Amarillo Nº 5
y la toxicología de la representación
Texto de Carmen Hernández,
coordinación de Artes Visuales del Celarg
Como parte de los objetivos institucionales de contribuir a la reflexión de las representaciones sociales desde las artes visuales, la Sala RG presenta la muestra Amarillo Nº 5, integrada por los trabajos de Rafael Bethencourt, María Egea y Luz María Varela. Este proyecto, realizado por sus integrantes como una curaduría colectiva, interpela al público a cuestionar los mecanismos de seducción que se desarrollan en el espacio público para domesticar a los sujetos femeninos a través de un modelo de “belleza” sustentado en una lógica meramente epidérmica.
Esta línea de investigación cuenta con cierta trayectoria en el arte local desde los años 90. Incluso dos de las artistas exponentes, María Egea y Luz María Varela, formaron parte de la muestra Agua de colonia, exhibida también en la Sala RG, en 2005, que ironizaba sobre el uso del cuerpo femenino como producto de consumo. En esta ocasión, se introducen nuevos elementos reflexivos, a partir de la alusión toxicológica del “Amarillo Nº 5” (Tartrazina o FD&A Amarillo No.5), un pigmento artificial que le brinda “color” a los productos de las industrias de la gastronomía, farmacología y cosmética.
A partir de exaltación banal de esta “estética” de lo apetecible, Bethencourt, Egea y Varela subvierten los modelos femeninos más explotados en algunos imaginarios colectivos —como la figura de la muñeca Barbie en el universo del juguete, la imagen de la “mujer perfecta” en la publicidad y las mujeres vampiras en la pintura y la literatura— y crean “escenografías corporales” de un escenario doméstico “artificial” y “tóxico”, que remite al sometimiento y la tortura.
A pesar de los desplazamientos que ha experimentado la literatura de vampiros desde su emergencia en el siglo XIX (Carmilla de Sheridan LeFanu, 1872, y Drácula de Abraham Stoker, 1897), en cuanto al sentido trágico de la vida y la necesidad de trascendencia, se conserva una actitud fatalista que promueve una voluptuosidad insaciable y despiadada, que ha derivado en un erotismo cool, más caracterizado por la morbosidad y el deseo de “devorar” al otro, que por el placer y la pasión. De modo similar sucede con los modelos femeninos de la industria del juguete: la imagen de la estilizada y contorneada Barbie, blanca, de cabellos lacios y rubios, ha ido desplazando a la muñeca de rasgos infantiles que contribuía a estimular en las niñas el instinto maternal. A esto se suma que el modelo de belleza imperante en el campo publicitario, estimula formas híbridas e inalcanzables.
Amarillo Nº 5 como proyecto discursivo representa el reto de tres artistas venezolanos: un hombre y dos mujeres que asumen el compromiso de debatir sobre los modelos de sujetos femeninos que se privilegian en el espacio público de intercambio simbólico, donde todavía predomina una visión androcéntrica que, desde la división “cultura/naturaleza”, continúa sometiendo a los sujetos a negarse como individuos para asumir el puro sentido “estético” de la forma. De esta manera, las prácticas artísticas contribuyen a reconocer que las industrias de la moda, la cosmética, el juguete, la gastronomía, entre otras, son susceptibles de ser analizadas desde lo cultural, como políticas de representación.








