
por Edgar Borges
A propósito del nuevo libro de José Saramago, “El viaje del elefante”, y convencido de que la vida es un viaje, se me ocurre pensar que el del escritor portugués ha sido un viaje cargado de pistas que bien vale la pena descifrar (o vivir en ese intento).
En cada novela de Saramago, dentro de su poderosa fábula, hay uno o muchos espejos que nos muestran una realidad simultánea a la ficción. “El evangelio según Jesucristo” (1992) le valió, además del Nobel de Literatura, la admiración de muchos lectores que vimos en uno de los espejos de esa obra el valor de la trascendencia espiritual más allá de cualquier dogma religioso. Otras claves, siempre humanas, siempre existenciales, habitan en novelas como “Ensayo sobre la ceguera” (1995); “Todos los nombres” (1997); “La caverna” (1997); “El hombre duplicado” (2003) o “Las intermitencias de la muerte” (2005).

En su recorrido, el escritor superó la enfermedad con la ilusión de un niño. Antes de la hospitalización escribió cuarenta páginas de su nueva novela; luego, al salir, construyó el resto de la experiencia en clave de fábula. “El viaje del elefante” trata del particular tránsito de un paquidermo que la Corte lusa le envía de obsequio a su homóloga austríaca. Pero habrá que buscar entre sus líneas (o dentro de sus espejos) la mirada de un hombre que vio la muerte de cerca. Y no le tuvo miedo.
Vamos andando (intentando ver lo que no ven nuestros ojos) y atendiendo las pistas que nos dejan otros en el camino. En algún momento de su viaje (que también es un poco el nuestro) José Saramago (el crítico, el que se declara cada vez más rebelde) sostiene que “la sociedad actual necesita filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión. Nos falta pensar, ideas, y sin ideas no vamos a ningún sitio”.
Qué importante es, como Saramago, asumir los años (y el viaje) con la rebeldía de un joven inconforme.
*Edgar Borges es venezolano residente en España.
Fuente: Argenpress

El nuevo libro de José Saramago (2008), El viaje del elefante, cuenta una historia real, el viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón, que en el siglo XVI viajó de Lisboa a Viena. "Por muito incongruente que possa parecer..." (Por muy incongruente que pueda parecer...) son las primeras palabras de El viaje del elefante, una idea que arrastra Saramago desde hace más de diez años, cuando viajó a Austria y por casualidad, entró en un restaurante de Salzburgo llamado El elefante.
Leer un fragmento del libro en el blog de Saramago: http://blog2.josesaramago.org
