30 de abril al 6 de mayo, 2009, no.43

semanario  cultural  de  caracas

corneta


Activistas de la rima en asonante


por Daniel Carretero



DIAGONAL conversa con cuatro artistas que representan ramas diferentes de la poética escénica actual. Los cuatro se juntaron en la sala Pradillo de Madrid, donde el spoken word, la palabra proyectada, digitalizada o pornografiada con esquemas sadomasoquistas se llama ‘Vía Oral’.


La poesía no se lee, o al menos eso es lo que dicen los datos. Parece que funciona mejor cuando entra por los oídos, a través de la escucha. Y esto puede convertirse en virtud, porque el boca a boca suele funcionar mejor que el crossbooking. Este género está buscando su vuelta de hoja y las tecnologías han servido de herramientas para formatear su proceso creativo. O al menos su puesta a punto. El acto poético convertido en acto público.



Como dice Diana Junyent, podríamos empezar por redefinir lo que es o no poético, ya que su espectro es tan amplio que puede ir desde el encorsetado soneto, pasar por la delicadeza modernista, y llegar hasta el escupitajo de La Polla Records. Pero desafortunadamente, ése es otro reportaje. El ciclo ‘Vía Oral’ plantea cuatro voces de distintas disciplinas. Poner de acuerdo esas cuatro tonalidades es pura acrobacia. Como mezclar a Haendel con una alteración de 78 r.p.m. Formulando un cuestionario, clonado para cada artista del ciclo, unificamos cuatro plumas virtuales. Éstas son sus declamaciones.


DIANA JUNYENT: Mi poesía parte de una base simple, la palabra llana. La que utilizo en mis performances y como arma es una poesía que todo el mundo puede comprender. Como decía Gabriel Celaya: “No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto”. Tampoco es un ‘lujo cultural’.


PECATA MINUTA: Aquello/a que huye de la literalidad, que retuerce las ideas hasta sacarles la tinta, que prescinde de lo imprescindible para jugar con las palabras y leer entre sus letras, oír sus silencios, sus gritos, y sus risas.
 
  
GONZALO ESCARPA: “Un estupefaciente auricular”, como diría Ory. Una agresión lingüística que produce el extrañamiento de nuestra visión de la realidad. Ritmo, rima y risa, una arquitectura sin tiempo y sin espacio. “Todo lo que se mueve es poesía, todo lo que está quieto es prosa”, afirma Parra


FERNANDA ORAZI / JUAN BRANCA: Una configuración singular de ‘elementos’ en tiempo y espacio que, al percibirla, en el mejor de los casos nos expulsa de la lógica y nos conmueve en un sentido difícil de traducir a palabras. Pero no sé si todo lo que me conmueve puede llamarse poesía.
 


El papel o el píxel En la actualidad, los nuevos formatos de comunicación han diversificado lo poético con la disyuntiva entre el papel o el píxel. Escarpa analiza la cuestión como “algo que ya hicieron los juglares, los goliardos, y los ciegos que vendían pliegos de cordel”. “Hoy, es difícil encontrar una fíbula, pero no un ipod o un sintetizador. Los creadores echan mano de los elementos que forman parte de su imaginario. Pero no es una elección que obligue a descartar, sino a conmover” (Orazi/Branca), porque “nuestra poesía está pixelada, pero no descartamos que encuentre su papel” (Pecata Minuta).


El grado performativo supone sobre-exponer la palabra sobre el cuerpo. “La faceta oral del poeta, desde hace mucho tiempo, se concibe como algo siempre unido a la textualidad. Mi poesía no está concebida para leerla porque mi corporalidad forma parte de ella tanto como la palabra misma, y escindirme de esto es prácticamente una forma de autotraición” (Junyent). La conversación gira hacia la intimidad para explicar el punto mágico de este género que, en ocasiones, pasa por “desconcierto e intuición” (Pecata minuta), atrae por “su condición efímera, donde es más importante la verosimilitud que la verdad, la capacidad para el disfraz, la fusión de tradición y modernidad, la capacidad de congregar en torno a ella a públicos normalmente alejados de las órbitas poéticas (Escarpa); y otras veces, es “el propio hecho poético, en el acto en sí” (Orazi/Branca).


“El concepto de poesía y performance eran indisolubles en los orígenes clásicos griegos, y así es en mi caso. El hecho de que recite desnuda, me masturbe, me penetre o me flagele mientras recito no es fortuito, es la poesía de mi cuerpo y mis acciones, más allá de lo literario. Considero que mi método personal es el único eficaz que tengo, tampoco conozco otro” (Junyent). Desde hace tiempo, otros acontecimientos poéticos lanzan en Madrid el hacha por la hermana pequeña de la narración: Poetas por Km2; Yuxtaposiciones; encuentros AVLAB; Palabras Habladas… Pequeños focos que se extienden por igual en el resto del Estado español, pero quizá poco respaldados por las instituciones.


“Como toda fuerza espontánea y popular corre el peligro de convertirse en un tentáculo más del poder del mercado. Sin embargo, la poesía sabe defenderse ella sola de este tipo de riesgos. No recuerdo quién decía que en la poesía no hay dinero porque en el dinero no hay poesía. Hay una inmensa minoría que espera la llegada de contenidos culturales más nutritivos” (Escarpa).


Aunque “cualquier empuje siempre viene bien, es uno mismo el que tiene que procurar sortearlos y evitar caídas al vacío de lo mediático. Ya esté detrás una entidad financiera, o una asociación cultural, lo importante es que se posibiliten plataformas desde las cuales dar a conocer otras manifestaciones poéticas posibles” (Pecata Minuta).


Pero existan o no esos empujones institucionales, “crecerá en la medida en que sea necesario. Lo que tiene potencial de expansión se expande con o sin empujones” (Orazi- /Branca).


Y cuando un espacio no existe, lo mejor es crearlo, porque la estela de las lecturas poéticas brota en los lugares más insospechados. “No es necesario un Ministerio de la Poesía. No sería poético” (Escarpa). Pero esta necesidad muchas veces se queda en las esquinas de las ciudades como los perros abandonados, en busca de una estancia que la acoja. “Por eso es urgente tomar las calles y coger lo que es nuestro en los espacios públicos. No creo que mi poesía sea de estanterías” (Junyent).


“Como decía Jarry, aumentemos la confusión para verlo todo mucho más claro. Un buen poema no es sólo un texto. Toda la ciudad es un texto tramado por todos los que la habitan” (Escarpa). “Nos sentimos unos vagabundos que se adaptan a cualquier estancia. Los espacios se generan en la medida en que hay deseo y necesidad. Si queremos poesía habrá poesía. Si queremos televisión habrá televisión. Si queremos cañas, habrá bares. Si queremos ser felices...” (Orazi/Branca).


No hay epílogos, ni dedicatorias a pie de página, ni índices válidos. Sólo queda desgranar cada lámina de las capas que se superponen en estas palabras. Y regar con un poco de poesía la primavera, para que de vez en cuando broten significados.






<-- EN EXTENSIÓN. Como Vía Oral,

proliferan en el Estado formatos

de tecnopoesía escénica reivindicativa










Fuente: diagonal