9 al 15 de julio, 2009, no.53
9 al 15 de julio, 2009, no.53
semanario cultural de caracas
corneta

Diálogo en el fin del mundo
Por Juan Cruz
Vicente Verdú, poeta, periodista, narrador y ensayista, se ha distinguido en España (y en el mundo) por haberse adentrado con solvencia (y literatura) en algunos de los episodios socioeconómicos y culturales que han definido el mundo en el siglo XX. Y ya comenzado el siglo XXI se ha apresurado a hacer un diagnóstico de este período crítico que vivimos con un título que prolonga su bibliografía, casi toda en la editorial Anagrama. El capitalismo funeral , que acaba de salir en España, se suma a sus estudios sobre Estados Unidos, sobre China, sobre el lujo y la cultura.
En "El capitalismo funeral" usted comienza hablando de cómo se hace un libro, sobre cómo el libro se va haciendo, en cierto sentido... Es una interesante reflexión. Hay gente que despliega papeles, croquis. Y a usted el libro se le va haciendo...
Siempre me han chocado mucho estos novelistas, y no sólo novelistas, que dicen: "Tengo todo el libro en la cabeza; sólo me falta escribirlo", como si el proceso de escritura fuera una mecanografía... Todos sabemos, si nos ha gustado escribir y hemos apreciado la forma de decir las cosas, que la escritura es un medio vivo que suscita ideas, que cambia las preexistentes, que abre caminos insospechados y que crea, en general, el gran gozo de escribir.

Y una falla en la historia de la cultura, dice usted.
Creo que la crisis no es exclusivamente financiera y económica; hay implicados muchos más elementos. El especulador no puede especular si no hay gente con quien especular; el estafador no estafa si no hay un cándido; la gente no se aventura en las hipotecas si la época no lo promueve. Todo esto tiene que ver. Y tiene que ver, por si faltaba poco, con la pérdida de calidad de las cosas. Cuando se habla de los bonos basura o de las hipotecas subprime , eso es concordante con el trabajo basura, con la tele basura, con la comida basura y con la mala calidad de las personas, porque ésa es una cuestión que a mí me ha parecido interesante para explicar. No estoy moralizando, estoy hablando de la ruptura de los materiales...
¿Somos peores?
Los materiales eran malos. La amistad estaba deteriorada o era floja. La calidad de las personas también bajó en correlación con la baja calidad de los tejidos en los vestidos, de las comidas, del trabajo, de los muebles.
Le repito: ¿somos peores?
Los conceptos morales son peores respecto a los valores absolutos. Somos menos consistentes. Una economía especulativa como la que venía necesitaba perder consistencia y ganar elasticidad, facilidad de circulación, ligereza, poco afianzamiento. En Estados Unidos hay una cosa que se valora en los empleos: el lastre cero. Se llama a una persona de lastre cero a aquella que no tiene raíces, que tiene pareja pero no está enamorada, que no tiene hijos o los tiene distanciados, que tiene una formación pero no es una formación muy vocacional. Es un mundo ligero y volátil, propenso a desvanecerse.

¿Es el fin de fiesta? ¿La globalización ha sido un espejismo?
Ha sido una suerte de orgía la idea, por ejemplo, de que uno se podía enriquecer en poco tiempo. Como el placer no era malo o condenable sino productivo a través del consumo, que no era pecado mortal, sino que estaba formando parte del espíritu del tiempo, todo había que disfrutarlo en esta vida. Y ésa era la norma que persistía en todos los ámbitos. Esa época también coincidía con un aturdimiento, faltaba un proyecto de vida. La idea del proyecto de vida es más propia de una época anterior. Casarse, tener hijos, afianzarse en un trabajo de por vida, la extremaunción y el cielo. Todo ese proceso predeterminado se descompone en la segunda mitad del siglo XX: no hay una sino varias parejas, no uno sino distintos trabajos en diferentes lugares, no una familia única sino un ensamblaje de familias mecano, etcétera. El fin de fiesta es el apagón de las luces y el momento en que llega la meditación. Creo, como todo el mundo ha dicho a lo largo de la historia, que las crisis son un momento muy propenso, e incluso inexorable, para poder renovarse y recomponer un proyecto con un sentido cada vez más consistentemente humano.
¿Y cómo será el mundo?
Puede que sea menos jerárquico y más matricial, más equitativo y colaborador. Más horizontal y tramado a la manera que hemos aprendido en la red y más directo e interactivo. La figura del intermediario financiero que se llevaba prácticamente todo el beneficio del agricultor se corresponde con el intermediario financiero que nos explota con sus comisiones. O con el intermediario político, que con su corrupción malbarata nuestros bienes, y con su endogamia desdeña gradualmente al ciudadano en beneficio de conservar el poder a toda costa. Este mal del intermediario ha sido rotundamente denunciado y demolido por la acción en la red y los contactos directos entre empresas o persona a persona.

Pasamos de lo simple...
Pasamos de lo simple a lo complejo; el mundo de la complejidad sustituye al mundo de la mecánica. Una sociedad muy piramidal no alcanza más complejidad que la complejidad de su jefe máximo, mientras que una sociedad en horizontal, como permite la red con sus códigos abiertos, tiene más posibilidad de introducir mejor y más apropiados elementos en un mundo complejo.


Cita un verso de Hölderlin: "Donde hay peligro también surge la salvación".
Esta sentencia forma parte del pensamiento que señala el mal dentro del bien o viceversa, que ve siempre dentro del sí un pequeño no y al contrario.

Título: El capitalismo funeral | Autor: Vicente Verdú | Editorial: Anagrama
Género: ensayo | Colección: Argumentos | Páginas: 200 | Precio: 15 euros
Fuente: Revista ñ
