13 al 19 de agosto, 2009, no.58


”Escrito” Ogaz y Vidal



Poema de Dámaso Ogaz

 


RECORDANDO A DÁMASO OGAZ

(Santiago, 1928 - Caracas, 1992)




por Clemente Padín


Conocí a Dámaso Ogaz epistolarmente cuando intercambiábamos nuestros mensajes y publicaciones. Desde su patria adoptiva, Venezuela, me llegaban La Pata de Palo y Cisoria Arte y, desde mi país, Uruguay, le enviaba Los Huevos del Plata y, más tarde, OVUM 10. Estas revistas, junto a las de Edgardo Antonio Vigo, Diagonal Cero y Hexágono 70 y a las Ediciones Mimbre de Guillermo Deisler fueron las puertas de entrada en América Latina de la poesía experimental y las formas contemporáneas del arte de aquellos días como el arte correo, las acciones, las instalaciones, el video arte, etc. También eran el vehículo de nuestras obras e inquietudes sociales.


Sus palabras aún resuenan para quien quiera oírlas: "La cultura, para nosotros, es todo lo que nos permite decir NO", es decir, el arte concebido como instrumento de lucha para oponerse a todo aquello que atentara contra nuestro ser, nuestra identidad, definida desde lo que somos y no desde la imagen desvalorizada que constantemente vemos en los medios de los países metropolitanos. Si no creyéramos, junto con él, en la fecundidad y vigencia del arte latinoamericano y en su irrenunciable compromiso con la justicia y la libertad, no podríamos estar mejor armados que con ese NO, rotundo y substancial que incansablemente Dámaso Ogaz opuso a los "valores universales" en cuyo nombre, aún, se nos continúa explotando haciéndonos vivir en indignos niveles de vida que pudorosamente llaman "pobreza crítica" vaciando, de paso, nuestras tradiciones y cultura en aras del "International Style".


A fines de los 60, aparecen las primeras manifestaciones del arte correo al cual, tanto Dámaso como nosotros adherimos de inmediato en razón de que expresaba nuestras más sentidas aspiraciones. Las reglas tácitas del arte correo -no selección de obras ni jurado, no invitaciones especiales sino multitudinarias, no venta ni mercadeo de obras- se constituyeron en los instrumentos que nos permitieron oponernos a las formas establecidas por el sistema que, sobre todo, privilegian el lucro y la ganancia por encima de las consubstanciales funciones del arte, en particular, la comunicación. El arte correo nos permitió ejercitar la "negación creadora" de Dámaso y enfrentar el dictac de la crítica y de los medios oficiales de contralor de la actividad artística amparados, a su vez, por la fortaleza inconmovible de los artistas nucleados en las redes de la comunicación a distancia como le gustaba decir a Vigo. Primero el servicio postal, luego el fax y, hoy día, el correo electrónico conjuntados en el Networking, posibilitaron la red de artistas internacionales que impuso la interacción creativa.


Nunca sabremos las causas de la decisión de Dámaso Ogaz de nunca regresar a su patria y de afincarse definitivamente en Venezuela. Nos faltan documentos que nos orienten en la dilucidación de ese entramado de circunstancias históricas y no sería justo asumir como reales suposiciones tejidas al calor de la anécdota. Algunos de sus amigos mencionan constantemente la responsabilidad del Congreso por la Libertad y la Cultura, aquel instrumento que la CIA norteamericana inventó para afrontar, en el plano de la ideas, la Guerra Fría contra el comunismo. Si bien contamos con un libro capital para encarar el análisis de aquellos años tampoco nos permite sacar claras conclusiones. Me refiero al libro de Frances Stonor, Who Paid the Piper: The CIA and the Cultural Cold War, Granta Books, Londres, Gran Bretaña, 1999 (hay traducción española:¿Quién Pagó al Flautista?: La CIA y la Guerra Fría Cultural, Madrid, España, 2001) que aporta información de primera agua acerca de los 60, que pudieran explicar la decisión de Dámaso.

La fachada para estas actividades fue el Congreso por la Libertad y la Cultura dirigido hasta 1967 por el funcionario del gobierno norteamericano Michael Josselson. En su apogeo, el Congreso tenía oficinas en 35 países, daba empleo cientos de personas, publicaba más de 25 revistas, organizaba exposiciones de arte, ofrecía becas y residencias en todo el mundo, poseía su propia agencia de noticias, ofrecía conferencias y seminarios internacionales y premiaba a los artistas obsecuentes con abultados premios. El objetivo era ofrecer una visión del arte y la cultura que se opusiera a la fascinación que ofrecía la ideología marxista y el comunismo en relación a la igualdad entre los hombres y a la verdadera democracia.




”Ilegal”, trabajo gráfico de Dámaso Ogaz aparecido en La Ballena y lo Majamámico
 

Transcribiremos fragmentos del crítico, artista y poeta Juan Calzadilla, uno de sus amigos venezolanos, quien acaba de ser galardonado en el 6to Festival Mundial de Poesía realizado en Caracas, Venezuela (Revista Agulha, nro. 6, Agosto 2000, Fortaleza, San Pablo, Brasil):


“…Su verdadero nombre era Víctor Manuel Sánchez Ogaz. Llegó a Caracas en 1967 expresamente para sumarse a las actividades de El Techo de la Ballena. Se reportó, invitado por Carlos Contramaestre como un exiliado voluntario que había decidido romper todo vínculo con su país de origen: Chile, donde nació en 1928. Allí había dado los primeros pasos en pintura y poesía, y luego de publicar un libro inicial, se instala en 1963 en París, para darle un cambio decisivo a sus ideas al adscribir, si así puede decirse, a la estética del Surrealismo…La llegada de Ogaz a Venezuela fue como su declaración de pertenencia a este país del cual nunca salió. Fue como el abordaje clandestino de un subversivo de mayor experiencia y de temperamento controversial, que aportaba a El Techo de la Ballena, además de su oficio de diseñador, imaginación y voluntad de trabajo. Pero tal vez, también, demasiada intolerancia y un talante intransigente con lo que no compartía. Su tránsito por Venezuela fue, por eso, uno de los más duros episodios por los que haya pasado escritor alguno venido de afuera… Ogaz era en el fondo un gran anarquista y un escéptico convencido, aunque no rehusara, de cara al país, un cierto compromiso con la izquierda venezolana. Pero le interesaba más la subversión en estado puro (en orden a la provocación por medio del absurdo y el humor negro, explicable dentro de los parámetros dadaístas que manejaba) que el testimonio político…Su vida terminó en un geriátrico público de Caracas, en el cual fue internado tras la diligencia que realizó Caupolicán Ovalles para traerlo, desde Barquisimeto, donde residió últimamente…En el caso de Dámaso Ogaz no se podría afirmar que tuvo la muerte que se buscó o si, como es presumible, murió por negligencia o insensibilidad de los que pudieron hacer algo frente a las atroces condiciones en que, ya casi inválido, en una silla de ruedas, vivió el escritor sus últimos días. Aunque, por lo demás, pudiera justificarse tanta indolencia alegando que la muerte de Ogaz equivalió a la aceptación, por él mismo, de que se trataba de un suicidio lento y laboriosamente ejecutado.”



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Fuente: escanercultural



 

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