
Gilles Deleuze y Félix Guattari
Un dúo con vidas múltiples
Por Gustavo Santiago
"Al filósofo no se lo reconoce por sus palabras, sino por su modo de vivir." Esta frase de Séneca es representativa de una relación entre vida y filosofía plenamente vigente en la Antigüedad, pero que se ha ido debilitando con el correr de los siglos. Sócrates, Epicuro o Diógenes eran valorados por su vida filosófica antes que por sus dichos; hoy, en cambio, si se espera algo de un filósofo, es que exponga su pensamiento acerca de múltiples cuestiones, no que exhiba su vida "privada".
El historiador parisiense François Dosse afronta el desafío que implica contar la vida de un filósofo y lo lleva al extremo. No tanto por el hecho de que aborda dos vidas en lugar de una, sino porque se trata nada menos que de la vida de dos especialistas en tornar imperceptibles sus propias huellas -cruzándolas, borrándolas, deformándolas-, como Gilles Deleuze y Félix Guattari.


En el terreno de las anécdotas, se pueden encontrar algunas noticias sobre la vida íntima de los biografiados: referencias acerca de cómo se conocieron Deleuze y su esposa Fanny, o detalles de los avatares de la última relación amorosa de Guattari, con la actriz serbia Tatiana Kecojevic -36 años menor que él-, que tuvo lugar durante su último mes de vida. Tampoco faltan las anécdotas de color, como aquella en que se cuenta cómo Guattari tuvo que pagar de su bolsillo el viaje y la estadía de Borges, cuando el escritor argentino fue a dictar una conferencia sobre Kafka invitado por el Centro Beaubourg. Muy atractivas resultan también las numerosas referencias a Lacan, que permiten ir siguiendo su relación con Deleuze y Guattari, vínculo que atraviesa momentos de profundo reconocimiento mutuo y estalla con la aparición de El Anti-Edipo (1972). Una discípula de Lacan, Catherine Millot cuenta que "Lacan estaba furioso y había dado la consigna de que no haya debates organizados en su escuela sobre este libro".

Gilles Deleuze y Félix Guattari. Biografía cruzada
Por Francois Dosse
FCE - TRAD.: Sandra Garzonio
692 Páginas
Esta última cita permite apreciar uno de los aspectos más cuestionables del trabajo de Dosse. Es sabido que Deleuze y Guattari, en los textos que elaboraron juntos, no sólo se propusieron borrar sus huellas personales, sino que explícitamente plantearon su interés de que no se distinguieran los aportes que cada uno de ellos había realizado. Recordemos que, siguiendo a Spinoza y Nietzsche, sostienen que cada singularidad, cada ser humano, está conformado por multiplicidades. No hay identidad, sino multiplicidades devinientes que se conectan entre sí. Esto los lleva a afirmar, en la introducción a Mil mesetas : " El Anti-Edipo lo escribimos a dúo. Como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos". Conociendo la postura de sus biografiados, Dosse, sin embargo, la traiciona. Buena parte del libro está dedicada a un empeño que Deleuze y Guattari no dudarían en calificar como "policíaco": determinar, en los trabajos conjuntos, la paternidad de los conceptos más relevantes, con especial esmero cuando considera que su creador es Guattari. La justificación que el autor brinda para su actitud es que en la actualidad se ha desatado un proceso de "desguattarización" de la obra de ambos pensadores. La intención de Dosse es "rectificar algunas distorsiones que llevaron a disminuir e, incluso, a hacer desaparecer a Guattari, para destacar únicamente el nombre de Deleuze".
Una mención especial merecen las fotografías que acompañan el texto. Se trata de casi treinta fotos en blanco y negro, entre las que se destacan una de Deleuze vestido de payaso, con tres años de edad; una con sus hijos Julien y Émilie y con Fanny en Grecia; y otra en la que ambos pensadores están mirando la televisión junto a uno de los hijos de Guattari, Bruno.
Si bien, como se sostenía inicialmente, parece desacertado en nuestro tiempo exponer la vida de un filósofo para rendir cuenta de su pensamiento, es indudable que el libro de François Dosse contribuye a esclarecer algunos de los factores que incidieron en la conformación de esa "máquina de guerra" que supieron componer ambos pensadores
Fuente: LaNacion

