
“Creo en el poeta como un actor social —a manera de Marx—,
no como un ser que no hace más que engominarse con versos”
Oscar Saavedra Villarroel
Actualmente la poesía social o política verdaderamente comprometida no abunda, lo que se encuentra expuesto en los anaqueles de las grandes librerias es en su mayoría balbuceo, estornudo visceral y no palabra bélica, palabra en marcha, en activa posición y disposición de lucha por un despertar social. Discursos y aparentes propuestas (que no terminan de serlo) de escritores que se declaran radicales, pero que siguen siendo en su mayoría escritores de escritorio, escritores que siguen mirando no más como se mueve la sangre por sus venas, sin darse cuenta de o sin interesarles, quién sabe, que más allá de esa lucecita que los alumbra o de ese hilo de sangre que los recorre hay carreteras y carreteras de venas que inundan cada día más esta tierra herida, esta pacha que no es solo de letras, también de movimiento, de acciones.
Descubrir la voz de Oscar Saavedra Villarroel motiva y alienta a esos espíritus que aún se resisten, que no se conforman. Su voz da fuerza y herramienta a esas almas que no se permiten mecer sus sueños de emancipación con palabras vacuas que se oxigenan relamiendo sus bellas formas, esas bellezas incapaces de salir a la tienda sin su chal de plumas… Bellezas que se derriten inevitablemente en cada esquina cansadas ellas mismas de mirar en cada vitrina el mismo reflejo. La poesía de Oscar Saavedra se repliega de tanta belleza insulsa y decide apostar por su entorno, por lo que le toca la piel día a día, por una realidad que va más allá de sus pies. Se levanta en su tierra Mapuche y recorre decididamente las fibras de América Latina.


Este poemario, TECNOPACHA, nos trastoca, nos sacude, nos conmueve, nada queda a mitad de camino, se dice lo que se tiene que decir, se eleva la palabra, el rezo, el canto de nuestra tierra, de nuestros pasos perdidos. La voz de Saavedra se coloca delante, se arriesga y apuesta por esta tierra donde quedan aún muchísimos dormidos, muchísimos zombis de vitrinas, bellezas que caminan felices y tranquilas bajo una urbe-número mientras la pacha arde frente sus ojos.

Oscar Saavedra Villarroel. (Santiago de Chile, 1977). Licenciado en Educación. Becado por la Fundación Pablo Neruda en el 2005. Ha participado en encuentros y talleres nacionales e internacionales de poesía. Ha obtenido varias menciones en diversos concursos (Juegos Florales Gabriela Mistral 2008). Ha publicado en revistas de México, Venezuela, Chile y Costa Rica Un adelanto de su proyecto poético DOPING HISTÓRICO fue publicado en "Anomalías, 5 poetas chilenos" (Editorial Zignos, 2007). Tecnopacha (Editorial Zignos, 2008) Poemas suyos han sido traducidos al portugués. Es editor literario de la revista indie.cl, organizador del encuentro nacional de poesía Descentralización Poética y director de la editorial Andesgraund.
Acá va parte de la entrevista que le hizo el escritor ecuatoriano Augusto Rodríguez a Oscar Saavedra
—Oscar, ¿cuándo y por qué empiezas a escribir poesía?
—Comencé a escribir por necesidad. Una necesidad que nació en la adolescencia. Una adolescencia feroz, política —viene de familia. En donde el sentimiento es distinto, es un globo hormonal y un mundo de ideas a las cuales cuesta darle forma, quizá la carencia de herramientas, quizá la aglomeración —que no debe dejar al ser creativo— en donde la visceralidad reina por sobre lo racional. Desde esa irracionalidad —bien autista por lo demás, parte de una personalidad construida a base de experiencias trágicas— comenzaron mis primeros versos. Versos que a su vez eran música. O en realidad eran pura música como, decía Enzensberger. Música que me ha seguido como mi sombra, claro que una sombra con mensajes directos. Siempre he pensado que al leer un poema éste vuela por el aire y llega a oídos o sensibilidades que perciben la resonancia verbal de las palabras. Palabras que he sentido en mi corazón o en mis pensamientos y que se han impuesto por sobre la tempestad de la competencia o el fetichismo de lo mediático. Por ejemplo, cuando comencé a escribir la dictadura militar se había digamos terminado, existía ese fraudulento concepto llamado transición, que dio paso a otra dictadura, la peor de todas, llamada neoliberalismo, con un capitalismo sanguijuela. Imposible que la adolescencia no sea el inicio. El inicio más desordenado y brillante de la escritura. De ahí me dije: no seré nunca un poeta joven. Y puse en un verso: yo maté mi juventud / para no ser viejo. Rebeldía. Atisbos de verdad.

—Tu poesía se nutre de una gran gama de imaginarios urbanos, idiomáticos, políticos, sociales, culturales muy diversos. ¿Qué me puedes decir al respecto sobre tu propia poética?


Es por lo demás una poética del riesgo, no como modelo a seguir, sino como lenguaje a escuchar o leer. Una mezcla rara entre barro y blancura, es una opositora a lo que llamo el poema capitalista.
—Sé que sigues escribiendo dOPING hISTÓRICO, ¿qué me puedes decir de este libro?
—Es un libro que está compuesto por cinco títulos, Tecnopacha, el primero, que fue publicado el año pasado —octubre— y que da cuenta de una sociedad amante de las vidrieras, neoliberal hasta en su humanismo, cuyo principal protagonista se llama Bolchevique Emotion, un joven fundador-dictador que quiere escribir el poema capitalista, haciendo una revolución consumista para llegar a ser, por ejemplo: un usaísta integral o un buen ejemplo del Eurorreinato; luego viene Pachas, un canto, que es la transmutación —a manera de Visnú— de Bolchevique Emotion a Pacha Hombre: un tirano venido del Eurorreinato; enseguida Las Espunkas, una mezcla entre espuma y punk, que es como una lluvia, el lenguaje de estas espunkas es la lluvia y dan una visión de lo que pasa en las sociedades actuales —desde el punto de vista del agua de mar— (este es uno de mis textos predilectos dentro del dOPING), Paiscidio es la cagada, de esto no hablaré, y “Los cinco episodios continentales”, en donde dialogan los cinco continentes. Más una novela llamada Indivicultura que está en proceso todavía. Es que siempre he pensado, en escribir un solo libro (no una obra, sino un libro), y en mi caso se llama dOPING hISTÓRICO.
—Sé que diriges y recorres tu país con el proyecto Descentralización Poética y sé que has inaugurado la editorial Andesgraund, ¿qué me puedes decir de estos proyectos?

Es democratizar los espacios, evidenciar la gran diversidad poética que hay en Chile. Un poeta de Copiapó me dijo la otra vez: “Pareciera que en la poesía chilena el norte no existe, a excepciones, no existe. Las antologías están diseñadas de Santiago hacia arriba”, y esa sensación real, la he escuchado en muchos lugares, incluso en las poblaciones del mismo Santiago.
También es no apostar por que todo tenga que pasar por el Estado; es volver a pensar en el concepto de la autogestión, volver a enamorar a las personas con dicho concepto.

Es compartir la poesía, y reencantar —reencantarnos— a las personas desde las poblaciones de cemento hasta los desiertos nativos; desde el hielo hasta el creciente sol; desde los subterráneos a la lejanía de una cumbre, teniendo en cuenta que la literatura es para todos y que todos podemos escribirla, escucharla, leerla, que Chile es un país lleno de tradición poética, y que desde la política y la cultura, debe asumir un rol de y actuar, a través de la página-tierra o la tierra en constante acercamiento con la hoja de papel. La acción se puede prolongar a través de talleres, encuentros de poesía, conversaciones, generando movilidad cultural, intelectual, sensitiva, como la quieras llamar, entendiendo los conceptos.
No creo en el poeta —artista—, en estos tiempos, como el poeta burócrata, el poeta de escritorio que no tiene participación cultural, no tiene opinión política o no tiene incidencia en los cambios culturales ni sociales. Y, si bien, se puede decir que en realidad no hay incidencia en lo anterior. Tenemos que saber que hay lecturas, hay pensamiento, hay opinión y ésta debe escucharse, y no sólo quedarse en la ensoñación que el azar nos entrega, la que te deja como un individuo que piensa en él, en su sombra y lo brilloso de la sombra, por sobre la pluralidad de sus escritos.

En resumen, y volviendo a lo primeramente señalado: Descentralización Encuentro de Poesía y Descentralización Periférica, pretende compartir y llevar poesía a los lugares más inhóspitos, a los lugares en donde hay desconocimiento, porque pensemos una cosa: en las universidades —u otros lugares—, donde se hacen hartos eventos, hay literatura, hay guías espirituales y culturales, hay poesía escrita, no es necesaria tanta lluvia, ¿por qué entonces seguir apostando ahí?, ¿a las mismas instituciones?, ¿a los mismos lugares comunes de encuentro? ¿Sería posible cambiar un poco el switch, sintonizar un canal diferente? Poder escucharnos y leerlos en una plaza pública, por ejemplo, en donde por casualidad pasa un niño o una señora y escucha, y hasta se compran un helado y se sientan, y sigues escuchando y a veces llegan con un poema y nosotros escuchamos, y podemos hablar, regalar un libro; ahí también se pueden regalar libros, y no sólo enviarlo al sótano de la institución cultural. Es verdad, se necesita energía. Entonces: dejemos de ser flojos.
Y Andesgraud quiere dar cuenta de la poesía que se está escribiendo en Chile —desde Arica a Punta Arenas—, y en otros países. Se vienen publicaciones que se están trabajando: Hlousek de Chillán; Eduardo Leyton de Talca; Alberto Guzmán Rallimán, Gustavo Barrera —quien de un principio ha apoyado Descentralización—, una muestra de poesía de Curicó-Talca; poetas del norte, de Santiago, de poblaciones de Santiago, entre otros.
He escuchado en numerosas ocasiones que supuestamente la poesía sólo la leen y la consumen los mismos poetas, ¿crees que es así? ¿Cómo crear mecanismos para que la poesía llegue a otros sectores de la sociedad, pero sin que pierda su parte radical o subversiva?

Sé que hubo un tiempo largo llamado dictadura en donde la poesía era un peligro, ahora muchos dicen que lo es, pero en realidad el Estado los pulveriza con sus cariñitos mediáticos y de migajas. Y como palomas, corren a recoger las migas, y se pelean por las migas, y se escupen por las migas y hasta se enemistan por las migas que tienen algo ahí en su masa: estancamiento.
Pienso que hay muchos jóvenes o niños con potencialidades enormes, que simplemente no han tenido la oportunidad de leer a un poeta que no sea la Mistral o Neruda, si es que —el de Veinte poemas de amor y una canción desesperada—, y que tienen talentos enormes, a los cuales les llamo “talentos quebrados” en muchos casos. Hay personas sedientas de poesía. Pero, ¿cómo hacerlo, si los poetas se centran en un lugar y dejan ese espacio vacío? ¿Si muchos poetas lo único que quieren es tener un papá institución que los lleve al estrellato hermético de la poiesis? Pero hay otros, los reales, que saben que la poesía tiene pies.
He ido a varios colegios, he trabajado en colegios —incluso hice un taller de teatro que se fusionó con poesía—, a distintas poblaciones de Santiago y de regiones y la reacción frente a la poesía es positiva. No hay lectores porque el sistema no deja que existan, es un oscurantismo, así de trágico, potencializado por miles de distractores, porque el vacío de la televisión es un distractor, el capitalismo neoliberal, abuelitos con pinta de loli pop —todavía—, papás compra-udis, patrullas oligárquicas de piel y hueso; amantes de la cultura, pero a la primera se van a pedir limosnas a Los Providencias; aulladores beat como los papás de Flanders, todos ellos esclavizan y anulan, y si no los anula el Estado entonces los anula el mismo poeta burócrata —soldado oficial del sistema—, amante de su escritorio, el que sabe menear las influencias, hacer una lambara con el banco mundial de su ciudad: anula. Y el posible lector, más que reencantarse, se va por lo vacuo, por la risa superflua de lo mediático.
Creo en el poeta como un actor social —a manera de Marx—, no como un ser que no hace más que engominarse con versos. Un poeta que tenga opinión política, opinión en relación a la educación: acción en ambas direcciones. Un mecanismo basado en lo que llamo individualismo (poética) plural (acción, diálogo, red), en donde el actor social pueda generar su escritura —en el caso de la literatura— y compartirla, hacerla un acto, ponerle pies a los libros —los libros parecen están inválidos— y que caminen, que sepan llegar a los ojos, al pensamiento, a la sensibilidad. Y no dejarlos ahí, vegetando, observando al zapato salir y llegar, como una escena trabada, repetida en el televisor.


Entonces un gran mecanismo son los talleres. Los talleres en las poblaciones los hacen en las escuelas y son profesores que poco saben de poesía. Hace poco hablaba con una profesora que ha hecho un gran trabajo con niños, me dijo: “Yo no soy una gran conocedora de poesía, pero he visto que a los chicos les gusta y quieren saber más”. Los poetas o las poetas deberían estar ahí, enseñando, dando a conocer su arte, su escritura, la escritura de otros, aportando al gran mecanismo: la educación. Hay lectores, pero están ocultos o los ocultan. Por ejemplo hay muchos poetas adolescentes en poblaciones que no conocen Balmaceda 1215. Y sí conocen el taller de la tía Juana. La tía Juana es un amor, tiene muchas buenas intenciones, pero le faltan herramientas. Si hay potencialidades ahí, capacidades a veces innatas, por qué no energizarlas, a través del conocedor de aquello, el que ha vivido su vida leyéndola, sitiándola, conociéndola: un poeta o un escritor más genéricamente.
La otra vez fui a un lanzamiento de un libro de poesía en La Florida, una comuna de Santiago, una antología con cinco poetas, y me llevé una gran impresión, estaba repleto, más que cualquiera institución, y las personas gozaban con la poesía, muchos subieron y leyeron sus textos. Hasta bailamos escuchando poesía.
Hay que atreverse a cambiar el engranaje neoliberal del pensador vegetal. Hay que encontrar medios para que las personas se reencanten con las palabras, o el arte, o la expresión, la política por ejemplo.
Es que yo escribo metapoesía, podrían decir, solamente escribo sobre el lenguaje, y es que yo cito a los norteamericanos, incluso pongo frases en ruso, es que mi poesía es mayor, no la puede leer cualquiera, no es para muchos, ese flaite qué va a leerme, es que primero tendrían que leer biología, historia, ilustrarse, es que tendrían que haber leído a Elliot, es que sin teoría, etc.
Ya basta, basta con ese despotismo ilustrado pornodernista. Y basta de no creer en las potenciales lecturas de las personas. A veces pienso que muchos son concertación o derechistas al máximo. Lo único que hacen es llegar a un sector de la sociedad. La misma que luego criticarán. Porque muchos escriben sobre la pobreza, sobre la rebeldía poblacional, sobre las niñas-araña, y es como en la televisión, utilizan la pobreza para fines lucrativos, o de burla. Maldición: sí somos seres sensibles y pensantes, ¿o no?
Creo en la lectura. Creo que la lectura genera movilidad intelectual, social y de pensamiento. Y creo que hay que buscar fórmulas. Fórmulas que son muchas, pero requieren un mínimo de transpiración.
Ya estoy escuchando a alguien decir por ahí: es que yo soy escritor solamente.
Pico.
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