semanario  cultural  de  caracas

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La lengua creole, la más importante manifestación de la cultura de San Andrés


La cuna de la barracuda de ojos verdes y lágrimas azules, como lo describía el fallecido intendente Simón González, es ese San Andrés mitológico que va más allá de la playa de siete colores con la que sueñan los turistas y no sólo donde se come el tradicional rondón (plato a base de leche de coco). "Cuando piensan en la isla se imaginan palmeras y playa, pero no saben que, aunque sea más puro el aire, hay que trabajar para sobrevivir", dice el músico Jaime Wilfrido Archibold.


Hay 25 mil raizales, descendientes directos de los esclavos africanos y jamaiquinos, que luchan diariamente para mantener viva su tradición. "Nos sentimos todavía como esclavos, sólo que ilustrados, porque nos quieren imponer la religión y el idioma, cuando tenemos nuestra propia cultura afrocaribe y el creole", dice Oakley Forbes, vocero de Amen, Movimiento Étnico Nativo que busca reivindicar los derechos del pueblo raizal.



Una lengua propia


Por eso, el afrodescendiente Dulph Mitchell, de 75 años, considera que la labor más importante de su vida ha sido pertenecer a un grupo de 20 estudiosos de la lengua creole que, convocados por la Universidad que existía en la isla en el 2000, tenían la misión de transcribir una lengua sin escritura precisa en ese entonces. "Nuestra lengua iba a desaparecer porque los raizales estamos envejeciendo y hay más isleños de otras partes. No queremos que eso pase: nuestra forma de hablar es parte de lo que nos hace libres", dice.


Esa libertad, los raizales la llevan en la sangre, porque escuchan el creole desde que están en el vientre de su madre, son sus palabras las que hablan en su casa y las que se saben hasta que llegan al colegio, donde les enseñan español e inglés. "El creole viene de lo que en la lingüística se llama pidgin: mezcla de dos lenguas. Surgió para entenderse y comerciar, en Nueva Orleans mezclaron el inglés y el francés, en Jamaica está el patuá con base francesa y el de San Andrés se basa en el inglés", explica Mitchell.


La gramática está condicionada por el sonido, así que las palabras se escriben como se pronuncian. El inglés tiene varios sonidos de vocales; el creole mantiene las mismas del español. Si se alarga la vocal, simplemente se duplica la letra. Por ejemplo, padre se dice faata."Hemos desarrollado una forma de escritura que hasta la fecha el gobierno no ha querido aceptar y nuestra ortografía demuestra que se puede escribir, y estamos tratando de que se reconozca", dice el estudioso.


Su deseo comenzó a hacerse realidad hace 3 años. Él y su grupo hicieron una capacitación con el apoyo del Ministerio de Educación que buscaba implementar el creole en los colegios. "Duró 8 meses y esos profesores quedaron frustrados, porque se necesitan por lo menos dos años y medio para que aprendan bien, pero no había presupuesto", agrega.


La directora de cultura departamental, Gladis Pusey Mclaughlin, opina que la escritura del creole está en un proceso lento pero firme. "Se han escrito pequeñas historias para niños y hay varias instituciones con trilingüismo como Flowers Hill, que ha hecho un trabajo experimental, paralizado en este momento porque se está evaluando", explica.


En este momento, el Ministerio de Cultura está haciendo una labor de investigación para implementar la Ley de Protección de Lenguas, un decreto que los raizales ven como la esperanza para que el creole se implemente oficialmente en los salones de clase.


Músicos criollos que buscan ser escuchados


Mientras los raizales intentan ganar la batalla del creole en la educación, los artistas, a través de su música muestran su lengua en el mundo.


Sin embargo, en las playas de San Andrés no se escucha ni el eco del reggae y el calipso, que el turista se imaginaría. Los grupos que necesitan dinero para vivir, se presentan usualmente en los hoteles donde les pagan y solamente quienes se hospedan allí pueden escucharlos. Sin embargo, la banda Creole soñó hace 25 años con salir de la isla y ser algo más que el grupo que toca en los hospedajes cada 8 días. Se convirtió en un ejemplo que siguieron otras como Bananas, Old Boys y Red Crabs.


En el 86, el fallecido Orston Christopher, pintor y músico, unió colegas , cuando ni siquiera se escuchaba esta música en los balnearios, y, basado en el calipso creó este grupo conformado por quienes crecieron entre rondas infantiles, carritos de palma y misa dominguera con música gospel.


"Nuestra música está influenciada por el sonido enseñado por los papás y con instrumentos que fabricamos como la quijada de caballo (un año después de que muere, se le despegan los dientes para que suene como una raspa) y el tináfono", explica Félix Mitchell, guitarrista líder.


Creando nuevas generaciones de músicos en la isla


Durante las tardes de los martes y los viernes, algunos niños aprenden música y sueñan con seguir el ejemplo del grupo Creole, que estará de gira por Egipto, en unos meses.


Creole y otros músicos de San Andrés dictan clases gratuitas de danza, percusión, armonía y melodía, en tres sedes ubicadas en los barrios San Luis, La Loma y Centro. El semillero enseña a los niños mayores de 7 años. "Somos un puente entre las generaciones. Tocamos los clásicos como Matilda y Banana, también los nuevos que hablan de perseverar, algo que sabemos hacer, por las injusticias que vivimos los sanandresanos", dice Marlon Acosta Pomare, director de la banda.


Ahora, suenan los tambores, que no se escuchaban en la isla porque estaban prohibidos desde la época de la esclavitud y hay otros formadores, como Jaime Wilfrido Archibold, conocido como Jimmy, uno de los nostálgicos del desaparecido Green Moon
El El músico Jaime Wilfrido Archibol “Jimmy”, trabaja enseñándoles a los niños a tocar la mandolina de 8 cuerdas.
 
Festival, que a finales de los 80 le dio reconocimiento a San Andrés en el Caribe.


Él recuerda esa época. Hacía parte del grupo Island Rebels y su más grato momento fue cuando Simón González, el legendario intendente, dijo que la luna se ponía verde en noviembre y se inventó este festival de música. "San Andrés era como Simón: soñador. La playa se llenaba de músicos del mundo, pero ya no tenemos soñadores. A él lo enterramos debajo del mar, porque quería ver por última vez a su propia leyenda: la barracuda de ojos verdes y lágrimas azules", dice.


Cuando Jimmy se dio cuenta de que la música de la isla no sonaba en la radio, se interesó en desarrollar proyectos culturales. "Tengo mi grupo de reggae The Raizal y trabajo en el Plan Nacional de Música para la Convivencia", dice. Siempre va con el mandolín bajo el brazo, lleva la música a todas partes como su abuela, que cantó en la Iglesia hasta un día antes de morir y

espera no envejecer sin volver a ver la luna verde.





Más información, ver:


Documento acerca de los Raizales de San Andrés >>


Criollo Sanandresano >> y población Raizal >>





Tomado de El Tiempo

 

24 al 30 de septiembre, 2009, no.64