Martillazo a la economía:

Las verdades como puños

de Antonio Baños



por Antonio G. Iturbe


En “La economía no existe” (Los Libros del Lince), el periodista cultural Antonio Baños se lía a guantazos con el sistema económico. Avanzamos un fragmento de un libro que debería ser muy polémico porque argumenta y razona de manera inapelable algo que en la calle se sospechaba desde hace tiempo: las grandes finanzas y la bolsa son una gran mentira. Son el traje invisible del rey del cuento de Andersen. Y Baños, el niño que por fin grita que el rey va desnudo. Pasen y vean.


Baños advierte desde las primeras páginas que lo que viene a continuación es un panfleto: no va a forrarlo de cifras como los ensayos supuestamente sesudos y profundos (aunque después cada uno coge las cifras que le convienen y deja de poner las demás), ni pretende dar solución ninguna: “Y como tal libelo, no tiene la menor pretensión de alcanzar la verdad, al estilo de cualquiera de los tratados de economía que se suelen publicar. El método y el rigor, utilizados desde el dogma, no son más que trabas que se oponen al conocimiento. El libelo utiliza la experiencia directa y la asociación de ideas, la excepción, la patafísica, y el sentido común y la humanidad como argumentos, y emplea las voces de la autoridad y la experiencia para arrastrar como un aluvión todo tipo de
mensajes, pues pretende conseguir que se desborde el moroso cauce del discurso institucional. Aunque tampoco tenemos por qué preocuparnos en exceso, ya que la economía no es un discurso. Es, técnicamente, una monserga.”


Aunque el tono distendido que utiliza Baños hace sonreír constantemente, el fondo de sus refelxiones es como para echarse a llorar. Opina que los brokers son los nuevos chamanes, que amenazan con el fin de los tiempos si no se siguen sus reglas del juego financiero y se veneran sus templos bursátiles, de los que parece emanar el aliento divino que mueve el mundo. Como si la civilización no llevara miles de años funcionando perfectamente sin que hubiera fondos de inversión a rendimiento variable.


La parábola del enfermo


Baños se dedica de manera sistemática a desmontar un lugar común aceptado urbi et orbe: la economía es una ciencia muy seria. Y a la vista de lo que nos cuenta ni es ciencia ni es seria en absoluto. Y el libro está lleno de ejemplos. Un informe muy serio del Deutsche Bank de 2007 afirmaba con precisión matemática que España tendría un crecimiento económico sostenido del 2,8 por ciento hasta 2020; los premios Nobel hacían todo tipo de previsiones a cual más desacertada; por no hablar de la máxima autoridad económica española, el ministro de economía, que cambia las cifras del crecimiento, la inflación o el desempleo como los cartelones de los marcadores de los campos de fútbol de barriada: a medida que entran los goles varían los guarismos. Pues, nos dice Baños, para eso no hacen falta tantos másters ni honoris causa.


“Imaginemos que una persona enferma acude a un centro de salud y le dicen: ‘Uy, madre. Sus síntomas se deben a diversas y complejas causas que pueden ir desde un cáncer a un resfriado; desde la rubeola a la inflamación de la próstata. Primero hay que ver la evolución de los macrosíntomas, las respuestas que produzca su cuerpo; sólo entonces podremos elaborar planes de choque’. El paciente está preocupado, acude al hospital, y allí le hacen unos análisis: ‘Nuestra previsión -le dice el analista- es que le quedan dos días. Perdón, las expectativas son ahora optimistas: calculamos tres años de vida. Bueno, hoy hemos revisado nuestra previsión a la baja y de hecho
creemos que ya debería estar muerto’. Se me afeará el ejemplo diciendo que no se puede comparar la medicina con la economía. La primera es una ciencia seria, que mantiene su prestigio por su capacidad de alargar vidas, y en eso les doy la razón. Ahora bien, si la economía no es una ciencia, si no puede curar los males que ella misma crea, si no puede prever el resultado de lo que propone como solución o terapia, ¿qué tipo de disciplina es? (¿y para qué sirve?).


Puesto que queda claro que se trata de un conocimiento vagamente sistemático y profundamente esotérico, que a veces acierta y otras no, y que encuentra siempre una explicación plausible a cualquier resultado que se produzca, no es mucho lo que diferencia a un economista de un astrólogo. De hecho, la economía podría llegar a ser una ‘ciencia’ si se limitara a ser una ciencia forense. Porque nos explica de qué ha muerto el tipo, pero pocas veces acierta a salvarlo. En economía, como en una barbería de barrio, hay multitud de voces. Voces a todas horas, que expresan todas las opiniones posibles. Esta proliferación de voces sólo garantiza que alguna de ellas acabará teniendo razón, salvando así la credibilidad general de la barbería.”


¿Dónde está la pasta?


La manera como Baños argumenta, con flagrantes y muy abundantes ejemplos de la vacuidad de los presuntos sabios del sistema financiero, es difícilmente rebatible. Además, lo hace sin echar a esa prosa obreril que dibuja a los banqueros como seres malignos, cerdos con chaqué y chistera que fuman grandes puros. El autor no acusa a los dirigentes financieros de robar, sino de algo mucho más sofisticado (y terrible): de levantar un tinglado donde nos hacen creer que se mueve mucho dinero cuando lo que se mueve es humo (fondos, acciones que valen lo que alguien dice que valen, participaciones en bolsa donde el valor de las cosas también varía en función muchas veces de ningún motivo tangible…). Los bancos no se han quedado sin dinero; sencillamente no lo tenían porque lo que sus cuentas de resultados proclamaban como beneficios era puro humo. ¿Y dónde está la pasta contante y sonante de perico y juanito, las nóminas de la gente de la calle? Pues en los bolsillos de los macroejecutivos y brokers que se adjudicaron unos sueldos descomunales. Ellos sí cobraban en metálico y dejaban las cajas fuertes de los bancos limpias de billetes y llenas de participaciones en fondos de inversión, acciones de empresas de internet, miles de hipotecas de gente que no podría devolverlas, etc.


Leído este libro y visto el panorama, habría que plantearse si cierta gente es tan seria como aparenta ser.



++



El libro es una pura novedad en varios aspectos: un libro sobre economía sin cifras, datos y ni una sola estadística. Además se entienden todas las palabras que salen.


Es probable que al leer el título que luce en la cubierta más de uno haya torcido el gesto, chascado la lengua y negado con la cabeza: ¿cómo no va a existir la economía, si estamos todos fastidiados por la crisis? Pues precisamente por eso. Bajo el yugo de la econocracia, la vida se ha reducido a cifras y modelos, que los economistas aplican sin piedad, y metiendo la pata con asombrosa frecuencia. Al igual que los escolásticos en su momento, los econócratas practican una forma de onanismo mental. Antonio Baños Boncompain ha decidido exponerlos al escarnio público. Su lectura transversal de los clásicos y los neoclásicos, los progres y los reaccionarios le permite desvelar que la economía no es sino un sistema de creencias disfrazado de ciencia, y que sus profetas fallidos son los verdaderos responsables del fiasco.


Como lo descortés no quita lo valiente, en este libro el humor (más bien negro) y la denuncia (más bien agria) forman un tándem magnífico. Lamentamos informar de que en esta audaz historia destructiva de la econocracia se prescinde de los palabros propios de la casta sacerdotal de los economistas. Así que donde otros hablan de plusvalía, agregación, marginalismo o apalancamiento, aquí se anima a contraatacar empleando términos como esto, aquello, cosa, fistro o timo. No se lo pierdan.




La economía no existe

de Antonio Baños Boncompain

Editorial: Los libros del lince

Número de páginas: 240

P.V.P: 16 €


http://www.myspace.com/laeconomianoexiste




Fuentes: que leer // Traficantes de Sueños






 

18 al 24 de junio, 2009, no.50

semanario  cultural  de  caracas

corneta