Poesía femenina de Honduras



(Clementina Suárez)

COMBATE


Yo soy un poeta

un ejército de poetas.

Y hoy quiero escribir un poema,

un poema de silbatos,

un poema de fusiles

para pegarlos en las puertas,

en la celda de las prisiones,

en los muros de las escuelas.

Hoy quiero construir y destruir

levantar en andamios la esperanza.

Despertar al niño

arcángel de las espadas,

ser relámpago, trueno,

con estatura de héroe

para talar, arrasar

las podridas raíces de mi pueblo.





(Juana Pavón)

NOSOTRAS: ESAS SUJETOS


Una, dos, cien, miles

así vamos las mujeres por aquí

aquí donde nos tocó pernoctar para siempre.

No importa lugar ni apellido

definimos nuestra situación

desde hace mucho tiempo.

Hemos aceptado el papel que nos corresponde

no importa el status.

Estamos las privilegiadas

y las no privilegiadas

Estamos:

la funcionaria porque funciona

la obrera por obrera

la madre por madre

la estéril por estéril

la dama por dama

la prostituta por prostituta.

Hacemos maniobras con el tiempo

ligadas a esta inercia

que llamamos vida

porque siendo mujeres

tenemos que aceptarlo

porque son leyes para mujeres

hechas por hombres

¿qué más nos da?

Las habemos flacas y gordas

unas por tomar agua de masa

otras, por tomar leche y cereal.

El día de la madre

a unas nos da frío

a otras nos da calor,

el día de la mujer

a unas nos da risa

a otras satisfacción.

Estamos las poetas académicas

y las poetisas de la calle.

Estamos las que vendemos rosas

en una floristería elegante

y las que ofrecemos claveles

en una esquina de banco.

Nosotras, que somos anónimas del amanecer

y nos-otras burbujas de hambre

nosotras somos esas – a la que se nos vende

y a las que se nos protege

hasta los ochenta años.

Somos la esposa ignorada

en un centro nocturno

y la sirvienta seducida.

Todas somos nosotras

a cada quien lo suyo

así fue repartido

sin ponernos a escoger.

Estamos las amargadas

y las indiferentes

las antisociales

y las socialísimas

las que damos de comer a nuestros hijos

en cucharita de plata

y las trágicamente miserables

que damos nuestros vástagos

a engordadoras y traficantes de niños.

Nosotras las que siempre callamos

y esperamos

las que tenemos motivos para gritar

y no esperamos nada.

Estamos las saludables

porque tenemos un gato en casa

y estamos las enfermas

por una existencia solitaria.

Somos muchas las que bebemos champagne

y muchas las que bebemos guaro

las primeras fondeamos en cama

con sábanas de seda

y las segundas

en una escondida acera húmeda.

Estamos las feministas asociadas

y las lesbianas reprimidas

muchas asistimos al Catecumenado

y otras levantamos los ojos

para ver a Dios.

Así vamos todas nosotras

nosotras, esas sujetos

todas somos mujeres indestructibles

nada nos detiene

no importa si somos abogadas

si somos verduleras

médicas, tortilleras

maestras, campesinas

teatristas, pintoras

esposas, amantes

primera dama

o última dama.

Un vientre nos une a todas por igual.

Somos las que motivamos

todos los sentimientos

ternura, delicadeza... amor

aunque haya en cada una de nosotras

una gata furiosa

o una gata sumisa.

Somos las que estamos paradas en el tiempo

y latimos... latimos... latimos!

somos río, mar

jungla, sol

luna y pulmón

¡somos patria!

- Yo siempre he pensado

que Honduras tiene nombre de mujer –





(Sara Salazar)

PATRIA


Patria,

páramo erial

carnes fláccidas

niños de cantos sucios

y lágrimas prematuras

surcando mejillas infantiles

suburbios malolientes

moscas y basura

burdel y estanco

mujeres desgreñadas

perros famélicos

que arrastran en débil esqueleto

garrote y cárcel

explotación y exilio

temor y hombres frustrados

a todo esto aquí

le llaman Patria.




(María Eugenia Ramos)

UNA LARGA PLAYA


... la larga playa de la espera...

Gioconda Belli


Hermanos, de ustedes

yo no conozco nombres,

ni la forma de andar,

ni los amores grandes o pequeños.


Sólo esta muerte,

esta estrella incendiada

que me arde desde lejos,

esta ola de sangre

que me empuja

contra los arrecifes

de tiempo y agua.


Estoy aquí,

obligada a guardar la verdad

avariciosamente

para mí sola,

aunque ustedes me enseñaron

que es necesaria para todos

como el pan

y la luz de los domingos.


Siempre nos han vendido promesas.

Al fin hemos aprendido

que la felicidad tiene su plazo.


Con la sangre de ustedes

hemos pagado la primera cuota.





(Amanda Castro)

POEMA VI


A veces éramos sólo rostros

de niños desamparados

desenhebrando sus misterios

en lienzos y palabras.


Niños

de sueños

aterrorizados

con la sangre seca

regando los caminos

de nuestros párpados rotos.


Aterrorizados por la ausencia

de los que partían sonrientes

por las mañanas

y a quienes

sólo volvimos a ver

en las pancartas de las plazas vacías


Y por las noches

cuando se aproximaba

el coche negro

se nos congelaba el aire

en los pulmones.

Quizá por eso

no tuvimos tiempo para caricias...


Salvar la vida

era aprender a callar

aprender a correr

a mentir

a olvidar


a morir.






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1 al 7 de abril, 2010, no.91

semanario  cultural  de  caracas

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