
PELÍCULAS:
33 Días (2007)
Diario de Beirut (2006)
Fronteras de Sueños y miedos (2001)
Los niños de Chatila (1998)
Los niños de fuego (1990)
Flores silvestres: Mujeres del Sur de Líbano (1986)
Mai Masri
Cuando el cine documental llega al corazón
Desde que comenzó a trabajar en cine, a principio de los años ochenta, Mai Masri, causó un gran impacto entre el público por la introducción de herramientas nuevas, poco utilizadas y desconocidas en el cine documental árabe de entonces. Podría decirse que su obra continúa los conceptos de la herencia cinematográfica de Youssef Chahine, dado que en las películas de Mai el pasado y el presente tienen una relación muy estrecha, están siempre presentes uno al lado del otro dándose mutuamente significado.
De tal modo, es interesante reconocer en las películas de Masri, el uso de la memoria y la historia como denuncia. Una visión hacia el pasado para entender el presente y caminar hacia el futuro con los propios pies, no siendo arrollado por voluntades ajenas que encierran en un bucle los acontecimientos para evitar el cambio.
En esta entrevista la directora Palestina nos cuenta sus experiencias más sensibles con respecto a la creación cinematográfica y -en especial- su compromiso con el cine documental. El acercamiento artístico, la creatividad, el lenguaje utilizado y el tema a tratar son algunos de los principales criterios -para Mai- a la hora de visionar y valorar las obras documentales.
¿Puede contarnos cómo se gestó la película Frontiers of dreams and fears (2001) y cómo se estableció la relación con las adolescentes protagonistas?
Trabajo con los niños del campo de refugiados de Chatila (Líbano) desde hace años, pues vivo cerca de allí. He seguido la historia de sus habitantes desde 1982 durante la invasión israelí del Líbano, el sitio de Beirut, las masacres de Sabra y Chatila. En 1982 el campo estaba totalmente destruido y descubrí cómo la gente era capaz de reconstruir rápidamente sus casas y sus vidas. Después llegaba de nuevo otra destrucción, pero la gente siempre era capaz de continuar. Para mí esto era un símbolo muy significativo. A pesar de todo, los palestinos reconstruían siempre sus vidas, tratando de sobrevivir. Conocía pues a estas familias desde hacía mucho tiempo.

Se podría decir que la importancia, el significado, el simbolismo, las emociones, la esperanza que produjo en los palestinos ese momento fue uno de los punto álgidos de la historia de Palestina. Sólo fueron 2 ó 3 días. Después los militares israelís lo impidieron, prohibieron cualquier tipo de encuentro en la frontera, la declararon zona militar cerrada. Continué filmando, llevando cartas de un lado a otro de la frontera y éste es el tema de fondo del film: cómo los niños se conocieron a través de las cartas, cómo se explican su vida de una manera muy íntima. La intifada cambió la realidad sobre el territorio, la ocupación pasó a ser más brutal, haciendo más difícil la vida de los palestinos. Muchos fueron asesinados sin razón, como el abuelo de Manar, que había salido simplemente a comprar el pan.
En la película vemos los niños creando puentes de comunicación para enfrentarse a la división, la niña que aprende a bailar, la danza como forma de expresión. Todas estas acciones son una mezcla entre la desesperación y la voluntad de plantar cara a la situación.
Sí, creo que es importante comunicar ese mensaje, cómo la gente continua a pesar de todas las dificultades, a través de la creatividad en el caso de estos jóvenes, tratando de comunicarse siempre a través de Internet o como sea, de mantener su cultura a través de la música y la danza, todo son formas de resistencia. El humor es muy importante, es impresionante cómo la gente mantiene el sentido del humor, una manera de mantener la cordura en estas condiciones tan difíciles. No han perdido la humanidad a pesar de la violencia y la destrucción. Con la muerte rodeándolos mantienen el sentido de la comunidad, son tolerantes, abiertos y entienden la importancia de la solidaridad.

Háblanos de 33 días, uno de tus films más premiados.
Vivo en Beirut. El film se sitúa en 2006, durante el ataque israelí al Líbano, que fue una verdadera guerra en el Líbano. Lo que hice fue filmar a la gente cercana, las historias que me inspiraron. Sentí que en aquel momento era importante mostrar la vida de gente corriente, artistas, periodistas, jóvenes voluntarios, cual era su rol durante la guerra. En el Líbano fue un fenómeno el movimiento civil, la solidaridad, la gente que abría sus casas, todo el mundo quería hacer algo. Y como directora de cine lo mejor que podía hacer era mostrar el lado humano que nunca se enseña. Cuando se habla de la guerra es sobre la violencia, sobre las acciones militares, pero nunca escuchas nada sobre la dimensión humana. Y este se el poder real de nuestras sociedades, creo. Al menos en el Líbano y Palestina hay una fuerte iniciativa civil de gente que quiere sobrevivir y resistir a todas las formas de opresión, violencia y destrucción.
¿Qué dificultades encuentras cuando filmas en los territorios ocupados?
Es muy difícil filmar para los directores palestinos que trabajan bajo la ocupación, ya que encuentran muchos obstáculos: check points, soldados disparándoles… Muchos de mis colegas han sido heridos mientras filmaban una película. La ocupación israelí tiene miedo de las imágenes, consideran la cámara una clase de testigo que muestra la brutalidad de la ocupación y muchas veces disparan a matar. Yo he afrontado dificultades pero nunca he sido herida. Creo que he tenido suerte, pero es una cosa que siempre está presente. A veces antes de ir a filmar he redactado mi testamento. Nunca se sabe, es peligroso. Pero al mismo tiempo mientras estás filmando no piensas en ello, piensas en las cosas positivas, en la solidaridad de las personas, en el privilegio de poder expresar lo que la gente esta viviendo a través de la cámara.

¿Crees que el cine puede ser útil para también afrontar la ocupación?
Sí, creo que la imagen, tanto el cine como el vídeo o la fotografía, es una herramienta muy importante de resistencia, un testigo para mostrar lo que está pasando y para que los palestinos muestren su propia imagen. Ahora que las cámaras son más asequibles para los jóvenes de los campos es importante poder mostrarlo y comunicarlo al mundo, también para enseñar su cultura a través de la imagen. Y esta situación es nueva, a partir de la primera intifada empezaron a mostrar su propia imagen y ésto les da sensación de empoderamiento.

Creo que es muy importante ver imágenes producidas por los mismos palestinos. Cualquier imagen es importante, incluso las que vienen desde fuera, pero cuando vives dentro es diferente, ofreces un testimonio interno que expresa la esperanza de los palestinos. Incluso cuando las películas no son excelentes.
Existen reconocidos cineastas palestinos cuyos films han sido mostrados por todo el mundo. Por otro lados están los jóvenes de los campos de refugiados tratando de hacer sus películas y experimentar con la cámara. En la actualidad existen muchos pequeños festivales sobre Palestina donde mostrar estas películas. Quizás falta producción de ficción, estamos habituados a las imágenes de la televisión que parece que “muestran más” la realidad, creo que las diferentes formas, la ficción, el documental, el cine experimental, los cortos son importantes.
Háblanos de las relaciones entre cineastas palestinos e israelí, ¿existe un trabajo conjunto?
Existen muchas películas realizadas por palestinos e israelíes, hay muchos cineastas israelíes progresistas que no aceptan la ocupación y tratan de mostrarla. No ha habido muchas ocasiones de trabajar juntos pero creo que estos films son importantes ya que muestran diferentes dimensiones de los que está pasando. Muchas películas israelíes han mostrado la opresión de la gente palestina pero también hay muchos otros que son propagandísticos, que distorsionan la imagen de los palestinos. Actualmente en muchos festivales se muestran obras palestinas e israelíes juntas, aunque no estoy siempre de acuerdo con este tipo de aproximación que trata de juntar directores. El problema no es este, nos podemos comunicar fácilmente como cineastas, pero el problema es político, de alto nivel, la resolución debe venir de arriba, de la ocupación israelí que ha de acabar. Hace falta que haya intervención internacional sobre Israel, la solución no viene sólo de los cineastas o de la gente. Supongo que estos films que estamos haciendo desde los dos lados son para crear comprensión, conciencia.
¿Es más importante mostrar estas películas en Israel o en el extranjero?

¿Todos tus filmes son sobre la situación de palestinos, libaneses y la opresión ejercida por Israel?
La mayoría sí. Estudie en EE.UU, en San Francisco, mi primera película fue sobre una familia inmigrante mexicana. En Brasil hice otra sobre un pueblo de pescadores que se enfrentaba a una gran compañía. Para mí todos estos temas están relacionados, se trata del mismo mensaje universal, gente oprimida luchando contra la injusticia. Desde entonces todos mis filmes han transcurrido en el Líbano y Palestina, ha sido mi elección. Podría ir a otro lugar y hacer películas sobre otros temas pero siento que hay aún historias para explicar. Prefiero centrarme en estas cuestiones y dedicar aquí mis energías, ésta es la razón por la que no he querido hacer películas comerciales, prefiero hacer películas con las que yo conecte, no para entretener, sino para crear conciencia y de alguna manera comprensión.
¿En que estas trabajando actualmente?

¿Piensas que el retorno de los refugiados es posible?
Siempre me siento muy esperanzada, y en la película es el mensaje principal, el sentimiento de pertenecer a Palestina que tienen las jóvenes generaciones de refugiados que viven en el exilio. La esperanza de regresar está siempre ahí. Esto es lo que les permite seguir, lo que mantiene vivos los sueños.
Desde un punto de vista político, ¿en qué dirección crees que debería ir una posible solución a largo plazo del conflicto en Palestina?

VEA LA PELÍCULA: Niños de Fuego (1990) 49:32 min.
Documental (con subtítulos en español) que relata como la cineasta Mai Masri retornó a su hogar en Nablus (Palestina) después de 40 años de ausencia. Ahí descubre una nueva generación de combatientes palestinos: los niños de la Intifada.
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Fuentes: tucamon / blogsandocs / antropodocus / zajel / bnm


