Machera

el Robin Ju de Mérida



Machera, el Robin Ju de Mérida es un documental observacional con elementos de ficción que explora el mito surgido entorno a la figura de Luís Enrique Cerrada Molina (1956-1977), el muerto milagroso más popular de la urbe andina, quien fuera en vida un delinquente, famoso por repartir el botín de sus atracos en los barrios pobres de la ciudad y por haber sido acribillado en un sonado enfrentamiento con las fuerzas del orden.



Proyección este sábado, 4:30pm NO SE LO PIERDA

Programación Re-estrenos: el documental venezolano hoy

Entrada general BsF.3,50; Estud. BsF.3; 3ra edad BsF.1,80

Cinemateca Nacional, Sala MBA (Museo de Bellas Artes)

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“Machera es una fusión en la que hay elementos de lo sincrético,

de lo regional, de lo onírico”


Entrevista con Charles Martinez

Pablo Gamba


Machera, el Robin Ju de Mérida es una de las 12 películas nacionales de estreno que integró la programación de la Quincena del Largometraje Documental Venezolano. Es la ópera prima como director de Charles Martínez, quien también es el productor del filme. La fotografía es de Vladimir Sosnowski y Javier Carvajal, y la postproducción de Sosnowski, quien también hizo el montaje junto con Martínez. El director creó asimismo la música, en colaboración con Juan Jesús García, y la cinta tiene un elenco de actores que encabezan Luis de Lima y Melina Hidalgo, puesto que es un documental que incluye secuencias de reconstrucción de los hechos, a través de la ficción, y otras hechas en animación.


La película está dedicada al mito que ha surgido en torno a Luis Enrique Cerrada Molina, alias “Machera”, un delincuente de Mérida al que mataron de 72 balazos el 1º de octubre de 1977, luego de haber pasado 6 horas atrincherado en el baño de un rancho, cayéndose a tiros de metralleta con los petejotas. Machera se ha convertido en un muerto milagroso, sitial que comparte en el imaginario popular latinoamericano con figuras como José Gregorio Hernández, Pablo Escobar, Evita Perón y el Che Guevara, entre muchos otros. Después de muerto se le atribuyen milagros sobrenaturales. En vida fueron buenas obras de tipo social: era un malandro que ayudaba a los necesitados y que robaba alimentos para repartir en el barrio en tiempos de escasez. Su época, además, fue un tiempo de exaltación de personajes como él. Un año antes de que Machera muriera, Clemente de la Cerda realizó Soy un delincuente, que instaló al malandro entre los héroes del cine venezolano con un abrumador respaldo del público.


Martínez es un realizador joven cuyo trabajo está marcado por la música en general y por el lenguaje del videoclip en particular, lo cual aporta un toque especial a la película. Vértigo conversó con él sobre Machera, el Robin Ju de Mérida, la tercera cinta que se estrena este año con la figura del malandro como tema, después de Cyrano Fernández de Alberto Arvelo y El enemigo de Luis Alberto Lamata.



¿Cómo llegó al tema de Machera?


El descubrimiento del tema vino trabajando con Carolina Lozada, una amiga escritora. Ella escribió un cuento sobre Machera que me facilitó. Yo no sabía quién era él, y ella me contó lo que sabe todo el mundo. Quedé sorprendido, y le pregunté: “¿De Machera no hay una película?”. Me dijo: “No”. Entonces le dije: “Vamos a hacerla”. Así fue que surgió la idea. Me pareció que la mejor manera de abordar el personaje era el documental.


¿Por qué?


Por todas las distintas versiones que puedes tener en los testimonios en un documental. Eso me pareció lo más válido para explorarlo.


Parece haber en el cine venezolano un renacimiento del interés por el malandro. Este año se han estrenado dos películas sobre el tema, Cyrano Fernández y El enemigo, y la suya es la tercera. ¿A qué atribuiría ese interés?


Supongo que Alberto Arvelo habrá tenido influencias de Machera para hacer Cyrano Fernández. En este caso, por ser documental, lo quisimos hacer acercándonos lo más posible al personaje y a su entorno pero sin enaltecer su figura.


Pero, ¿a qué cree que se deba el interés actual del cine venezolano por el malandro?


Porque creo que debemos entender ese fenómeno como parte de nosotros mismos, como sociedad.


Dice que no quiso enaltecer el balandro, pero la película tampoco lo juzga negativamente. ¿Por qué quiso mantener esa perspectiva?


Porque para mí se trataba de ver la cuestión de la igualdad de oportunidades que tenemos que tener todos. Creo que, como sociedad, tenemos que darles más oportunidades a todos los ciudadanos para que no haya malandros, precisamente.


Con la cámara y el montaje, la película arroja una mirada sobre los personajes que hace comentarios sobre los testimonios. ¿Por qué recurrió a ese estilo en vez de tratar de ser aséptico?


Para incluir más al espectador; para que se sintiera más ahí, tal cual lo estábamos viviendo nosotros. Así como se ve en el montaje, así lo experimentamos nosotros. Fueron sorprendentes algunas cosas que nos pasaron. La idea también era que el montaje fuese muy dinámico y, aunque fuese un largo documental, no resultase aburrido sino lo contrario: que la gente, a medida que va avanzando la película, vaya encontrando elementos divertidos en lo que puede pasar con una cámara que está dando vueltas por la ciudad, hablando sobre un personaje.


¿Por qué decidió dramatizar la muerte de Machera?


Porque, como él pasó ahí mucho tanto, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, queríamos hacer un resumen de todo lo que pudiera haber pasado en ese baño, con esa persona ahí, rodeada, y todo lo que pudo haber sentido o no. También fue porque en Mérida se habla mucho de eso. Todas las personas que recuerdan ese día mencionan aspectos fantásticos: dicen que el personaje volaba por los techos. Entonces quisimos algo más normal, más cercano a la realidad.




¿Cómo se logró el contraste visual entre las entrevistas y la reconstrucción del pasado a través de la ficción?


Cada reconstrucción entra de una manera distinta, para que el espectador no pueda decir: “Ya sé que vienen con lo mismo”. También a veces se crean diálogos entre el personaje de la reconstrucción y los testimonios. En cuanto a las técnicas, fue muy libre en realidad. En algunos momentos se utilizó la cámara en mano, como si hubiese habido una cámara en esos momentos en la vida de Machera y se tuviera una gran cantidad de imágenes de toda su vida. Como un álbum que se va mostrando. Hay diferencias entre las reconstrucciones que son más de ambientación, para dar una atmósfera, y otras que son más específicas en cuanto a una acción en particular, por ejemplo, en el caso de los pollos, que es un hecho anecdótico importante que sí debía tener un pequeño desarrollo. Y, por supuesto, en lo último de la reconstrucción, que es el día fatídico del 1º de octubre de 1977.


Usted es músico y la banda sonora del filme está llena de música. En un documental más convencional quizás se hubiera utilizado menos ese recurso, para dejar que las voces de los que testimonian se escuchen sin ese sonido extra de fondo. ¿Por qué decidió hacer algo distinto?


Estábamos hablando de un tema sincrético y quisimos reflejar eso en la música. Hacer algo variado, que también diera elementos distintos al espectador, sobre todo al comienzo. Hay en la música elementos tradicionales y elementos tecnológicos. Eso es algo que también quisimos hacer: ver de una manera distinta lo popular. Ya entrando en la película, quisimos con la música reforzar las tensiones.


¿A qué se refiere?


Puedes estar escuchando algo muy lindo con una música que tenga tensión. Se crea un equilibrio distinto si la música no es tan bonita como lo que la gente está diciendo. Nosotros, como trabajamos en la musicalización, la vemos como algo muy delicado y quisimos bandearnos dentro de los límites, porque si haces el documental de Machera con la música de El señor de los anillos, ya dices otra cosa.


¿Qué cree usted que le aporta su experiencia como músico a su trabajo como cineasta?


Ha sido un crecimiento, también con la música. La madurez que uno va tomando con el tiempo al hacer la música también se aplica al cine. Si haces un tema musical y arrancas con algo sobrecargado, se te va a hacer más difícil hacer una pieza larga y llegar al final. Es una cuestión de desarrollo. Otra cosa muy importante es la fusión. Machera, como película, es una fusión en la que hay elementos de lo sincrético, de lo regional, de lo onírico. En eso también está la música.


Hay, además, una influencia del estilo MTV…


Creo que el estilo MTV a los jóvenes nos ha marcado en nuestros gustos, en la métrica. Eso quisimos hacer. Nosotros somos conscientes de ello, lo aceptamos y no lo vemos como algo que desmerite nuestro trabajo. Todo lo contrario. Hay mucho del videoclip en el documental.













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en la página de YouTube el Trailer de:

Machera, el Robin Ju de Mérida




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Fuente: Revista Vertigo


 

12 al 18 de febrero, 2009, no.32

semanario  cultural  de  caracas

http://www.corneta.org/

corneta