terminar la función para recibir de manos de sus estrellas las chaquetas que llevaban puestas. Todos querían un recuerdo de la tarde que significó un hito en la sala de conciertos del Centro de Artes de Seúl.
En Japón

La pianista argentina Martha Argerich había advertido antes del concierto: "El público japonés no se pone nunca de pie. Y menos en este teatro. Así que no se esperen eso". Pero la regla cambió. Y sorpendió a más de uno que no esperaba ni por un segundo tal oavación de un público que juzga y no da mucho a cambio
La Orquesta bajo la direccion de Gustavo Dudamel rompió esquemas en el Tokyo Metropolitan Art Space: tres mil personas se pusieron de pie. Y no una vez, sino en ocho oportunidades, y con aplausos interminables por más de treinta minutos.
Durante la interpretación del Concierto para Violín, Violonchelo y Piano de Beethoven, se percibía el ojo vigilante del director japonés Seiji Ozawa, el primero en ponerse de pie para aplaudir a la orquesta. Él se encargó de dejar claro lo maravilloso que había sido tener la oportunidad de escucharlos y sentirlos.
"Es un placer verte. Me encantó el concierto. Es increíble que estés aquí en Japón", le dijo Ozawa el director japonés a Gustavo cuando se le acercó detrás de la tarima. "Muy buena actuación maestro", aseguró.
En el balcón de la sala, un joven eufórico gritaba ¡bravo! de pie, mientras ondeaba el tricolor venezolano.
Despues de este triple concierto en Tokio, Gustavo Dudamel con la orquesta se presentarán en Hiroshima y al dia siguiente estarán llegando a Caracas con el pecho hinchado de orgullo por la conquista de una audiencia a miles de kilómetros de distancia.
VIDEO
Concierto en la Waldbühne de Berlin con la Berliner Philarmoniker dirigida por Gustavo Dudamel el 15 de junio de 2008 ante 20.000 personas - 3:55 minutos
VIDEO URL: http://es.youtube.com/watch?v=TYbcq0nSS5E
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