JORGE SANJINES

Cine, estética y compromiso

Jorge Sanjinés nació en La Paz, Bolivia en 1936. Realizó estudios de filosofía en la Universidad de San Andrés, y luego viaja a Chile, donde hace sus primeras aproximaciones a la realización cinematográfica. Manteniéndose con diferentes oficios desde 1957 a 1960 estudia en el Instituto Cinematográfico de la Universidad Católica, donde realiza tres cortos: Cobre (1958), La Guitarrita y El Manguito (ambos en 1959) Ver más sobre su filmografía en la siguiente página.

 




Sanjinés, es no sólo uno de los más importantes realizadores de Latinoamérica, junto a Glauber Rocha, Tomás Gutierrez Alea, y Arturo Risptein, sino que es de una coherencia absoluta, obrando en consecuencia con sus ideas, habiendo llegando a diluir su individualidad como creador, en el grupo Ukamau (Oscar Soria, Alberto Villapando, Antonio Eguino, Hugo Roncal, Jorge Vignati entre otros). Su cine va a los orígenes, no como una búsqueda o investigación antropológica, sino en una navegación de retorno. Sus guiones, siempre apuntan a la defensa del mundo andino, fieles a su cosmovisión.


Jorge Sanjinés, de una Bolivia sin recursos, es hasta hoy el cineasta boliviano que más largometrajes ha realizado y el que más reconocimientos nacionales e internacionales ha recibido. En sus realizaciones se preocupa en que su obra no sea sólo un discurso de ideales, sino un arte que influya eficazmente en la historia. Buscando en su cine belleza, pero no como un fin en sí mismo, sino como un medio para lograr el objetivo de visualizar una sociedad justa.

La mayoría de sus películas se realizan en el complicado lapso de irrupción de gobiernos militares de corte dictatorial, que va de finales de los sesenta a principios de los ochenta. A pesar de todo, siempre con ideas claras e imágenes surrealistas que aún hoy tienen vigencia.


Victima del coraje de su visión militante revolucionaria, como muchos intelectuales, artistas y políticos de ese momento, Sanjinés experimenta la censura, la persecución y el exilio. En ese contexto, su cine se fortalece por la adversidad, su firme convicción ideológica por alcanzar el equilibrio social y una profunda reflexión sobre su propia obra.


Esa reflexión lo convierte en uno de los teóricos más importantes del cine boliviano, con la publicación, en 1979, de su “Teoría y práctica de un cine junto al pueblo”, un extenso y detallado manifiesto de su mirada y forma de hacer cine.


“El cine revolucionario debe buscar la belleza no como objetivo, sino como medio. Esta proposición implica la relación dialéctica entre belleza y propósitos, que para producir la obra eficaz debe darse correctamente. Si esta interrelación está ausente, tendríamos, por ejemplo, el panfleto, que bien puede ser perfecto en su proclama, pero que es esquemático y grosero en su forma. La carencia de una forma creativa coherente reduce su eficacia, aniquila la dinámica ideológica del contenido y sólo nos enseña los contornos y la superficialidad sin entregarnos ninguna esencia, ninguna humanidad, ningún amor, categorías que sólo pueden surgir por vías de la expresión sensible, capaz de penetrar en la verdad” (Teoría y práctica de un cine junto al pueblo: 57-58).


Otro punto central de su poética es la inscripción del arte revolucionario frente a lo que él llama el arte burgués. En esta diferenciación, Sanjinés confronta el individualismo con el colectivismo. Al artista burgués individualista con el artista revolucionario comunitarista.


La mayor parte de su forma de hacer cine gira en torno a este concepto: para él, el artista revolucionario es un instrumento que sirve para que se exprese una colectividad, sin ponerse por encima de ella, sino a través de ella. Sanjinés considera que la mejor forma de entrar en comunión con el mundo es integrándose en el espíritu de su colectividad.


“Un film sobre el pueblo hecho por un autor no es lo mismo que un film hecho por el pueblo por intermedio de un autor; como intérprete y traductor de ese pueblo se convierte en vehículo del pueblo (…).

En el cine revolucionario la obra final será siempre el resultado de las capacidades individuales organizadas hacia un mismo fin cuando a través de él se capten y transmitan el espíritu y aliento de todo un pueblo y no la reducida problemática de un solo hombre. Esta problemática individual, que en la sociedad burguesa adquiere contornos desmesurados, se resuelve dentro de la sociedad revolucionaria en su confrontación con los problemas de todos y reduce su dimensión al nivel normal porque encuentra las soluciones en el fenómeno de la integración a los demás, oportunidad en que desaparecen para siempre la neurosis y la soledad generadora de todas las desviaciones psíquicas (Teoría y práctica de un cine junto al pueblo: 61).


Estos propósitos definidos son integrados en lo formal. Por ejemplo priorizar, en su enfoque, el uso del plano general sobre los primeros planos, o el “plano secuencia integral” que intenta captar
la percepción de tiempo y movimiento de la cultura andina. Todo en conjunto, todo en común unidad.

De este modo Sanjinés le imprime un sello propio a su obra, frente a las técnicas tradicionales del cine norteamericano del que intenta desligarse, pues entiende que no puede reproducir las mismas tácticas formales cuando su visión del mundo es otra, aceptando una vez más que en el arte la forma y el contenido son inseparables.



La obra de Sanjinés se divide en dos vertientes: una primera de denuncia, realizada en los tiempos más álgidos de la historia de Bolivia, que comienza
con su primer largometraje: Ukamau (1966), donde muestra la venganza de un indio por el asesinato de su esposa en manos de un mestizo. Sin duda, la contribución de Ukamau es refrescar verdades históricas. En ella se pueden encontrar referencias de un cine que hace un llamado a respetar y a atender la otredad con la que convivimos.


Posteriormente rueda Yawar Mallku (1969), en la que denuncia la esterilización disimulada que realizaba el “Cuerpo de Paz” de los Estados Unidos a mujeres campesinas. Otro filme importante de esta época es El coraje del pueblo (1971) donde reconstruye una masacre a mineros sucedida en 1967 en la mina Siglo XX.



La segunda época de la obra de Sanjinés es la de reflexión, como él mismo la llama. En democracia hace sus tres últimas películas: La nación clandestina (1989), Para recibir el canto de los pájaros (1995) y Los hijos del último jardín (2004).



En fin, cabe notar que con los cambios que se están dando en la sociedad boliviana, las películas de Sanjinés asumen un sutil rasgo profético, donde su cine tiene
el poder de despertar conciencias y, al hacerlo, se vuelve un potencial co-creador de la realidad.


Sanjinés trabaja la belleza y la poética como un referente para lograr algo más esencial, transmitir la voz de un pueblo, la expresión colectiva frente a problemáticas sociales, humanas. Y lo ha logrado a medida que fue pasando la historia, el cambio y quiebres que nos hacen pensar en su cine como visionario.


Es un modelo en el mundo para nuevas generaciones de cineastas a mirar a la otredad, como dijo Octavio Paz, el ser humano “en algún momento cae en cuenta de que vive separado de los demás; de que existe aquél que no es él; de que están los otros y de que hay algo más allá de lo que él percibe o imagina”. Mirar a los otros cineastas, a las otras culturas con respeto y admiración, y mostrar el valor de la otredad y de nuevas miradas a diferentes problemáticas, con nociones propias, que tienen mucho nuevo o distinto que ofrecer.



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Enlaces relacionados:


Reciente entrevista (texto 2008): Jugarse la vida haciendo cine

Red Voltaire: ¿Qué es y qué ha sido el cine del grupo Ukamau?

La Jiribilla: Fervientes banderas de Jorge Sanjinés

La Fogata (texto 2003): Entrevista con el director de cine Jorge Sanjinés

Centro Cervantes: Aspectos y modos de Jorge Sanjinés

Página de Jorge Sanjines

PUBLICACIONES: Teoría y práctica de un cine junto al pueblo.

México, España, Argentina, Colombia: Siglo XXI Editores, 1979.





Fuentes: Tierratrance / Nodo50 / Rebeldemule / página de Sanjinés


 

19 al 25 de febrero, 2009, no.33

semanario  cultural  de  caracas

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