“Me convertí en un optimista”
En la ocasion de la Feria del Libro en la Habana Mabel Machado entrevista al filosofo chileno Humberto Giannini quien nos comenta que ahora es un “optimista, una persona que piensa, pero piensa en qué hay que hacer de inmediato”.
Mabel Machado

Deja incontables enseñanzas a su paso por la Isla este especialista en Hermenéutica y Filosofía de la religión y autor de obras como Reflexiones acerca de la convivencia humana (1965), El mito de la autenticidad (1968), Desde las palabras (1981), Tiempo y espacio en Aristóteles y Kant (1882) y La experiencia Moral (1992).
Usted ha expresado durante la Feria del Libro, que la dictadura pinochetista en su país se convirtió también en una persecución de aquellos que profesaban el pensamiento libre. ¿Cómo describe los daños provocados por este proceso al desarrollo del pensamiento en Chile?

He leído por alguna parte que desde entonces siente que su pensamiento se radicalizó, se hizo más realista, que esta etapa marcó una ruptura en su manera de afrontar la filosofía y la vida…
Claro, no podía seguir pensando en una sociedad ideal cuando vivía en una sociedad dramáticamente real, y a la que había que darle la vuelta. Entonces me volví un optimista, una persona que piensa, pero piensa en qué hay que hacer de inmediato. Y entre las cosas que era necesario hacer, era acortar las distancias entre el filósofo y el político. El filósofo necesariamente tiene que participar de la vida pública. Si hay algo que se mantiene como grandioso del mundo antiguo es que los filósofos participaban de la política, la política era un momento muy importante para los hombres.

Esto ha sido muy dañino, el eurocentrismo, en gran medida, parte de nosotros mismos. Nosotros queremos hablar con Europa, y no entre nosotros. Eso sigue ocurriendo en América. Cuando nos referimos a algún autor, generalmente lo hacemos a autores europeos. Ellos no quieren saber nada de nosotros, no existimos; en cambio, para nosotros las preocupaciones giran en torno a cómo parecernos a los alemanes, cómo decir algunas palabras en alemán, etcétera. Es una comedia un poco ridícula. Creo que la preferencia o la búsqueda de la vida cotidiana suprime también eso. Nosotros somos actores del drama humano al mismo nivel, pero desde otro lugar. Yo digo que en Chile hay filósofos, no hay filosofía, porque ella se hace entre los filósofos y nosotros no lo hacemos.
Quizá otorgar mayor relevancia a ese aspecto haya sido uno de sus propósitos en obras como su Breve Historia de la Filosofía. ¿De qué manera lo ha manejado en sus textos?
He escrito bastantes obras sobre autores chilenos. En la Historia de la Filosofía en cada momento hago referencia a Chile como lugar de filósofos. Ahora se comprende que el diálogo no existe entre nosotros. Hay que provocarlo.
¿Por qué vías, a su juicio?
Atacar la forma de la sociedad chilena, la forma de reflexión, atacar todos los restos que quedan de dictadura ―aún quedan muchos―. La dictadura no se va cuando es arrojada. En la educación seguimos con muchos vestigios de la dictadura. Tiene todavía una sombra de aquella época: autoritaria, separatista ―los estudiantes que pertenecen a las clases privilegiadas deben estudiar materias sublimes; y los pobres, trabajos manuales―. Todo eso queda. Chile fue un país muy democrático en cierta época, tenía una educación de lujo, de bien. Hoy día educarse cuesta muy caro en el país. Cuando nos preguntamos cómo provocarlo, nos encontramos con un panorama en el que no hay dónde escribir. La única posibilidad es escribir libros, porque en los diarios tampoco se puede, en una sociedad marcada por una libertad de prensa que es una libertad de los directores y los dueños de medios, pero no de conciencia.
¿De qué manera los medios de comunicación pudieran contribuir al encuentro de los seres humanos consigo mismos y con su propia cultura, cuando en la actualidad las sociedades nuestras se vuelven cada vez más fragmentarias, más clasistas?

Hace un mes, desapareció un hermano mío en la selva ecuatoriana. Yo escribí una carta a los diarios, pese a haber escrito ya en otros, pidiendo que se preocupara la prensa de ayudar a buscarlo. No me publicaron la carta. No les interesa. Se ocupan de otros temas.
Sí, se ve una marcada tendencia al show, al exhibicionismo en el contexto mediático…
Además. Está llena de una vanidad, y de un farandulismo inmenso. Les preocupa solamente el espectáculo, porque eso adormece. El espectáculo hace participar incluso a la juventud y la hace perderse un poco, perder la capacidad de crítica, que es lo más hermoso en esta etapa.

El trabajo está concebido como una competencia simplemente. Desde que se entra a estudiar, como cuesta tanto dinero, lo que piensa naturalmente el padre del alumno es que tiene que recuperar lo que ha perdido en esos años de estudio. El afán del joven entonces es recibirse, para trabajar, trabajar para ganar dinero, ganar dinero para él, como individuo. Es muy distinto a la idea de una profesión como contribución social, como servicio público, que era la que teníamos nosotros cuando la educación era gratuita en Chile.
¿Cuál es el papel que deben jugar entonces las instituciones formativas y la literatura dentro de sociedades marcadas por la proliferación de paradigmas enajenantes?
Me parece que las instituciones humanistas deben jugar el papel más libre posible, no proponerse sino hacer lo que deben hacer, enseñar la belleza del pensamiento, de las letras, enseñar cada una su propia materia con pasión, y mostrarnos que la actividad en la vida humana es esencialmente eso. La idea de vocaciones se ha perdido y debe recuperarse. La profesión no es una manera de ganar plata a costa de los individuos que deben servirse de ella, sino que debe basarse en la vocación.
¿Qué valoración le merece el rol de los llamados medios de información alternativos, hablando de contemporaneidad y comunicación?

Cada vez leemos menos la prensa, la oficial, la prensa piraña. Yo mismo he renunciado casi públicamente a leerla. Es necesario buscar otros medios de comunicación.
¿Qué posibilidades tienen de realizarse los presupuestos de su teoría de la relación de los sujetos con las ideas (conocimiento de los individuos de sí y de los demás a través de la experiencia común y de la comunicación) en escenarios donde las clases y grupos se separan cada vez más?
En la medida en que eso cunda, que no seamos capaces de reaccionar ―y hay esperanzas de que podemos hacerlo― el individuo es aquel que dice: “solo yo cuento, los demás no”. Lo que yo trato de demostrar en filosofía es que el sujeto como individuo, no como persona, vive una ilusión: existimos porque existen los demás, la conciencia de mi existencia está dada por los demás, y mi relación al mundo es una relación a los otros. En la medida en que se pierda esa noción de una relación a los otros la vida pierde todo sentido. Las sociedades se van realmente a la catástrofe. La chilena, afortunadamente, tiene ahora un gobierno que ha hecho lo que ha podido. Hay que empujar mucho más. Es necesario tener una conciencia de que la sociedad, aquella por la cual viven los individuos, hay que cuidarla.
¿Cómo ha visto reflejada la cultura chilena, las letras, el pensamiento de su país, en esta Feria Internacional del Libro de La Habana?

En esos puentes de entendimiento entre un país y otro, entre una cultura y otra, ¿qué faltaría por lograr para que nuestros pueblos se conocieran más, en ese anhelo americano de la integración?
Faltaría una relación más permanente. Esta relación ha sido momentánea y muy hermosa; pero, por ejemplo, es necesaria la presencia en las universidades de profesores de ambos países, que pudiera mostrar de manera estable cómo se está viviendo, y dar la posibilidad de conversar sobre lo que nos pasa.
La Universidad de Chile, se abre bastante al intercambio. Una Feria desgraciadamente se termina, pero una relación a través de organismos es muy importante. Yo ofrezco lo que tiene la Universidad de Chile, que es como mi casa, para lo que pueda contribuir al pensamiento cubano.
Fuente: La Jiribilla

