
La aventura surrealista
Por: Raúl Henao
“A la cólera y a la inocencia de ciertos hombres que están por llegar, corresponderá extraer del surrealismo lo que ha de seguir estando vivo y restituirlo, al precio de un buen saqueo a sus objetivos propios”. (André Breton. II Manifiesto del Surrealismo).
Contrariando las tesis y posturas academicistas que siempre han querido circunscribir al período de “entre guerras” la vigencia y actualidad del movimiento surrealista, éste se prolongó a lo largo del siglo pasado, como lo corroboraron los muchos grupos artísticos y literarios que así continúan autodenominándose en las principales capitales europeas y americanas del mundo moderno.

Frente a dicha “realidad” conceptual y artificiosa, en primera instancia el surrealismo se define como “una operación de gran envergadura concerniente al lenguaje” (1) que intentará expresar verbalmente o por escrito y al margen de todo control y preocupación estética y moral, los dictado del “automatismo psíquico” y la “omnipotencia del sueño”… para ya, en segunda y última instancia, constituirse en una empresa o aventura de carácter metafísico (no encuentro otro término apropiado para designarla, a pesar de la acepción sospechosa que tal calificativo revestía para su fundador) buscando como único objetivo y finalidad alcanzar ese punto o límite impensable del espíritu, donde “la vida y la muerte, lo real e imaginario, lo pasado y lo futuro, lo comunicable e incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de ser percibidos como contradictorios” tal como reza la admirable definición consignada por André Breton, en las páginas del segundo manifiesto del surrealismo.

No sobra subrayar aquí que “la piedra angular” lo fundamental del surrealismo a mi modo de ver, consiste en la forma magistral como ha sabido conciliar el espíritu nuevo y vanguardista de movimientos de comienzos de siglo como lo fueron el Dadaísmo, el Futurismo y el Cubismo –deslindados de sus elementos puramente nihilistas y formalistas- con cierta tradición central y visionaria occidental, auténtica “línea negra” (J. Habernas) profesada por los órficos y filósofos neoplatónicos griegos y latinos, los trovadores provenzales, los grandes románticos alemanes e ingleses, los simbolistas y poetas malditos franceses… y que al decir de Octavio Paz, “no ha cesado de inquietar a los más altos espíritus modernos” (4).

En relación con lo anterior, como era de esperarse, hay que decir que el rechazo bretoniano del compromiso político unidimensional y partidista – que excluye dogmáticamente la prosecución de la aventura o experiencia interior – se suma ahora el de la actitud opuesta: la de quienes buscan confinarse solamente en el plano artístico o se refugian en la escritura de la poesía pura…
“Combatimos la indiferencia poética en todas sus formas; el arte como distracción, la investigación erudita, la especulación pura; no queremos nada en común, con los pequeños y grandes rentistas del espíritu. Todas las cobardías, todas las abdicaciones, todas las traiciones posibles no nos impedirán que acabemos con esas bagatelas” (6).
En fin, el surrealismo se niega a ser tenido solo como un movimiento puramente artístico o poético apartado de la vida. Su consigna es pues “practicar la poesía”, deconfiar de los “modos convencionales de pensar”, exaltar lo maravilloso que es inmanente a la realidad, por sobre lo fantástico, que peca de abstracto o artificioso. Aunar los dictámenes del sueño a los de la vigilia (“ninguna acción individual ocolectiva, sobretodo política, puede prescindir de los consejos del sueño” J.P: Morel), Anteponer la imagen que conjuga –flash de un relámpago- los aspectos más dispares de la realidad externa, a la metáfora que no pasa de ser una concertación o comparación retórica. Salir a las calles y vivir una vida de total transparencia: “viviren una casa de cristal es la virtud revolucionaria par excellence, es una ebriedad, un exhibicionismo moral. La discreción en los asuntos de la propia existencia ha pasado de virtud aristocrática, a ser cada vez más cuestión de pequeños burgueses arribistas” agrega a ese propósito de modo magistral, Walter Benjamín (7).

Notas Bibliográficas
1. “El Surrealismo y sus Obras Vivas”. Manifiestos del Surrealismo Guadarrama 1969. P. 329 .Madrid.
2. “I Manifiesto del Surrealismo”. Los Manifiestos del Surrealismo. Trad. Aldo Pellegrini. Nueva Visión. 1965. P. 29 .Buenos Aires.
3. Los Misterios Paganos del Renacimiento. Edgar Wind. Barral, 1972. Barcelona.
4. “El Surrealismo”: la Búsqueda del Comienzo. Octavio Paz.: Ed.. Fundamentos, 1974. P. 45 .Madrid.
5. “Discurso en el Congreso de Escritores”. Manifiesto del surrealismo. A. Breton. Guadarrama, 1969. P. 269. Madrid.
6. “II Manifiesto del Surrealismo”. Los Manifiestos del Surrealismo. A. Breton . Nueva Visión, 1965. P. 8. Madrid.
7. “El Surrealismo: “La última instantánea de la inteligencia europea”. Iluminaciones I. Walter Benjamín. Taurus, 1980. P . 47. Madrid
8. La Estrella de la Mañana. Michael Lowy Revista Salamandra. Madrid.
Fuente: Hernán Montecinos

