
Debate: ¿Cuál es hoy el arte comprometido?
La historiadora del arte británica, Claire Bishop, nos comenta sobre las nuevas conexiones entre arte y sociedad, y enfatiza su interés, más que en la obra final, en los intercambios sociales que se generan en el proceso de su producción.
-Sus trabajos recientes se centran en los cambios en la actitud del espectador y la participación social en el arte contemporáneo. ¿Cómo surge ese interés?
-Empecé con una investigación sobre el arte de instalación cuando hacía mi doctorado. Cuando la estaba terminando apareció la traducción al inglés de Estética relacional. Había una gran discusión entre mis alumnos sobre esta teoría del arte de Bourriaud que surgió en los 90. Al mismo tiempo me entusiasmaba mucho la apertura de un nuevo espacio de exhibición en París, el Palais de Tokio, que codirigía Bourriaud. Me interesó la conjunción de una teoría que intentaba abordar nuevos modos de sociabilidad en arte y un lugar de exhibición que trataba de implementar esa teoría. No es frecuente en el arte contemporáneo que se conciban teorías y al mismo tiempo se puedan poner en práctica. El paso siguiente fue pensar la cuestión del espectador, que venía trabajando, en relación con esta nueva teoría. Pero no bien empecé vi que el problema era más complicado que lo que pensaba. Uno puede analizar una pintura a través de documentación fotográfica. Pero con un trabajo que afecta una situación social, que se vale de la gente como medio o material y pone énfasis en la experiencia de ese trabajo, lo que se plantea es más complicado. Se puede describir una instalación a partir de una foto, pero en este caso la cosa es invisible. En estos trabajos es imposible que las fotos reflejen la dimensión de intercambios que se dan.
-¿A qué tipo de formas refiere cuando habla de dinámica social en una obra de arte?

Claire Bishop, nacida en Gran Bretaña, es Historiadora del arte y crítica y reconocida internacionalmente por su trabajo académico en arte contemporáneo. Colabora en Artforum y en otras revistas europeas especializadas. Trabaja en el CUNY Graduate Center, de Nueva York, y es profesora visitante en el Royal College of Art, de Londres. Sus publicaciones incluyen Installation Art: A Critical History (Tate, 2005) y Participation, publicada por Whitechapel y MIT Press en 2006. Actualmente escribe una historia y teoría acerca del arte socialmente comprometido.
-Hay algo que lo acerca y al mismo tiempo lo separa de la performance. En su conferencia, Ud. marcó la diferencia, inclusive con ciertas formas performáticas que apelan a participantes contratados.
-Sí, pero lo que estoy refiriendo ahora es muy diferente de los trabajos de Santiago Sierra o de Vanessa Beecroft que mencioné allí para ilustrar cambios en la historia del arte de la performance respecto de los 60 y 70. En esos casos se mantiene una cualidad muy visual –la gente se alinea para integrar la obra– mientras que en este otro tipo de trabajo del que estoy hablando ahora y para el que uso la denominación de "socialmente comprometido", la cosa es diferente porque implica al público. En los 90 los artistas empezaron a usar la palabra "proyecto" en lugar de obra de arte porque un proyecto implica un proceso del que participan muchas prácticas, disciplinas y a veces mucha gente. Hay una cadena de instancias involucradas que van de la investigación a la exhibición. Y hasta cierto punto es más importante esa cadena que el trabajo final en sí. Algunos proyectos llevan muchos años de realización e incluyen instalaciones e intervenciones en uno o varios sitios específicos.
-¿Diría usted que esto revela la crisis de un tipo de arte exclusivamente visual o que el mundo del arte, tal como se manifiesta hoy, está siendo juzgado y pensado a través de estas nuevas formas?
-Es difícil responder. Por empezar, no me gusta hablar del "mundo del arte" como un todo ya que en él hay instituciones de distinto tipo. Hay un mundo comercial del arte, otro de las instituciones museísticas, otro de las bienales, otro del coleccionismo, etc.
-¿Pero no cree que están cada vez más conectados entre sí?

-Hábleme de su interés por el arte argentino de los años 60, de Oscar Bony y Oscar Masotta.
-Creo que lo más interesante del arte argentino de los 60 es el modo en que ellos digirieron, analizaron y dieron vuelta tendencias que venían de Norteamérica. Así, Allan Kaprow y Jean Jacques Lebel vienen en 1966 y para la mitad de ese año ustedes tienen el antihappening. Inmediatamente se da aquí una inversión de la forma. Es decir que los artistas tomaron un problema de actualidad, trabajaron con los medios y produjeron un tipo de trabajo que cuestiona y revierte el happening americano.

-Sí, los países con menos recursos necesariamente basan el arte de performance en cooperación y relaciones de amistad. Se necesita de los amigos para que hagan de actores y asimismo actúen como público. Todo esto tiene que ver con las posibilidades económicas de las instituciones que seguramente usted conoce mejor que yo en Latinoamérica y sabe que no son precisamente fuertes. ¿Cuál es la relación entre la población de este país y el número de instituciones de arte?
-Pienso que a estos efectos cuenta más el poder económico de las instituciones que la proporción por habitante.
-Será por eso, entonces, que la crítica institucional en Nueva York llegó a ser más fuerte frente a instituciones como el MoMA o el Guggenheim, que suelen tener en su directorio personajes influyentes de los negocios y la política. Esas instituciones fueron objeto de fuertes críticas cuando los artistas vieron las conexiones entre estas figuras y lo que ocurría en Vietnam.
-¿Y hoy cómo es?
-Las cosas han cambiado, las instituciones están vacunadas contra la crítica. Es más, les encanta. La institución museo ha llegado a un punto en que puede convivir perfectamente con la crítica.

-Lamentablemente no pude visitar Documenta 10. Pero sin duda lo que la curadora Catherine David hizo con el catálogo implicó un gran cambio en el modo de concebir exhibiciones hacia fines de los 90. Un trabajo interdisciplinario de 823 páginas que incluyó escritos no sólo de historia del arte y filosofía, sino también de sociología, geografía, economía. Un verdadero proyecto intelectual. Por su parte, creo que Okwui Enwezor tuvo la oportunidad de pensar algo diferente para la Bienal de Johannesburgo que tuvo lugar ese mismo año. Así, desde distintos lugares cualquiera de los dos casos nos lleva directamente a la cuestión de la exhibición concebida como proyecto de investigación. Y también al intento de analizar la cuestión del compromiso social desde fuera del arte. Esto es interesante porque pareciera traslucir, no tanto en lo de Catherine David, pero sí en Okwui Enwezor y el tipo de exhibición producida al modo de Documenta XI, una falta de fe en el arte o en la capacidad del arte para contribuir por sí mismo a estos debates. Así, en el catálogo podemos tener textos de Etienne Balibar, Saskia Sassen o David Harvey en lugar de ensayos que discutan el trabajo de los artistas. En los 90 el catálogo de una exhibición siempre tenía una imagen de la obra de los artistas y un texto sobre ella. Hoy el catálogo de una bienal con un proyecto expositivo de investigación de aspiraciones intelectuales aporta una información mínima sobre los artistas y un montón de textos de otras disciplinas.
-¿Cree que esto marca un giro en el modo de concebir el arte o las exhibiciones?
-No lo sé. Tengo la impresión de que todo esto ha sido producido artificialmente, importando de aquí y allá en una suerte de cortar y pegar. Creo que más bien se trata de un síntoma curatorial. No quisiera por ahora emitir un juicio terminante, pero lo que siento es que se le está diciendo a la sociedad que necesitamos de otras disciplinas, que la historia del arte y la crítica de arte de algún modo no son suficientes. También me preocupa lo que eso expresa en términos de la relación con el espectador y cómo la gente puede comprender las nuevas formas del arte. Porque lo que se ofrece en este tipo de ensayos no es justamente un debate sobre las formas del arte sino otra cosa.
Entrevista realizada por Por: Ana María Battistozzi de la revista ñ

