ARTE EN TIEMPOS DE LA CONTINGENCIA




En su libro Las ilusiones del posmodernismo Terry Eagleton plantea una visión pesimista sobre nuestra época. Una posición muy crítica, justificada por el principio de no renunciar a una sociedad más justa frente al desastre que ve en el mundo contemporáneo[1].


Sobre nuestra sociedad afirma que prima la desconfianza hacia la verdad y la razón[2], en una clara añoranza hacia los viejos valores modernos de la ilustración. Para el crítico inglés, vivimos en un mundo inestable, contingente, que se aleja cada vez más de la posibilidad de construir una sociedad equitativa y honesta.



En el ámbito de la cultura no es mucho más optimista; Eagleton ve el arte de nuestro tiempo como expresión de una cultura sin fundamentos, un arte autorreflexivo, pensado como un juego, intrascendente y que definitivamente ha roto las diferencias entre alta y baja cultura[3].



A través de este breve ensayo se quiere plantear una reflexión sobre la cultura que, aceptando parte de la situación planteada por T. Eagleton, se aleje lo más posible de lecturas catastrofistas o apocalípticas. Arte en tiempos de la contingencia no pretende ser una justificación de un arte intrascendente en una sociedad sin valores sino todo lo contrario, quiere hacer pensar en el arte como un medio para transformar la realidad; un medio que, lejos de las utopías vanguardistas de principios del siglo XX, no sea algo revolucionario sino reformista.



El arte quizás, por sí solo, no sea capaz de cambiar el mundo, pero ¿hay alguna faceta de la existencia humana que por sí misma pueda? Si el dar sentido a la vida y a la comunidad es cosa del arte y de la política antes que de la religión, la filosofía o la ciencia, como Richard Rorty afirma, entonces quizás sea posible hacer una lectura más optimista



En este ensayo se defiende esa posibilidad. Creemos que, a pesar de la expansión de una cultura cada vez más mercantilizada, todavía es hoy posible[4] el desarrollo y la creación de un arte trascendente, un arte que lenta pero firmemente vaya desarrollando nuevos lenguajes, nuevas metáforas que sirvan para modificar el pensamiento y desde ahí llevar a la sociedad hacia formas de vida más solidarias y menos crueles.



Como todo proyecto humano, la construcción de una sociedad perfecta es quizás inalcanzable pero sí que se puede ir modificando pausadamente la actual en esa dirección. Se trataría, no de crear un mundo idílico sino de pensarlo como una realidad en construcción, de la que todos somos responsables en parte.



Pero, ¿por qué hablar de arte? Sencillamente porque el arte puede ayudar a hacer una sociedad mejor, porque el arte puede servir para educar y para hacer felices a las personas. El arte gracias a su capacidad para representar la realidad, puede denunciar aquellos mecanismos del sistema que son injusto y crueles, al mismo tiempo que puede fomentar el nacimiento de formas sociales colectivas y solidarias.



Defendemos por tanto un arte que trabaje con lo colectivo, un arte que lejos de seguir la lógica mercantilista de la moda sea un factor de innovación positivo para la sociedad, en el que el valor intelectual y reflexivo prime sobre el valor de mercantil del objeto. Siendo, por tanto, el artista más un narrador con el que compartamos conocimientos
que un genio alejado del mundo, mero fetiche para la especulación. 



El arte solo tiene sentido cuando es capaz de comunicarse con el espectador y cuando proporciona a éste un diálogo del que sacar partido. En este tándem espectador / artista, se requiere compromiso y responsabilidad por parte de ambos. Puesto que: de una parte el artista debe comprometerse con lo que construye y hacer de su labor algo más que una mercancía de la que sacar dinero; y de otra parte el espectador debe tomar una postura activa, debe participar y esforzarse por comprender el discurso del artista.



[1] EAGLETON, Terry. Las ilusiones del posmodernismo. Paidós, Buenos Aires 1998, p. 14.

[2] Ibíd. p. 11.

[3] Ibíd. p. 12.

[4] Y personalmente creo que siempre lo será.



Fuente: Carlos Casto- notón2.0

 

14 al 20 de enero, 2010, no.80

semanario  cultural  de  caracas

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