Ramiro Oviedo:

“Las perversiones del marketing han contaminado la poesía”


Ramiro Oviedo (Chambo, Ecuador, 1952) es profesor de literatura latinoamericana en la Universidad del Litoral, en Francia. Ha publicado Serpenciclieta, Esquitofrenia y, en francés, Hiéroglyphe, Semaine Sainte, Fanesca, La nature se méfie de la vitesse y Les poèmes du Colonel (Prix Trouvères y Prix Georges Sernet), entre otros libros. Es uno de nuestros poetas más vitales e importantes. Aquí una breve entrevista para conocer un poco más al hombre y al poeta.


Se considera a sí mismo como un escritor comprometido, que creía que podía transformar el mundo, y en la coyuntura de dictaduras militares y de gobiernos autoritarios, la palabra le sirvió como instrumento para la reflexión, para modificar el comportamiento de algunos grupos, de algunas comunidades y de algunos barrios quiteños, populares sobre todo. Entre marionetas, cine, exposiciones de pintura, recitales poéticos, siempre en la calle o en la federación de barrios, fue como comenzó su trayectoria de escritor.




—Ramiro, vamos al principio, cuéntame: ¿cuándo nace tu relación con la literatura y la poesía? ¿Cómo es tu proceso creativo?

—Creo que empecé a escribir cuando aprendí a bañarme solo. Lo que pasa es que de pequeño, en el pueblo donde nací no había servicios
higiénicos. Yo tenía casi cuatro años y una noche, después de la cena, fui al pozo de la huerta, atravesado por una tabla, en la que uno se sentaba a cagar viendo el cielo y escuchando a los sapos. Sin darme cuenta sentí que estaba como bailando un vals, pero sentado en la tabla. Para mi mala suerte era un temblor. Cuando me di cuenta ya estaba pataleando en un hueco de mierda. Toda mi familia había salido volando al patio para ponerse a buen recaudo y nadie se dio cuenta de mi desgracia. Por suerte, un vecino que había escuchado mis berrinches previno a mis padres. Desde entonces tengo la impresión de que huelo a mierda y que sólo escribiendo puedo limpiarme. Cuando me bañé solo por primera vez, y a veces incluso ahora, tengo la impresión de haberme caído en un hueco de mierda de 240.000 km². Mi viaje a Francia sólo contribuyó a agrandar el hueco. El mundo entero es un pozo séptico y la escritura es una especie de duchazo forzado. Mi proceso creativo es de los más ordinarios. Tuve una infancia perfecta, fui un plazuela total. Desde que llegué a Quito, casi a los seis años, se me dio por aprenderme a la agüita la ciudad. Vivía a cinco cuadras de la Plaza Grande y conocí casa por casa todo el centro histórico. Comencé a trabajar a los ocho años, cuidando a dos chicos —hijos de la puta más brava del barrio— que estaban en mi escuela. Yo les daba el desayuno, les vestía, les llevaba a clases, les traía de vuelta a la pensión, les iniciaba en la vida, y había noches en las que terminaba inventándoles cuentos para que se durmieran. Mis padres ni cuenta se daban, pues trabajaban tanto que no tenían tiempo para controlarme. Después me metieron preso en un seminario, donde estuve interno seis años, aprendiendo entre otras cosas griego y latín y sin ver a nadie. Sólo salía en vacaciones de navidad, de semana santa y las de fin de año. En este lugar lo único que podías hacer era jugar fútbol como si se acabara el mundo después del recreo, estudiar como loco y leer, leer y leer. Creo que ahí comenzó esta vaina de la literatura. En cada comida, por orden alfabético alguien leía un capítulo de un clásico en voz alta. Antes de comenzar
el almuerzo o la cena, igualmente, alguien tenía que recitar un poema de memoria ante alumnos y profesores. Muchas veces se me paraban los pelos y se me ponía la piel de gallina al escucharlos. La literatura era una fiesta que continuaba por la noche en mi cama. Encendía una linternita y seguía leyendo. Durante las misas diarias, de segundo a sexto curso, camuflaba los libros con un forro de misal y seguía leyendo. Eso me volvió medio zombi. Vivía en otro planeta y me pasaba pensando poemas que no escribí nunca, hasta los 16, cuando mi profesor de literatura comenzó a exigirme tres poemas semanales, como una deuda, para el periódico del colegio. Así comenzó esta vaina.


—En el 2008 publicaste el poemario Boca a boca y en el 2009 el poemario Maleta de mano. ¿Qué me puedes decir de estos libros?

—El primero fue un intento ambicioso de ruptura con lo local. Esto me tenía amarrado peor que camisa de once varas y quise experimentar un nuevo registro. A nivel temático intentaba, más que un boca a boca meramente ecológico, asestar un buen martillazo a los lectores atrapados en una especie de nirvana irresponsable con el mundo. Maleta de mano es una especie de continuación de Esquitofrenia, con textos sin patria ni matria, abortados en el limbo de los viajes.


—Tu poesía se nutre de una gran gama de imaginarios sociales, idiomáticos, políticos, culturales muy diversos, ¿qué me puedes decir al respecto sobre tu propia poética?

—Básicamente se trata de una escritura que se gesta con lentitud, al contrario de la vida, y como un remanente digestivo, un ejercicio escatológico depurativo. Lo veo como una deyección, como el sudor o la orina, después de haberme dado cabezazos de lunes a domingo; por eso, muchas veces mi poesía no es tan limpia ni fragante. La poesía Nívea no me va. Es también una manera de agarrarle al lector y enseñarle a ladrar o de montarle para chuparle como cuy no sólo el mal de ojo sino toda la mierda. Y para eso, nada mejor que escribir a calzón quitado y aunque sea con las uñas. Le tengo tirria a la lengua de caucho de los vendedores de éxtasis y de trances baratos. Mi lengua es de carne y hueso y más que algún imaginario, me preocupa mucho la problemática concreta del hombre en un mundo más que jodido, hablo de su cobardía y de su complicidad con los verdugos, de su impotencia, de sus dudas, pero también de una resistencia que tiene que articularse social y políticamente. Mi gran error o mi gran virtud ha sido la de no haberme casado nunca con ningún partido, aunque siempre haya sido de izquierda y siga ahora más que nunca proclamándome de izquierda. Si fuera más joven seguro que militaría en algún grupo radical, tipo Alfaro-Vive. Ahora, después de haber pasado 22 años fuera del país y de haber visto los “milagros” de los rapaces que han desfilado por Carondelet, llegando al clímax con los payasos Bucaram o Gutiérrez y el éxodo inmisericorde de ecuatorianos al exterior, creo que hay que arrimar el hombro para sostener y llevar adelante el proyecto de institucionalización en el que se halla empeñado el actual gobierno.


—Ahora hay muchas “tendencias y modas” a la hora de escribir poesía, ¿con cuál te quedas y cuál rechazarías?

—La vaina es que algunos poetas se comportan con la poesía como si fuera una marca. Y si hablamos de marcas, hablamos de modas y tendencias, que condenan al producto a lo efímero. El problema lector - autor sigue el modelo del mercado oferta-demanda, y el cliente termina desnaturalizando la función y
la razón de ser del producto. Si el poeta resiste y escribe al margen de las exigencias del mercado, aceptando las consecuencias de la marginalidad, estaría asegurando la longevidad mínima que exige un poema antes de ser digerido, que puede ser cualquier cosa, excepto un yogur pasado. Lo grave es que, en este mismo contexto, y como está tan de moda la falsificación, muchas veces nos caen con Ray-Ban falsetas, con whiskies, lociones y perfumes chiveados. La poesía va saliendo a la cancha con las firmas de quienes la subvencionan. No estamos lejos de toparnos con una poesía marca Adidas, otra Nike, Yves Saint Laurent y así por el estilo. Las perversiones del marketing han contaminado la poesía y en la blogósfera podemos hallar muchos ejemplos.

En lo que nos concierne, deberíamos quedarnos con lo que tenemos: nuestra carretera, nuestra propia procesión, tratando de conjugar el tono con la rabia, la bronca, el humor, el cinismo, que serán inevitablemente los derivados de lo que pasa afuera. Jamás el nihilismo. Ya está bien de desencanto. Para salir del hueco hay que mover el culo sin esperar a que nos den reparado el mundo.


"Cada quien tiene derecho a irse con la gente que quiera, lo evitable es el sectarismo de ciertos grupúsculos reaccionarios que creen que el poeta es un extraterrestre y que hay que escribir para marcianos, cuando resulta más fácil tener los pies en la tierra."


La memoria del ojo

El ojo no olvida nada. ni las zonas industriales. ni los suburbios.

No puede ignorar la acera de enfrente

Ni la agencia de viajes Paris-Dakar
Ni los viajes de verano por los mares podridos
Ni los desiertos con las firmas de Total
Ni la amazonía mordida por la Texaco
Ni las huellas de Repsol hundidas en la arena
Ni las mandíbulas redondas de Mitsubishi
Ni los abismos abruptos
Ni las montañas enanizándose como monedas sudamericanas
Ni los lagos y sus vientres apagados
Ni los huesos rotos de las nubes
Ni los bosques convertidos en libros de pacotilla
O en aeropuertos clandestinos.

Tampoco olvida el olor negro del último minuto.
La memoria del ojo dice .


La tierra es mujer, a veces

Para explorar el cuerpo de la tierra -que lo sepan los artistas y
..... quienes nos gobiernan-
Hacen falta cojones. No decretos.

Hay que tener al menos tres dedos de frente
La audacia de querer la luna
Estar dispuesto a excavar los astros, para tatuar el futuro más
Allá de las orillas
De sus caderas.

Para amarla como ella ama y mantenerse a la altura
De sus caprichos
Inútil venerarla como a Santa Teresa.

Para que diga .
Hay que amarla. y mucho
Y cada vez más
Sin que nada en ella se consuma.


Diga no al pozo de cruces inéditas

En torno nuestro y en Estambul, esqueletos de cuadros en espera.

El peroné luminoso de Picasso, mezclado al equipaje ordinario
..... de residuos
De un cementerio destripado, arrastrado por una lluvia de
..... uñas largas.

A pesar de la exuberancia del Mato Grosso, ninguna alevosía
Solamente esqueletos de cuadros
En los Andes, las clavículas peladas de Guayasamín
En cada metro de Viena un dedito de Mozart
En cada pastizal de América Latina la guitarra de Víctor Jara
En el desierto de Sonora cráneos perforados en el parietal
Y esqueletos de cuadros esperando.

Por los prados de Toscana, cráneos nadando entre el fango y la
..... lluvia
Por los vergeles y viñedos de España, esqueletos de cuadros
..... y rótulas de cal. afiches del PP y CeDés de Sabina
Corazones colgados en los postes de Quito
Por los jardines de Versalles, por cada fuente, por cada parcela
..... de tierra labrada
Por cada árbol
Metacarpios húmedos y esqueletos de cuadros esperando
Junto a las ortigas hirvientes que invaden las cabañas en ruina.

Un mundo de cruces el mundo.

(Tomados de "Boca a Boca")





Tomado de la entrevista de Augusto Rodríguez en letralia / poemas fundaciontiana



 

1 al 7 de octubre, 2009, no.65

semanario  cultural  de  caracas

corneta