
Moral, intelectuales y revolución
Luis Britto García
Ni el Derecho ni la represión sostienen por sí mismos los sistemas sociales. No hay policías ni tribunales para vigilar todo el tiempo a todos. La norma moral, que el propio individuo acoge y aplica, es el centro de toda convivencia. El futuro desvanecimiento del Estado sólo puede advenir mediante la actual materialización de la ética. No hay revolución con bingo, ni socialismo con casino, ni comunismo con garito, ni liberación con ruleta, ni emancipación con traganíqueles, ni igualdad con corrupción, ni solidaridad con acumulación privada, ni ideología con tahures, ni Hombre Nuevo con nepotismo, ni antiimperialismo con narcotráfico, ni Utopía con crimen organizado. Nadie predica mejor que el acto. El ejemplo redime o asesina sociedades. La lenidad es la principal fuerza de la corruptela.

Intelectuales y la revolución
El más falso de cuantos mitos ha creado la derecha es el de que la Revolución no tiene intelectuales. El más rotundo yerro de alguna izquierda en ayuno intelectual ha sido creérselo. Toda revolución es preparada por vanguardias ilustradas, y la venezolana no es la excepción. La guerrilla cultural que acompañó la lucha armada persistió durante la larga represión y mantuvo focos de contacto con los movimientos sociales. El proceso bolivariano nace de esta prédica constante, irreductible, empecinada. La verdadera intelectualidad siempre ha estado con la Revolución; es hora de que la Revolución verdaderamente esté con su intelectualidad. Sin ideología, la Revolución es piñata en la que todos se arrodillan para recoger dulces y se van al terminar el reparto. O inventamos, o erramos, decía Simón Rodríguez. Cada revolución es experiencia prodigiosamente nueva, que requiere más que cualquier cosa de la invención. Pero sólo inventa quien piensa. O pensamos, o no llegamos a ninguna parte.

Crónicas de la dictadura mediática
Para crear una nueva sociedad, debe la Revolución asumir todos los poderes. Mal puede consentir que el Cuarto Poder ejerza además el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial sin haber sido elegido por nadie. Quien adquiere un medio de comunicación pretende comprar el derecho absoluto, ilimitado y perpetuo de legislar, sentenciar y ejecutar sin rendir cuentas más que a su propio bolsillo. Así como los partidos políticos fueron suplantados por los medios privados, intentaron éstos sustituir a los poderes públicos con un golpe mediático. En él fueron cómplices los dueños de los monopolios de la comunicación y los funcionarios que debían controlar su cumplimiento de las leyes. Mientras tal contubernio no se destruya, cada mañana puede ser el umbral de una nueva dictadura mediática. Señaló Marx que las ideas de la clase dominante son las dominantes en todas las épocas, porque así como aquella es propietaria de los medios de producción material, también es dueña de los de producción intelectual. Así como el capitalismo intenta monopolizar todas las funciones del hombre, trata también de confiscar el pensamiento. La revolución sólo dominará intelectualmente cuando su control social de los medios de producción material se extienda a los de producción intelectual.
La malignidad del enemigo

La patria es América

Fuente: http://luisbrittogarcia.blogspot.com

