
El complejo arte de leer
En los dos volúmenes de El lector común, Virginia Woolf publicó una serie de ensayos con los que se propuso quebrar el cerco crítico y llegar directamente al lector común con lecturas que no evaluaba sino que interpelaba libros ignorados por el canon. Fueron, también, un caldero creativo para sus propios libros. Ahora, llega una selección de aquellos brillantes ensayos escritos “a modo de una conversación”.

Por Esther Cross
Virginia Woolf dijo que los libros descienden de libros como las familias descienden de familias. Leer era un placer y además era una etapa –muda y activa– de la escritura. Buscó un método menos rígido y formal que el estilo de su padre y otros eruditos victorianos para escribir crítica. Escribió sus ensayos “a modo de una conversación”.
Antes estaban el libro, el crítico y el lector. Pero ahora venía ella y se instalaba en el medio. Tenía el oído fino de un crítico, pero pensaba de otra manera. Iba a hacerle preguntas al texto en vez de explicarlo. Los críticos analizaban libros y juzgaban la calidad de una obra. Ella dio un paso más –hacia abajo– y se ubicó en la profundidad, en la masa invisible del libro, para mirar de cerca sus raíces: cómo lo leemos, cómo fue escrito. Sus ensayos le hablan al lector sentado en una silla, con el libro entre las manos. Se trata del famoso lector común, por supuesto.
¿Quién es ese lector? No es un erudito literario, pero igual es experto. Le dicen qué tiene que leer, pero puede decidir por sí mismo (aunque no siempre se da cuenta). Virginia Woolf quiere a ese lector en funciones. Ese lector es la contracara del escritor que “escribe lo que quiere escribir” sin someterse a los decretos de nadie. Tiene su importancia y sus responsabilidades. Al ver que dos críticos “sentados a la misma mesa, pueden tener opiniones tan diferentes sobre el mismo libro”, puede formarse, solo, una opinión. Tarde o temprano se pregunta si esa lectura valió la pena.
El lector común es una suma de ensayos sobre literatura, pero es también un llamado a la acción. Es la serie de textos que escribió Virginia Woolf para incluir en el mundo de la literatura a los que, como ella, estaban excluidos de la alta educación de Oxbridge, que mandaba en ese mundo. Es el libro con el que Virginia Woolf se gana un lugar entre los “hombres de letras” dialogando –qué ironía– con el lector común, siempre ignorado por esos hombres de letras. En El lector común conviven autores consagrados y autores (autoras, casi siempre) que no gozaban de tanto reconocimiento. Una alternativa al canon.


¿Por qué escribir sobre libros en vez de escribir, simplemente, libros? ¿Por qué nos gustan tanto las biografías de escritores? ¿Cómo explicar “el arte difícil y complejo” de leer una novela? ¿Por qué hay que “comparar cada libro con el más grande de su especie”? ¿Puede influir en un autor esa “otra clase de crítica, la opinión de la gente que lee, por amor a la lectura, lenta y no profesionalmente”?
Con la atención concentrada en cada uno de los autores y libros que comenta, Virginia Woolf va más allá del autor y el libro que comenta. El humor hace su trabajo crítico en los ensayos (“Middelmarch... es una de las pocas novelas inglesas escritas para personas adultas”). La vida y la literatura son otro tema importante (“Hay una emoción expresa en la escena... que no demuestra simplemente el hecho biográfico de que Jane Austen había amado, sino el hecho estético de que ya no tenía miedo a decirlo”). Toda lectura es reveladora y habría que revisar algunas preferencias. “Las obras de segunda fila de un gran escritor merecen ser leídas porque brindan la mejor crítica de sus obras maestras.”

En 1940, cuando El lector común ya era un libro reconocido, Virginia Woolf dio una conferencia en Brighton, en la Asociación Educativa de Trabajadores. “Allí sentí que era inútil decirle a gente que había tenido que dejar el colegio a los catorce años que leyera a Shakespeare”. Por eso, en La torre inclinada, vuelve al tema del lector.
“Tenemos que enseñarnos a entender la literatura. El dinero dejará de pensar por nosotros. La riqueza no será quien decida qué hay que enseñarnos y qué no... Tenemos que convertirnos en críticos.”
Por eso leer es importante. Por eso se dedicó a exigir educación para todos. Pensaba que la literatura debería ser “un terreno común” y pobló ese terreno con lectores inteligentes, capaces de disfrutar y de tomar decisiones.
El lector común
Virginia Woolf
Lumen
Fuente: página12

