semanario  cultural  de  caracas

corneta


José Manuel Zelaya en Honduras y

el neoconservadurismo




Por: Juan Francisco Coloane


La tensión aumenta en Honduras tras el regreso clandestino a Tegucigalpa del Presidente José Miguel Zelaya.


Se encontraba hasta horas atrás en las instalaciones de la Embajada del Brasil en Honduras lo que equivale a estar en territorio brasileño de acuerdo a las normas internacionales. 


A estas alturas no se sabe qué es lo más importante. Si Zelaya, Honduras o Brasil. Lo que importa es descifrar el entramado político que hace que un presidente se sitúe clandestinamente en una Embajada, haciendo de ello una situación no solamente grave sino que está revelando el estado actual de las relaciones internacionales y los puntos claves en el poder. 


Entró sin la autorización del gobierno de facto hondureño lo que significa que hubo una operación que violó el cerco militar y policial montado para evitar su entrada. 


O es otro ardid como la liberación pactada de Ingrid Betancourt en Colombia con apoyo de la Cruz Roja y Francia, y quién sabe otros países más que se hicieron los desentendidos. 


No hay que descartar que la operación se ha visto beneficiada por una probable división en el ejército que era conocida. Están los militares que aceptan el Acuerdo San José, y los que rechazan la intervención extranjera. 


La operación, nítida, impecable, se ha llevado a cabo con el conocimiento de los gobiernos y organismos más involucrados en las negociaciones del Acuerdo San José que patrocina el regreso de José Manuel Zelaya a la presidencia. De los gobiernos que negociaban y están al tanto de esta operación no hay que descartar a nadie.


Si no fuera porque existe un incongruente drama político detrás que compromete el status quo de las relaciones internacionales en la región, el tema es intrigante, y como éste espacio se revela cada vez más como mitad verdad y mitad mentira, no sabremos quizás jamás los verdaderos antecedentes del acontecimiento. 


Tal como ha sido el golpe de estado original que lo derrocó. Aún no conocemos detalles importantes, y el nudo de las negociaciones. Y todo resulta en algo lastimoso para la comunicación y la enseñanza. De qué habla uno al final. De lo que apenas conoce y está en condiciones de analizar. Tanto la ciencia política como las relaciones internacionales y por cierto el periodismo, deberían tener marcaciones en todas sus entradas curriculares de que lo que se trata es siempre algo diferente u otra cosa, y que no es lo que aparece. Es el “resplandor del movimiento” como lo he planteado en otras oportunidades. 


Al final lo que prima es la disputa por el poder, la supremacía, quién es más fuerte, no de quién tiene mejores argumentos. Lejos está la posibilidad de saber quién tiene o qué es la razón. 


Es valiente u osado en extremo lo de José Manuel Zelaya, y lo de Brasil hasta cierto punto. El cuadro que se ve en sus grandes rasgos es grotesco. Ni los organismos internacionales, ni las presiones de variadas fuerzas de poder internacional, han podido persuadir a un gobierno de facto de que operó fuera del derecho. Significa que detrás del este gobierno hay precisamente un poder mayor. 


Eso es incuestionable, y si la barra del horizonte apunta hacia el Norte y más específicamente al neoconservadurismo ultra enquistado en las instituciones estadounidenses a través de la seguidilla de administraciones republicanas en los últimos 30 años, hay que señalarlo. 


Estamos en presencia de un problema en primera instancia de
Estados Unidos que sabrán sus autoridades resolver. Sin embargo el problema es mayor y es internacional, por la fuerza gravitante que ejerce ese neoconservadurismo en redes internacionales perfectamente reconocibles ahora en Roberto Micheletti en Honduras como un puntal símbolo de ese poderío.


Pero también está en José María Aznar y Rajoy en España, en Nicolás Sarkozy en Francia y Angela Merkel en Alemania, en Mauricio Macri en la Argentina, o Sebastián Piñera en Chile, Silvio Berlusconi en Italia, y el Janata Party en India, y muchos otros repartidos con esa bandera que ha sido rentable en el caos económico y político gestado. 


Todo ese escenario de poder abierto del neoconservadurismo, ha hecho que José Manuel Zelaya con el apoyo de Brasil y seguramente Estados Unidos haya optado por el mecanismo de presión más inesperado y se produce mientras sesiona la Asamblea General de la ONU y a pocos días de comenzar la reunión de los G 20 en Pittsburgh EEUU.


A pesar de que en EEUU Septiembre es el regreso a las actividades laborales, estos eventos internacionales sin duda representan un acontecimiento en un país que se aisló por una década, que vive permanentemente en un “estado de autismo internacional” por la paranoia anti terrorista ahora y la anticomunista de siempre, y que ahora exhibe una crispada oposición conservadora a las reformas del nuevo gobierno. 


Hay que resaltar que el gobierno actual de EEUU ha reiterado su apoyo a Zelaya y ciertamente aprovecha la oportunidad que se presenta con estos dos eventos internacionales mayores en su territorio, para contener en parte el apoyo del partido republicano al gobierno de facto en Honduras, que es en la práctica su único sostén internacional. Esto hay que decirlo sin ambages. 


La operación de Zelaya en la embajada de BRASIL en Honduras, es osada porque es como una vuelta de mano al gobierno de facto y es un golpe a Micheletti. 


En una operación inédita en los anales de los conflictos y relaciones internacionales, y hay que destacar que los miembros de la comunidad internacional que apoyan a Zelaya están involucrados o comprometidos con su ejecución, estaríamos frente a la forma menos ortodoxa de hacer presión para imponer los términos de un estado de derecho. 


Es como otro tipo de intervencionismo haciendo rememorar las maniobras europeas para contener el poderío del imperio Turco Otomano, más de un siglo atrás, cuando aparecían y desaparecían enviados sin aviso. 


Hasta el momento Brasil y Venezuela aparecen como los más comprometidos con este regreso sui generis de Zelaya. 


Brasil sin embargo es el principal actor, y en particular emerge de una vez por todas como el poder regional que hasta ahora había permanecido en un perfil activo pero contenido. 


Está por verse si es un acierto para el regreso de Zelaya a la presidencia, y de ser así, no podría estar ocurriendo sin el conocimiento y aprobación del Departamento de Estado en EEUU. 


De fructificar, la dupla Brasil-EEUU en estas lides sería casi imbatible y el gobierno de facto en Honduras pareciera tener los días contados. 


De resistir y llegar a las elecciones, Micheletti estaría en el panteón neoconservador de los que resistieron a la intervención liberal progresista extranjera – por darle un nombre - estableciendo un nuevo paradigma. Honduras así se convertiría en tema central de una estática teoría de las relaciones internacionales guiada en las últimas décadas por ese neoconservadurismo que no cede mi una pizca de espacio. 


Basta ver cómo agudizan la oposición a Barack Obama en EEUU, con un ferviente apoyo del izquierdista fuera de pista. Mientras tanto el hondureño debe estar sufriendo mucho y la democracia espera. 





Fuente: argenpress

 

24 al 30 de septiembre, 2009, no.64