El teatro es un medio de comunicación social alternativo
En ocasión del estreno su nueva obra este viernes, publicamos una entrevista realizada recientemente con Gustavo Ott.

La dramaturgia ha sobrepasado la línea del entretenimiento para centrarse en el arte, explica Gustavo Ott
Por: Martha Cotoret
Para el dramaturgo venezolano Gustavo Ott, el teatro de denuncia y de crítica social debe ser el camino a tomar en Venezuela. Tal vez esa sea la clave de su éxito en las tablas internacionales.
Solamente este año, el escritor criollo ha sido nominado en cinco renglones al premio Helen Hayes por la pieza Momia y el clóset y ha sido ganador del Concurso de Escrituras Teatrales Contemporáneas del Caribe, organizado en París.
–¿De qué trata Señorita y ma dame? ¿Cuál es el mensaje de la obra?
–Siempre quise escribir una pieza sobre la relación entre el odio y la admiración; esos alter egos que nos persiguen toda la vida y que si bien uno detesta, igual no dejan de fascinarnos. A muchos de esos odios les debemos nuestro espíritu de competencia; la rivalidad nos puede llevar a ser más exigentes con nosotros mismos. Ese es el tema de Señorita y madame; utilizo la legendaria rivalidad entre Helena Rubinstein y Elizabeth Arden para hablar de este tema. Mientras escribía la obra, poco a poco se convirtió también en una pieza sobre el perverso del siglo XX. Y muy especialmente, la utilización de la inocencia como ejecutor del mal.


Rubinstein y Arden
–¿Cuándo llegará Señorita y madame a Caracas?
–La estrenaremos el 12 de marzo en el Teatro San Martín, antes de su estreno en Paris. La pieza tiene además otros atractivos; con Rubinstein y Arden nace lo que hoy llamamos el marketing y la publicidad moderna. Las frases y estrategias que ellas inventaron hace 100 años todavía se utilizan. Y además, en el estreno, podrán ver en una hora y media, todo el siglo XX: crisis financieras, inventos científicos, el arte moderno, dos guerras mundiales, la revolución, en fin, la única manera de entender esta época que estamos viviendo.
–¿Cuál debe ser el papel de la dramaturgia en Venezuela?
–El teatro es hoy más arte que entretenimiento y más un medio de comunicación social alternativo que diversión. Cuando escribo hago periodismo con el teatro, utilizo las técnicas de la entrevista, el reportaje, hago denuncia. El autor hoy debe entender que el espectador, en todo el mundo, ya no pide entretenimiento, ya no le interesa evadirse. Ese espectador universal donde antes pidió efecto, hoy demanda sentido. Y busca un creador, también en crisisofensiva, que entienda que la belleza es, fundamentalmente, ética de combate, resistencia hasta la muerte y denuncia desesperada.

–¿Esta tendencia se aplica en el país?
–En Venezuela hay una tendencia restauradora que insiste en llevarnos a todos al oficio del entretenimiento. Eso nos aproxima más al pensamiento dominante del siglo pasado que a los problemas de la utopía, la revuelta y la intensidad del disgusto del nuevo tiempo. Y he visto talentos nacionales magníficos rotos y acabados en esa tarea de entretener al público. Y es que nuestro teatro parece estar en el humillante rol de complacer, es decir, su rol más reaccionario y doméstico. Por ese camino no tendrá referencias fuera, realmente por ese camino es bastante inútil. Nuestros temas sexuales, individuales, divertidos, de pareja, siguen hablándole a un espectador noventesco del siglo XX, a un público "light" que tampoco le importa tanto ir al teatro, la verdad. Va porque puede hacerlo, pero si no hay teatro tampoco le quita el sueño. Lo curioso es que ese público, cuando va al cine por ejemplo, sí sabe recibir las historias más comprometidas y hasta difíciles. En el cine no busca que lo diviertan; quiere belleza responsable. En los escenarios parece que lo percibimos un poco más imbécil.
–¿Cuáles son los proyectos que está desarrollando en la actualidad?
–Estoy escribiendo más; estoy más interesado en la poesía de la escena y en lo específico literario del teatro. Hoy, una palabra dice más que mil imágenes. Surgen y siguen apareciendo en todo el planeta dudas monumentales, catastróficas, dudas que ponen en peligro la vida misma. Nuestro delirio es una provocación. En vez de cuestionarnos ¿para qué vivir? de pronto surge un dilema más colosal: ¿Por qué estamos muriendo? ¿Es el futuro posible? ¿Es probable? Finalmente, nuestra pregunta crucial: ¿Qué coño han hecho con mi utopía? Nunca tantos hombres cuestionaron el estatus quo como lo hacen ahora, en todo el planeta. ¿Es esta una duda o más bien una furia, como la de quien está a punto de sacar un arma, de incendiar una casa, de mandarlo todo al infierno? ¿Está en el tema de la utopía en el centro real de la intensidad de nuestro disgusto? En estos temas trabajo hoy.


